«El tema del verano»: cuando el apocalipsis llega en ojotas y no da miedo

Por: Belauza

Stoll Ward se apropia del género zombi para vaciarlo de terror y llenarlo de ironía, playa y vínculos afectivos. Una comedia que piensa la juventud, el amor y la inercia social desde un apocalipsis que avanza sin sangre ni gritos.

Un verano de vacaciones en la playa con varias parejas amigas, un grupo de vecinos de once pibes en sus tempranos veinte, la vieja fantasía de chicos que se levantan chicas hermosas en el verano pero terminan engañados y desfalcados por ellas: todo eso condujo hace quince años al director uruguayo Pablo Stoll (Whisky, Hiroshima, El aula vacía, entre otras) a pensar que tenía que hacer una película de zombies.

“¿Qué les pasa a estos pibes si conocen a esas chicas increíbles pero ellas los convierten en zombies?”, dice hoy desde Uruguay que pensó en aquel entonces, cuando The Walking Dead brillaba en las audiencias. Claro que, conociendo su cine, nadie esperaba una seriedad similar a la de la emblemática serie. “Yo estaba terminando Tres (2012), que ya nos habían dicho que entraba en Cannes. Y cuando estaba haciendo el color de la película, la productora chilena Florencia Larrea, que también es la productora de esta película, me dijo: ‘Che, ¿no tenés ganas de hacer algo distinto, una película de zombies?’. Y ahí arranqué. Pero pensábamos que era mucho más fácil hacer una película de zombies. Y nos costó un montón.”

No, no son fáciles los zombies, aunque lo parezcan. Y menos que queden tan bien como en El tema del verano, la película en cuestión, que se estrena el próximo 5 de febrero en la Sala Lugones y que desde el 12 podrá verse en el Gaumont y otros espacios del Incaa. “No era la época de las plataformas todavía –comienza a enumerar algunas de las dificultades–. Entonces fuimos por la financiación más clásica del cine latinoamericano, y costó bastante convencer a los fondos públicos de una película de ese género.” El dinero apareció desde fondos de países de la región, excepto Brasil: no estaban muy convencidos. A esa altura, las plataformas empezaron a aportar con más decisión, “cambió el paradigma del cine latinoamericano” y se desató la pandemia. Como si fuera una película de zombies.

Y eso que la película la terminó de escribir (la primera versión) apenas 25 días después de aquella sugerencia de su productora. “El guion cambió mucho, tuvo muchas versiones, y la última es la que filmamos. Era la versión más atravesada por la pandemia, en un sentido temático, y también por una cuestión productiva. Hay un guion que quedó en el medio, el último antes de la pandemia, con el que se hizo una novela gráfica. La hizo un dibujante uruguayo, Nico Peruzzo, que en Argentina editó Planeta, y que está buenísima. Es como un complemento de la película porque no es la misma historia. Es una de las cosas que más orgullo me da. Me encanta haber podido sacar la novela gráfica”, que dota al proyecto de una modernidad mayor a la que de por sí se observa en la película.

Sin querer, la producción del film fue adquiriendo una frecuencia zombie: por momentos se acelera, por otros se detiene y entra en letargo, mientras el resto de la vida pasa. Y vuelve a arrancar casi en el peor momento: cuando se desata la cuarentena. “Había un montón de chistes que queríamos hacer sobre los protocolos: los barbijos, las vacunas. Hubo que hacerse muchos hisopados, había un montón de guita en barbijos, en alcohol en gel, cosas muy delirantes. Una médica que estaba todo el tiempo en el set fue la única que se enfermó, pero se agarró una gripe que no tuvo nada que ver con el COVID. Todo muy delirante.” Pero también hubo cosas a favor. “Conseguimos unas locaciones increíbles, hoteles en José Ignacio (Punta del Este) recontra chetos, que estaban cerrados y que se recoparon con que fuéramos a filmar la película.”

Estas condiciones de producción ayudan a entender mejor el toque de distinción de El tema del verano. El poco tiempo de rodaje, las limitaciones de los protocolos, las desconfianzas de los financistas: no había mucho más que el talento de Stoll y su equipo para convertir al film en un entretenimiento de principio a fin, que además deja puntas más que interesantes para reflexionar sobre este género popular y juvenil, y sobre las diferencias generacionales en torno a los temas que hoy acucian a las poblaciones de la región. “Queríamos jugar con los códigos de varios géneros, pero que a su vez tuviera el trasfondo de una película de amor. No queríamos hacer ni una de terror, ni una comedia, ni una parodia. Queríamos el mundo de la comedia romántica de verano: chico conoce a chica, chica se convierte en zombie.”

Así, no solo es divertida la escena en la que una zombie pide comida vegana –porque además los zombies, torpemente, hablan–, sino que también resulta atractivo que tengan algún grado de inteligencia, al menos el necesario para garantizar su sobrevivencia.

“¿Estamos muertos o no?”, juega Stoll. “Los zombies se van dando cuenta de que las cosas que están pasando no son normales. Queríamos hacer hincapié en que no es tan distinto, aparentemente, estar muerto que estar vivo. Y ellos, a través del amor, mantienen de alguna forma esa humanidad dentro de la zombificación.” Pocas cosas más 2026. Sitges, el festival que vio su estreno mundial, corroboró esa sensación: “Fue un delirio. Gritaban, aplaudían y se reían mucho. En Uruguay se estrenó el año pasado, no fue un gran éxito, pero estuvo en cartel como nueve semanas. Y este verano se está pasando en las playas, en funciones gratis, y está yendo un montón de gente. Los hijos de mis amigos, que son más adolescentes, la vieron y les gustó mucho: chicos entre los 10 y los 16 que se coparon mucho.”

Una lectura generacional que la película —que cuenta con música original y cuya banda sonora está disponible en Spotify— no busca de manera explícita, pero que proyecta sin ambages. Y que también le dejó a Ward nuevos puntos de vista sobre el cine. “Me gustó mucho filmar escenas con mucha preparación, maquillaje, vómito y sangre que salta. Nunca lo había hecho. La tensión que se genera en el equipo, en los actores, es alucinante. Cuando les decía: ‘hoy hay que charlar’, se caían las ganas. Y tuve que aprender muchas cosas de nuevo.”





El tema del verano

Dirección: Pablo Stoll Ward. Guion: Pablo Stoll, Adrián Biniez. Elenco: Débora Nishimoto, Azul Fernández, Daniel Hendler, Malena Vila, Agustín Silva, Sebastián Irrutia. Estreno 5 de febrero. En cines.




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