El mundo que nació con el secuestro de Maduro: sólo existe «el derecho de la fuerza»

Por: Martín Piqué

¿Qué puede esperarse a partir del ataque de Estados Unidos sobre Caracas? El fin del orden nacido luego de la segunda guerra mundial. La visión cruda de pensadores alejados del canon eurocéntrico.

La escena quedará en la memoria de los caraqueños. Helicópteros estadounidenses del 160° Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (SOAR) artillados hasta los dientes llegando hasta Fuerte Tiuna en vuelo bajo mientras disparaban balas, cohetes y misiles sobre las instalaciones de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). La imagen precedió a decenas de muertes. Fue registrada a través de los celulares de residentes próximos al predio militar. Su impacto perdurará a través de los años al tratarse del primer bombardeo a una capital sudamericana por parte de una potencia extrarregional -Estados Unidos- en toda la historia contemporánea.

La incursión concluyó con el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, su esposa. Un hecho de una dimensión inédita, que conmovió a toda América latina e irradió preguntas sobre todo el mundo. Sus implicancias son todavía difíciles de dimensionar. Para empezar: el descrédito del llamado derecho internacional basado en reglas. Desde el sábado 3 de enero, la institucionalidad multilateral se redujo a puro cotillón, decorado usado de una película que ya se terminó de rodar. El mundo cambió, ya es otro, desde que el nuevo césar Donald Trump ordenó ejecutar la operación “Resolución Absoluta”. 

Una primera lectura del escenario la aportó el vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, Dimitri Medvédev. Si Estados Unidos puede secuestrar un presidente en ejercicio, asumió Medvédev, entonces sólo estarán seguros los países que dispongan de un “arsenal nuclear” como efecto disuasorio. “La operación en Caracas fue la mejor prueba de que cualquier Estado debe fortalecer sus fuerzas armadas al máximo, impidiendo que los ricos y osados alteren fácilmente el orden constitucional en busca de petróleo o cualquier otra cosa. ¡Y la única manera de garantizar la defensa es mediante un arsenal nuclear! ¡Vivan las armas nucleares!”, posteó en sus redes el mismo sábado 3 de enero.

La cruda advertencia de Medvédev refleja una de las consecuencias no enunciadas pero casi naturales del ataque a Venezuela: la doctrina unilateral que se arroga Washington, de invadir y actuar sobre un país soberano sin anuncio previo de hostilidades ni decisión del Congreso, conspirará contra el principio de no proliferación nuclear. Ningún país del mundo sin arsenal nuclear y que disponga de recursos naturales apetecibles o de una ubicación territorial estratégica estará completamente seguro. En el hemisferio occidental, por lo pronto, y salvo EEUU y también Francia, que cuenta con dominios de ultramar en el Caribe, ningún país posee armas nucleares.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

El episodio que terminó con Maduro engrillado en la bodega del buque USS Iwo Jima para ser llevado por la fuerza hasta Nueva York abrió un sinnúmero de preguntas. ¿La incursión área sin una respuesta acorde se debió al bloqueo electrónico del espectro electromagnético que inutilizó a los radares y las defensas antiaéreas de Venezuela? ¿Hubo otros factores clave? ¿Qué tan demoledora es la superioridad tecnológica y de inteligencia estadounidense que parece haber encontrado una nueva forma de hacer la guerra mediante el uso de software especializado en inteligencia electrónica -como las plataformas de intercepción desarrolladas por la empresa Palantir- que permite cruzar patrones de consumo eléctrico, comunicaciones encriptadas y movimientos logísticos?

¿La capacidad de intrusión de EEUU sobre cualquier país de la región es equiparable a la que mostró varias veces Israel sobre los estados islámicos que lo rodean? ¿Y qué tanto se puede confiar en la rigurosidad y veracidad de los datos que proceden de fuentes oficiales estadounidenses cuando uno de los frentes de la guerra híbrida asimétrica es la desinformación ex profeso?

Tantos interrogantes configuran un nuevo mundo, oscuro y pesadillesco. Por otro lado, la disputa editorial, la manipulación, el control  y el cerrojo informativo por parte de EEUU, conspiran contra la libertad de expresión y el derecho a la información de los pueblos. En lo comunicacional, una anécdota  de los últimos días: una cadena pública de medios muy respetable y prestigiosa como la BBC quedó envuelta en la polémica luego de que el periodista británico Owen Jones, colaborador en la versión española de El Diario.Es, difundiera un instructivo interno que llamaba a usar el término “capturado” (“captured”) y evitar “secuestrado” (“kidnapped”) para referirse a lo sucedido con Maduro.

Esa distinción terminológica, agregaba el instructivo, permitiría “asegurar claridad y consistencia” al tratamiento de los hechos en Venezuela.  

Las preguntas que emergieron con el vuelo de los helicópteros en la noche de Caracas -una postal del destino manifiesto norteamericano que Francis Ford Coppola anticipó en la película Apocalypsis Now con el sonido de “La cabalgata de las valquirias” de Wagner- habilitan múltiples enfoques. Pensadores alejados del canon eurocéntrico occidental o directamente disruptivos, pero por eso mismo originales, advirtieron desde el propio sábado que la incursión área sobre territorio soberano y el bombardeo de una capital con 3 millones de habitantes por parte de EEUU, más la masacre subsiguiente con decenas de muertos, suponen una nueva etapa en la historia del mundo.

Alexander Dugin.

