Una exploración musical en Buenos Aires que viajó desde el pop francés hasta la bossa nova, pasando por el kraut-rock, el rock pesado y el jazz. El llamado "Avant-pop" en su máxima expresión.

El ensamble de la vocalista francesa Lætitia Sadier y el guitarrista inglés Tim Gane, junto a Andy Ramsay en batería, Joseph Watson en teclados y Xavier Muñoz Guimerá en el bajo, dio un concierto fascinante de una hora y media dedicado en gran parte a presentar su último álbum, Instant Holograms On Metal Film, lanzado este año —después de 15 sin editar material nuevo de estudio—, que no dejó afuera joyas noventosas de sus discos esenciales, como Emperor Tomato Ketchup, Peng! y Dots and Loops.
Por primera vez para muchos de los presentes, Stereolab transmutó en vivo sus saberes y creatividad en placer estético: el recital fue una exploración musical que viajó desde el pop francés hasta la bossa nova pasando por el kraut-rock, el rock pesado y el jazz. El llamado Avant-pop en su máxima expresión.
Sobre el escenario
Desde el inicio, con los primeros compases de “Aerial Troubles”, single de 2025, Sadier entra en su rol de mujer orquesta, que mantendrá a lo largo de todo el repertorio: dibuja en el aire con su voz envolvente, explora con su sinte, se calza la guitarra y crea distorsiones con la fuerza de su trombón. Y recibe un poco de amor francés -castellanizado-: le gritan “¡She-te-aime!” y le imploran atención llamándola cariñosamente “Leticia”. Sadier da las gracias en español y anuncia “Motoroller Scalatron”, joya psicodélica de 1996.
Como acostumbran desde sus inicios, la música de Stereolab viene aparejada de letras que critican al capitalismo: “No estamos viviendo la utopía, entonces tenemos que cantar sobre esas cosas”, dice Lætitia con su inglés afrancesado y el C Art Media se convierte en pista de baile con el reciente y profundo “Vermona F Transistor”. Pronto llega el segmento retro con “Peng! 33” y su rock indie y otro éxito de todos los tiempos, el hipnótico “The Flower Called Nowhere”. Acorde al espíritu de la noche, un brazo se alza sobre las cabezas empuñando una camarita filmadora de principios de los 2000 para inmortalizar la maravilla en formato vintage. Sadier vuelve al trombón y la música acelera con efecto vertiginoso y se desata en descontrol feliz.
La voz calma de Lætitia con su acento casi cinematográfico anuncia y canta el nuevo tema popero “If You Remember I Forgot How to Dream Pt. 1”. Con pandereta en mano, crea otro momento absolutamente dichoso, que pronto será seguido por la parte 2. Sube la temperatura y el sonido pasa de casi pesado a pesado, de la mano del arrollador e inimitable solo de batería de Ramsay, que llega al clímax y se diluye en distorsión. El público recién zarandeado explota en aplausos, incluso antes de que termine el movimiento. Stereolab sigue su rumbo, y la música pasa de binaria a ternaria, de crimsoniana hasta soft metalera. Así logran su idiosincrasia: un vaivén delirante entre mil formas y sonidos.
Sadier se concentra en sacarle jugo a su pequeño sinte colocado sobre un mantelito de lentejuelas. La caja de ritmos entra en escena en lugar de la batería, y el trombón crea una distorsión sin igual en “Melodie Is a Wound”. Se seca el sudor y anuncia “esto es Miss Modular”, para la felicidad de todos, y los celulares se alzan para registrar la fiesta sincopada y descontracturante.
Un scratching psicodélico y sonidos retrofuturistas abren paso a la aceleración de “Percolator”: su métrica irregular y bailable que data del 96 es una amalgama magnífica. Al hilo suena “Electrified Teenybop!”, otro tema de 2025, instrumental, con momentos daftpunkescos inmiscuidos.
El público acalorado no puede evitar corear “¡Olé, olé, olé, esté-reo!”, que la banda recibe encantada mientras se retiran un momento del escenario, antes de volver rápidamente para los bises. “Son algo increíble, ¿lo saben?”, pregunta Sadier al público argentino (y claro, lo saben). Les agradece por venir, y también a los teloneros de la fecha, cuyo nombre (Atrás Hay Truenos), confiesa y se disculpa entre risas amables, no sabe pronunciar.
Sadier anuncia una “canción revolucionaria de hace 25 años” y se pregunta si hace falta violencia para lograr la revolución. Cree que hay que liberarse de los reyes y las reinas, pero también que su país sufrió demasiado la guillotina. Entonces suena el mellotron pacifista de “The Way Will Be Opening”. El trombón suena por última vez, se escuchan campanitas de sintetizador y sobreviene el funk.
Se despiden con el viejo hit francés “Cybele’s Reverie” y la energía de los “Oh, oh, oh, oh, oh” y el disfrute absoluto le ganan a los acoples. Sadier nombra y da las gracias a cada músico y al público como cierre del concierto. La gratitud es auténtica y recíproca. Los fans se van encantados, renovados, con energías para seguir y con la esperanza de volver a sentir pronto el placer único de la realidad que sólo Stereolab sabe crear.
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