El Niño ya es una realidad en diferentes sectores del mundo, y especialistas advierten que a partir de esta primavera puede convertirse en el fenómeno más potente de los últimos 40 años. En la Argentina ya hay alertas para la Mesopotamia, el Litoral y parte de un distrito que, por sus dimensiones y su densidad urbana, mira con especial atención la situación climática: la Provincia de Buenos Aires.
La provincia se prepara para un escenario climático que puede complicar buena parte del territorio bonaerense durante los próximos meses. Los pronósticos que maneja el Gobierno provincial anticipan un fenómeno de El Niño que podría alcanzar una intensidad moderada a fuerte y mantenerse hasta bien entrado el 2027. Y el Noroeste y el Centro aparecen como las regiones de mayor riesgo frente a un escenario de precipitaciones superiores a los promedios históricos.
El ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez, plantea cómo se vuelven claves desde la limpieza y adecuación de canales, alcantarillas y cunetas hasta el mantenimiento de caminos rurales y las grandes obras hidráulicas. En diálogo con Tiempo, explica cuáles son las zonas que observa con mayor preocupación, qué obras considera prioritarias, qué respuesta espera del Gobierno nacional y qué herramientas tiene la Provincia si finalmente las lluvias provocan una emergencia agropecuaria.

—¿Cuáles son las principales acciones que está llevando adelante la Provincia para prevenir el impacto de este escenario climático?
—Hay tres componentes. El primero tiene que ver con las acciones de mitigación. El segundo es la reparación de caminos rurales, que incluye alcantarillado, alteos, incorporación de piedra para que los caminos sean más transitables y distintas obras de ese tipo. Y el tercer componente son las grandes obras, donde están, por supuesto, las obras vinculadas al río Luján, a otras cuencas y, muy en particular, las vinculadas al sector agropecuario, como las obras del río Salado, en donde las etapas 4.1, 4.3 están terminadas y hemos trabajado muy fuerte también para el llamado a licitación de la etapa 5. El problema que tenemos es la posición del Gobierno nacional respecto a la etapa 4.2, a cargo de Nación, que estuvo frenada durante dos años y fue retomada el año pasado a partir de las inundaciones. Hoy se está continuando, pero a un ritmo muy lento. Si bien el Gobierno nacional está llevando adelante ese tramo, la verdad es que no lo hace con la velocidad que esperamos y que resulta necesaria. Por eso señalamos la importancia de que esa obra avance de manera veloz.
–¿Cuál es la importancia de esa obra?
–Es donde el río Salado cruza la ruta 205. Ahí se ve muy claro: hacia el norte está el tramo que tiene que avanzar. Lo que ocurrió el año pasado es que, al no estar la obra, esa zona se inundó. En aquellos lugares donde la obra ya estaba hecha o avanzada, el agua fluyó mucho más rápido y de otra manera. Ahora, necesitamos la finalización de la etapa 4.2 y avanzar con la etapa 5, que es la última del Plan Integral del Río Salado: como provincia, ya hicimos el llamado a licitación para esa etapa y se va a realizar con recursos provinciales, con la toma de un crédito. Lo que se está pidiendo para poder adjudicar esta licitación es, como corresponde, el aval de la Nación para autorizar este tipo de endeudamiento. Los números y las cuestiones técnicas dan, pero estamos pidiendo premura y que no haya un interés político del Gobierno nacional en tratar de frenar una obra que resulta fundamental.

—Suponiendo que esté el financiamiento, ¿cuándo estaría finalizada?
—Estas son obras que llevan meses y, en algunos casos, pueden llevar un año. Por eso hablaba de los tres componentes: uno más blando, de información; otro de pequeñas obras que se pueden hacer en estas semanas y estos meses; y un gran componente que son obras de mayor envergadura, que llevan más tiempo. Estas obras siempre se van haciendo aguas arriba. Sean cinco kilómetros o diez kilómetros que se puedan completar, siempre es una ventaja porque hay una porción menos de zona con alto riesgo.
—¿Cuáles serían las zonas más afectadas de acuerdo con las previsiones? ¿Y qué áreas productivas podrían verse comprometidas?
—Nosotros identificamos dos grandes zonas en función de los pronósticos. Por supuesto, esto tiene que ver con la zona centro y noroeste de la provincia de Buenos Aires, que involucra municipios como Nueve de Julio, Bragado y otros hasta llegar a Villegas. Por otro lado, está la potencial afectación de la zona ribereña por posibles crecidas de los ríos. El origen de la primera zona serían las precipitaciones y el movimiento de las aguas en esa región. Después, la posible afectación de la zona ribereña sería fundamentalmente por las posibles crecidas del río Paraná. También se considera siempre la crecida del Uruguay, aunque en el caso de la provincia de Buenos Aires no tiene incidencia.

