La conducción de la central obrera se enfrenta al desafío que plantea la estrategia de fragmentación del gobierno nacional.

Así como los días previos al paro, los ataques desde el Gobierno al movimiento obrero se repetirán y se multiplicarán por distintas vías. Desde el ministerio de Trabajo acelerarán las investigaciones sobre padrones adulterados en elecciones sindicales y la constatación del cumplimiento de la ley de cupo. Al tiempo que dejarán que la impugnación al Confederal que terminó con la elección de un triunvirato para que conduzca la CGT comience a recorrer los carriles administrativos.
Por otra parte, la AFIP seguirá adelante con la investigación de las obras sociales sindicales ante denuncias de supuestas irregularidades en la facturación.
Además, desde el Poder Ejecutivo seguirán alentando la discusión sector por sector para concretar la fragmentación. Para ello cuentan con el guiño de UTE, UPCN, Comercios, Petroleros, UOCRA y Obras Sanitarias, entre otros.
A la diáspora que podría provocar la estrategia del oficialismo el Triunvirato le debe sumar los riesgos que trae el aumento de la presión interna. Allí la Corriente de la Federal de los Trabajadores conducida por el bancario Sergio Palazzo seguirá con el pedido de convocatoria a un nuevo confederal para decidir el accionar de la central obrera ante un Gobierno que no cambiará el rumbo económico. En un camino similar se encuentra el MASA, conducido por el taxista Omar Viviani, que desde el comienzo hizo público su descontento con la conducción colegiada.
En ese marco, la sombra del Movimiento por el Trabajo (MPT) Saúl Ubaldini avanza a paso lento. El armado que impulsan los gremios más combativos de la CGT y la CTA liderada por Hugo Yasky se anima a soñar con la resurrección del MTA que enfrento al menemismo en los 90. La concreción del anhelo parece lejana, ya que por ahora el poderoso gremio de Camioneros no dio el visto bueno para ese armado y las diferencias que Pablo Moyano tiene que el metalúrgico Francisco Barba Gutiérrez aun aparecen como una traba.
Así las cosas, el futuro del movimiento obrero se presenta como una incógnita. La única certeza, que cruza todo el plano sindical, es que el Gobierno los ha elegido como enemigos para retomar el control del centro de la escena política.
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