El secreto de Kalinka: la única lucha que se pierde es la que se abandona

Por: Belauza

Un film épico que sin embargo deja un sabor amargo. La creciente dependencia en el sistema judicial para resolver las diferencias humanas parece un callejón sin salida.

Basada en una historia real, el film cuenta la historia de un padre que busca las razones de la muerte de su hija. Ella, Kalinka Bamberski, fue encontrada muerta el 10 de julio de 1982, a los 14 años, en la casa que su madre compartía con su padrastro, Dieter Krombach, que había sido amante de su madre mientras estaba casada con su padre, quien los descubrió in fraganti, hecho que provocó la inmediata separación. En el relato de ese primer episodio de conflicto, el de la separación, el film ya deja en claro que lo suyo será la judicialización de las relaciones humanas: cuando André Bamberski (Daniel Auteuil) descubre a su mujer (Marie-Josée Croze) con Krombach (Sebastian Koch), se presenta con un juez para que dé fe de que su mujer está en adulterio. En esa imposibilidad por llegar a un acuerdo que contemple los principales intereses de las partes, un punto de encuentro que equidistante de lo que las partes creen justo, está la base de la imposibilidad de resolver el conflicto del film y todos los conflictos que esa falta de resolución genera.

En esa imposibilidad, Garenq encuentra no sólo la necesidad de reglamentar cada conflicto entre las personas, sino hasta guiar sus pautas de conducta frente a una eventual potencialidad.


Sin ser omminoso ni dictar moral, el film bordea en forma permanente ese conflicto que se mantiene intacto y se fortalece a medida que las distintas instancias judiciales no le dan solución, y deja, aunque sutilmente, la comprensión del dolor ajeno al afecto no comprometido con el conflicto, como es el caso de la nueva pareja de Bamberski.

Sin ser un tratado, deja en el espectador una gran decepción. Tener razón puede llevar a la soledad más extrema, e incluso a tener ciertos rasgos de locura. Mientras crezca la reglamentación de derechos y obligaciones, mientras toda posibilidad de entendimiento se cierre con un “así lo dice la ley”, la esperanza es poca. Y sin embargo, no hay posibilidad de desistir en lo que se cree, y más: dejar de luchar por ello. No porque se vaya a triunfar, sino porque no hacerlo sería declarar la derrota total.

El secreto de Kalinka (Au nom de ma fille, Francia /2016). Dirección: Vincent Garenq. Guion: Julien Rappeneau y Vincent Garenq. Con: Daniel Auteuil, Sebastian Koch, Marie-Josée Croze, Christelle Cornil, Lila-Rose Gilberti y Emma Besson. 88 minutos. Apta para mayores de 16 años.

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