El empresario, que se muestra optimista con el gobierno de Milei, expresó las dificultades que genera en el sector la carga impositiva y la ausencia de políticas de Estado que incentiven la producción.

Sobre la posibilidad de que alguna fábrica cierre, respondió: “No me sorprendería que sea un camino donde sea cada vez más difícil justificar proyectos de inversión, porque vos estás compitiendo en un mercado global donde competís contra productores que no solo no tienen este tipo de mochilas, sino que tienen políticas de Estado donde incentivan la producción y exportación de autos. No me sorprendería que cierren fábricas de autos en la Argentina”.
«Hay entre tres y cinco puntos de impuestos nacionales, impuesto al cheque o débitos y créditos, y algo que queda todavía y que estamos trabajando con el Gobierno de retenciones a las exportaciones. Después de Ingresos Brutos, que para mí es el impuesto más distorsivo y nocivo que hay, tenés entre seis y siete puntos, y no solo afecta la posibilidad de una fábrica para exportar, sino que te impide localizar autopiezas o tener más cadena productiva de proveedores nacionales. O sea, cuanto más cadena productiva yo tengo, peor es”, detalló.
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