El teatro en la intimidad de la casa

Por: Belauza

El Centro Cultural 25 de Mayo inauguró una nueva iniciativa: obras de teatro en la casa de los vecinos. Una experiencia que promete crecer y expandirse, resignificando el arte y sus espacios.

El 25 va a tu casa se titula la nueva experiencia cultural que desarrolla el Centro Cultural 25 de Mayo, y que consiste, nada y nada menos, que una función teatral en la casa de algunos de los vecinos de Villa Urquiza. Sí, leyó bien: Sólo llamé para decirte que te amo, de Nelson Valente, desde el pasado sábado 19 y hasta el 12 de diciembre inclusive, tendrá, cada sábado y domingo a las 18, una presentación en la casa de algún vecino del barrio.

“La iniciativa surge de la búsqueda de nuevos públicos -explica la directora del Cultural 25 de mayo, Monina Bonelli- por parte de la Subsecretaría de Políticas Culturales y nuevas Audiencias del Ministerio de Cultura de la Ciudad, que depende de Luciana blasco, una de las creadoras de la Bienal de Arte Joven. Y como El 25 fue recuperado a partir de la movilización de los vecinos, nos pareció que era le mejor lugar para empezar con una iniciativa de este tipo. Los vecinos tienen un vínculo afectivo muy fuerte con el Teatro y esta acción era una manera de continuar y afianzar ese vínculo a partir de expandir las actividades del Centro Cultural en el barrio.”

Por iniciativa de este tipo debe entender que la obra en cuestión y no otra es la que se presenta, y que lo hace en las casas particulares de los vecinos que finalmente fueron seleccionadas para las funciones, y no en cualquiera. Ellos -los dueños de las viviendas- primero acudieron a una convocatoria para ofrecer sus casas, que como “filtro” tenía un territorio delimitado; y luego, a modo de preferencia, que fueran más accesibles, “por eso se privilegiaron las de planta baja, aunque se contemplaron unas casas más grandes y otras más pequeñas”. Una vez realizada la selección, “un productor del 25 se acerca a la casa y le cuenta los detalles al vecino o vecina, que ahí termina de decidir”. En sus manos -en las del vecino- queda qué cantidad de espectadores pueden llevar (aunque siempre dentro de una franja). El público está sentado, así que “el 25 se ocupa de llevar sillas”.

“Con esta misma obra vamos a continuar en marzo y la abrimos la Comuna 12 (Villa Ortúzar, Villa Pueyrredón, Parque Chas)”, cuenta con entusiasmo Bonelli. “Y después, también en 2017, habrá una Segunda edición que será exclusivamente con actores adolescentes, que va a estar a cargo de Lorena Vega, una autora mucha experiencia en el trabajo con adolescentes. El taller de montaje para la obra con adolescentes va a ser más largo que en esta edición, que fueron 12 ensayos.”

El detalle de los ensayos y la elección de los autores y las obras resulta central. Por eso en esta primera edición se convocó a Nelson Valente, que “tiene mucha experiencia con el Teatro Ensamble de Banfield y que fue el creador del éxito El loco y la camisa”. Algo que facilitaba su familiaridad con este tipo de trabajo en lo que característico teatral debe estar impregnado de una buena dosis “de experiencia territorial”. En otras palabras: no cualquier obra para cualquier barrio, ni tampoco cualquier tipo de obra para para cualquier tipo de casa; hay que realizar un trabajo fino entre el lugar, el territorio y la material artístico. Para eso hubo “12 ensayos intensivos en los que, a medida que se hacían, Nelson escribía el material”.

Por lo visto en el debut el fin de semana de estreno, Bonelli asegura que “viene siendo una experiencia muy reveladora, muy gratificante; esta gente mañana desayuna en este mismo living en el que se presentó una obra de teatro, y su vida cambió”. Y lo hizo a partir de “una experiencia muy en sintonía con la barrial, de la cercanía con las personas. En una era de gente muy aislada, muy mediatizada por Internet -la que por las dudas aclaro que me encanta-, está bueno seguir sigo reivindicando el encuentro en vivo, y el teatro tiene que ver con eso”.

Y sin embargo este cruce de espacios, de difuminación de fronteras, de hibridación resulta ser algo muy típico de la era digital. “Hay una idea de transformar lo íntimo -dice-, hay una experiencia entre lo público y lo privado en esto de anfitrionar por parte del vecino.” Pero esta vez, el “cruce de muros” no viene desde el mundo digital, sino desde el analógico.

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