
Los recortes presupuestarios de mediados de la década de 1970 en el Reino Unido provocaron una crisis en la empresa de alta tecnología Lucas Aerospace Shop Stewars Combine, que dependía fundamentalmente de los contratos con el Ministerio de Defensa. Frente al riesgo de cierre, los científicos y técnicos decidieron organizar un plan de reconversión orientado a crear productos socialmente útiles.
Para que la propuesta no quedara en una simple carpeta de intenciones fabricaron prototipos de 150 productos innovadores surgidos de encuestas que les señalaban qué necesitaban las comunidades en las que vivían. Crearon motores de automóviles híbridos, bicicletas eléctricas, bombas de calor, turbinas eólicas, dispositivos de ahorro de energía, equipos para atender discapacidades, juegos para chicos y redes informáticas comunitarias. Organizaron demostraciones en varias ciudades y lograron un impacto popular inédito.
«El plan corporativo que nos propusimos cuestionaba el interés lucrativo de la empresa y pensaba en el provecho social», explicaba Mike Cooley, uno de los líderes de la propuesta. El plan despertó el interés del secretario de Industria, Tony Benn, que defendió el apoyo oficial a la iniciativa ante el primer ministro laborista Harlod Wilson, pero tuvo un inesperado final cuando Wilson renunció por razones de salud.
La experiencia fallida no impide sacar conclusiones. Lo primero a resaltar es que en años posteriores muchas de las 150 creaciones fueron fabricadas con éxito por otras empresas comprobando que resultaban útiles y tenían futuro. La segunda cuestión es que el talón de Aquiles del plan era su dependencia casi exclusiva del financiamiento estatal, pese a que contemplaba un plan de negocios que lo hacía autosustentable en muy pocos años.
¿Podría funcionar un plan de ese estilo en empresas como Invap? Es una salida factible si se analizan las variables locales. Sería una oportunidad para empresarios nacionales interesados en la innovación tecnológica independiente, para pequeños ahorristas que podrían apoyar un proyecto con altas posibilidades de resultar mucho más rentable que tener los dólares en el colchón y para provincias y municipios interesados en ganar capital político a partir de cubrir la demanda de necesidades comunitarias con tecnología aplicada.
Por otra parte, Argentina tiene un atraso relativo en generación doméstica y microrredes para energía fotovoltaica o eólica, además de lo que se conoce como la diseminación de la Internet de las cosas, que deja abierta la posibilidad de alianzas de pymes locales con Invap como líder tecnológica. Se trata de recorrer un camino para que los saberes de Invap se metan en el tejido industrial y social. Ese camino es posible, el desafío es dar el primer paso.La temporada definitiva de la adaptación del clásico latinoamericano retoma el pulso del realismo mágico…
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