—¿Están hablando con los municipios y con Nación para abordar las tareas de prevención?
—Los pronósticos de El Niño y sus posibles problemáticas tienen incidencia en los distintos centros urbanos y, por supuesto, también en las zonas rurales y agropecuarias. A nivel provincial, una de estas cuestiones está coordinada por el Ministerio de Seguridad, que tiene a su cargo Defensa Civil. Yo sé de manera directa que el Ministerio de Seguridad de la provincia está articulando estos temas con un especialista del Gobierno nacional. Nosotros, a nivel de la producción agropecuaria, todavía no hemos tenido respuestas de la contraparte nacional de la Secretaría de Agricultura a distintos pedidos que hemos ido planteando. Creemos que hay determinadas acciones que desde el Gobierno nacional se podrían estar financiando, muchas de las que yo señalaba: mejora de caminos rurales y distintos trabajos preventivos que, por el momento, no se están dando.
—Además está el antecedente de Bahía Blanca. ¿Cómo se fue abordando esa situación?
—El ejemplo del camino rural es muy claro porque, normativamente, la función y la atribución están a cargo de los municipios. Nosotros, como provincia, aportamos recursos y nos ocupamos del tema porque entendemos la importancia que tiene. La Nación, si tuviera una mirada realmente federal, podría estar haciendo también algo similar: contribuir con recursos para gestionar una mejora de los caminos, reparaciones, etcétera. Sobre todo en momentos en los que se pueden hacer las obras. Eso también es fundamental. Dados los pronósticos de mayores precipitaciones, es clave poder hacer las obras lo antes posible.
—Si finalmente ocurre el peor escenario y el productor pierde parte de su producción, ¿cómo se manejaría hoy esa situación en la Provincia?
—Tenemos un procedimiento establecido por una ley provincial, que es el de la Comisión de Emergencia Agropecuaria. Ante las situaciones propiamente dichas o desastre agropecuario, el productor es declarado en emergencia agropecuaria y accede a las condiciones que prevé la ley, que tienen que ver con cuestiones impositivas, prórrogas, disminución de distintos impuestos o cuestiones financieras. Más allá de que ese es un mecanismo que funciona y que ha ido funcionando en estos años, nosotros también lo planteamos siempre como un órgano, una comisión fundamental para el trabajo de prevención. En esta Comisión están las distintas entidades del sector, desde la Sociedad Rural, la Federación Agraria, CARBAP, MinAgro, las producciones intensivas, FEBAPRI y representantes de la agricultura familiar. Hemos hecho, hace algo más de dos meses, una reunión donde pusimos en común los pronósticos y, a partir de ahí, se va dando seguimiento a la situación en cada área y en cada distrito, además de los trabajos que se vienen llevando adelante.

—¿Qué les transmiten los productores y los vecinos en estos encuentros?
—La preocupación es fundamentalmente acerca de qué se está haciendo para tratar de prevenirlo. También tratamos de ser muy claros en cuanto a que se trata de un pronóstico y que, por lo tanto, siempre tiene determinadas probabilidades de ocurrencia. Pero eso no significa que tengamos que dejar de hacer las acciones de prevención. Por supuesto que eso está muy presente. También están las distintas recomendaciones intraprediales y prediales: qué recomendaciones se le pueden dar al productor. En estas charlas también las hacemos porque muchas veces aparece la pregunta acerca de qué hacer en el predio en particular. Y ahí nuestros agrónomos y profesionales brindan algunas referencias que son importantes para tener en cuenta y para mitigar los daños ante esta situación.
—De acuerdo con los pronósticos, ¿hasta cuándo se extendería esta situación?
—Esto se ha ido moviendo de alguna manera en el tiempo. Hoy lo que se espera es que el pico esté hacia noviembre y que después vaya bajando paulatinamente, pero que seguramente exprese un ciclo fuerte hasta marzo del año que viene. Por eso muchos también consultan, más allá de la situación de emergencia, cómo afrontar una temporada especialmente lluviosa.