Una de esas voces es la del pensador ruso Aleksandr Dugin (Moscú, 64 años). Especialista en relaciones internacionales y considerado uno de los ideólogos del nacionalismo eslavo, Dugin definió el presente como la era de la fuerza. “El multilateralismo ha terminado, sólo queda el derecho a la fuerza, y este es un proceso irreversible. El mundo nunca volverá a ser el mismo”, sostuvo en una entrevista difundida el miércoles pasado por el portal Arktos Journal. “La idea de que existen ciertas normas y reglas que se pueden negociar debería quedar atrás de una vez por todas. No existe derecho internacional”, agregó Dugin en esa conversación, publicada en inglés por un medio que se define como “antiglobalista”. Y en otro tramo del reportaje subrayó: “Sólo existe la ley de la fuerza”.

Multilateralismo, cartón pintado

Dugin supo ser presentado como el intelectual más cercano a Vladimir Putin. Estuvo varias veces en Argentina. Aquí disertó en el edificio de la CGT de la calle Azopardo y en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Expuso también en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ). Hace cuatro años sufrió la pérdida más difícil de su vida: su hija, la periodista Darya Dugina, fue asesinada en las afueras de Moscú con una bomba adherida a su auto. La Federación Rusa atribuyó el crimen a los servicios de inteligencia de Ucrania. Esta semana, tras la acción militar sobre Venezuela, Dugin usó las redes y concedió varias entrevistas para difundir su mirada de lo ocurrido.

En su visión, “la forma en que se llevó a cabo la operación, los videos filmados, la forma en que Maduro fue conducido a Nueva York” constituyen “un anuncio monstruoso y aterrador” de la forma con que EEUU se relacionará con el mundo a partir de ahora. El objetivo, dijo Dugin, es mostrar que “la nueva política de Trump” será “dura”, “enérgica”, “rápida”, “veloz”, “audaz” y “radicalmente soberana”. Para Dugin, la nueva doctrina internacional asumida por EEUU fue anticipada, a su vez, por las acciones de Benjamin Netanyahu en Gaza y en Irán.

“Si los estadounidenses ven petróleo sin dueño o un régimen al que se le puede culpar de algo, simplemente actúan. De forma similar, Israel asestó un golpe demoledor a sus enemigos en Oriente Medio: en un instante, la élite militar (por la jefatura de Hezbollah y las FFAA iraníes) desaparece, los líderes son secuestrados, se producen ataques terroristas y asesinatos. Este es un mundo complemente diferente”, aseguró el intelectual nacido en la capital rusa.

Para Dugin, la institucionalidad multilateral fue impuesta por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Ese derecho internacional era un equilibrio de poder de los que habían obtenido la victoria. Pero esa etapa se terminó y lo que vive el planeta es una transición en la que las grandes potencias apelan a su fuerza para reafirmar (sus) derechos. Es un momento, añadió, en el que “se redistribuyen las esferas de influencia”. Y esta etapa de la historia, según el planteo del propio Dugin, ¿qué desafío representa para su país? En su opinión, Rusia tiene un objetivo existencial: lograr una victoria absoluta en la guerra contra Ucrania, que -se sabe- cuenta con el respaldo de la Organización del Atlántico Norte (OTAN).

“Tenemos un objetivo: ganar. Y no puede haber otro”, resaltó Dugin. Y agregó: “Debemos ganar por cualquier medio necesario. Ya no hay límites. No hay reglas y los líderes no son inmunes”. Sobre la continuidad del conflicto armado iniciado en 2022, dijo que Rusia no debe aceptar las condiciones de Washington. “Debemos hacer lo que Trump hace, pero con un contenido, metas y objetivos completamente diferentes”. “Metodológicamente no hay otra salida”. “Si jugamos según las reglas de la gente honesta, perderemos doblemente. Están jugando con cartas marcadas contra nosotros”, fue planteando a lo largo del reportaje.

Tariq Alí.

El pakistaní Tariq Ali (Lahore, 82 años) es otro pensador procedente del llamado otrora Tercer Mundo aunque desde hace varias décadas se haya establecido en Londres. El martes último publicó un artículo sobre los acontecimientos en Venezuela en el semanario New Left Review, publicación de inspiración marxista sobre teoría política, historia y economía. Lo tituló, en una toma de partido con varios destinatarios, “Secuestro en Caracas”. En un texto de tono analítico, tras hacer foco en la “consternación” generada por el ataque de EEUU, Ali enumeró una serie de antecedentes oscuros ligados al narcotráfico, a la elite trumpista y al propio aparato de las FFAA estadounidenses.

Fue un modo de salir a cruzar la hipótesis sobre Maduro y el tan nombrado “Cartel de los Soles”. Por si fuera poco, el Departamento de Justicia de EEUU finalmente reformuló la acusación contra Maduro para excluir cualquier mención a ese supuesto (porque no existe como grupo per se) cartel de la droga. En su artículo, el intelectual de origen pakistaní definió al propio Marco Rubio -secretario de Estado de Trump- como proveniente “de una distinguida familia de cocaína, fuertemente implicada en el narcotráfico en toda Sudamérica”. Ali, además, citó una investigación periodística del año pasado realizada por Seth Harp, exsoldado estadounidense, que estuvo entre los bestsellers del New York Times: en inglés, el libro se titula The Fort Bragg Cartel: Drug Trafficking and Murder in Special Forces.

Para Ali, es una ironía que la Fuerza Delta, a la que describe como “el equipo de fuerzas especiales terroristas estatales estadounidenses que secuestró al presidente venezolano”, sea “ampliamente considerada como la que opera una red de tráfico de drogas dentro de Estados Unidos”. “Esta operación criminal estadounidense fue llevada a cabo por su propio cartel de drogas. No hay ningún sentido de vergüenza ni nada por el estilo”, cuestionó el escritor, también cineasta, historiador, y autor del ensayo “Choque de fundamentalismos: cruzada, yihads y modernidad”, entre decenas de títulos.

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