Fue músico, comediante, brilló en televisión y cultivó la solidaridad y el don de buena gente durante toda su vida. Tiempo Argentino lo recuerda en el día de su cumpleaños.

Nacido el 30 de octubre de 1946 en Buenos Aires, en el seno de una familia de artistas -su madre pianista, su padre cantante lírico- Fontova tuvo desde chico el pulso de lo musical y lo escénico. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, ilustró para medios alternativos y, muy joven, se subió a producciones teatrales tan emblemáticas como Hair o Jesucristo Superstar.
Su carrera musical fue igualmente rica y poliédrica. Participó en bandas como Patada de Mosca o el Dúo Nagual, luego integró el Fontova Trío y finalmente alcanzó gran popularidad con Fontova y sus Sobrinos, durante los años ’80. Con ellos grabó canciones icónicas: “Me siento bien” fue un hit con su mezcla de humor, baile, ironía social. En su discografía convivieron ritmos tan diversos como el reggae, el folclore, el blues y la murga, demostrando una sensibilidad musical expansiva.
El Negro Fontova también brilló en la televisión. En los años ’90 formó con Jorge Guinzburg una dupla inolvidable en el programa Peor es nada, un ciclo de humor y parodia donde Fontova encarnó a su célebre personaje Sonia Braguetti, mucama chispeante y provocadora. Por esa labor ganó dos premios Martín Fierro: uno como revelación, otro como mejor labor cómica.
También estuvo en cine y en teatro con la misma versatilidad. Actuó en películas como La peste, Aballay o Metegol. En teatro participó de obras de diversas formas –desde zarzuela hasta comedia musical–, por ejemplo protagonizó La corte del Faraón. Y ejerció una festejada «suplencia» en Les Luthiers.
Pero su legado no es solo artístico: Fontova fue un hombre comprometido. Apoyó causas sociales y de derechos humanos, y se involucró con el Instituto Nacional de la Música. Su espíritu solidario estaba presente en su forma de pensar al humor: para él, reír no era un fin en sí mismo sino un modo de resistencia y conexión. Prueba de ellso fue su importante participación en el conflicto de Tiempo Argentino que derivó en la creación del proyecto cooperativo que hoy disfrutamos.
Su muerte, el 20 de abril de 2020, dejó un profundo vacío. Pero su obra persiste: en sus canciones, en sus personajes, en sus libros y dibujos, en la memoria de quienes lo vieron tocar, reír o delirar sobre un escenario. Recordarlo ahora es celebrar la valentía de un artista capaz de combinar risa y ternura, crítica y canto, compromiso social y libertad creativa.
Fontova fue un trovador sin coraza, una voz amable que no le temía al filo. Y su huella sigue viva: cada vez que alguien afina una guitarra para cantar con humor y picardía, o cuando alguien usa la risa para reflexionar y disfrutar: ahí está el Negro.
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