Elecciones 2019, hacia una disputa entre la economía y la ilusión de la transparencia

Por: Martín Piqué

Cinco encuestadores reunidos por el Centro de Opinión Pública y Estudios Sociales (COPES) analizaron las proyecciones y posibles ideas, a fuerza de la próxima disputa presidencial. El peso de la recesión, los dilemas del peronismo y la desgastada opción ética.

La gran incógnita sobre el futuro de los argentinos ocupó durante dos horas un aula del tercer piso de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Organizado por el Centro de Opinión Pública y Estudios Sociales (COPES) de esa casa de estudios, con la moderación del sociólogo Carlos De Angelis, el encuentro reunió a cinco encuestadores con un objetivo desafiante. Anticipar –en la medida de lo posible- las proyecciones para el año 2019 a partir de cómo se vienen moviendo los humores sociales. El análisis del escenario pre-electoral estuvo a cargo de profesionales vinculados a diversas consultoras de investigación en la materia. Los invitados fueron Roberto Bacman (CEOP), Pablo Romá (Circuitos), Hilario Moreno (Dicen), Lucas Romero (Synopsis) y Ricardo Rouvier (Rouvier y asociados).  

El primero en hablar fue Bacman, invitado frecuente a los programas políticos en la TV. El titular de CEOP aseguró que para entender el proceso que desembocará en la elección presidencial del año próximo hay que considerar tres ejes centrales. “Aquel que logre instalar la consigna de referencia dominante, la idea fuerza que se imponga en el período previo al llamado a las urnas, será quien gane la elección”, aseguró para referirse al primer punto.

“Dos consignas en pugna se enfrentarán en 2019: la economía o la ética. ¿Cuál prevalecerá? ¿Solamente la economía? ¿La ética pura, o ambas?”, se preguntó. Enseguida agregó que en sus estudios la dimensión económica –la demanda de un mejoramiento de las condiciones de vida- asignada como prioridad obtiene números significativamente mayores (56%) a los de la cuestión ética, que sin embargo despierta cifras nada desdeñables (37%).

Otra de las claves que destacó Bacman es que en el marco de una insatisfacción generalizada con la situación económica (ocho de cada diez argentinos están descontentos en ese aspecto, precisó), las perspectivas electorales de Cambiemos hoy se mueven entre un piso de 26,5%, de confianza en el gobierno, y un techo de 35%, de imagen personal de Mauricio Macri. Para Bacman, la definición del resultado del año próximo pasará por “los independientes”. Se trata de los votantes que están en una suerte de centro, que se mantienen por fuera de la polarización ideológica entre kirchneristas y antikirchneristas.

Hasta allí no había demasiadas sorpresas. Pero la polémica tenía que ser alimentada y ese rol, en cierto modo, lo asumió Romero. El politólogo de la consultora Synopsis acordó con lo que había esbozado Bacman, pero luego puso el foco sobre lo que consideró “la única oportunidad” de Cambiemos para intentar ganar la elección y retener el gobierno. En su visión, como los números de aprobación de la economía y de la gestión son muy bajos, la chance del macrismo está depositada en la resistencia que sigue generando Cristina Fernández de Kirchner en un sector de la sociedad. Paradójicamente, CFK es al mismo tiempo la figura opositora más nítida y con más reconocimiento en otras franjas sociales.  

Romero registró al voto favorable al macrismo anclado en 32,9%. Por lo tanto, el 67% restante corresponde a un conglomerado de voto opositor sólido y convencido. Según el director de Synopsis, al incorporar preguntas cualitativas sobre ese porcentaje mayoritario de votantes, al que define como “universo opositor”, se detecta que a un 28,6% “no le gustaría” que CFK vuelva al gobierno. “Es difícil entender que el gobierno tenga 32,9% de intención de voto con este escenario económico. Pero ese número es posible porque ese electorado difícilmente vaya a otro lado mientras la amenaza (un eventual retorno de CFK) esté presente. Por eso yo creo que la economía va a ser un condicionante pero no va a ser suficiente. Por el contrario, en la medida en que bajen las posibilidades de Cristina de ser candidata, mayores van a ser las posibilidades del triunfo opositor”, deslizó a modo de conclusión. Una afirmación que luego fue matizada por quienes lo sucedieron en el micrófono.

La exposición de los consultores mostró una particularidad. Los panelistas parecieron coincidir en que Cristina tiene más chances de competir ella misma como candidata presidencial que de ejercer un rol de armadora o articuladora de una gran coalición opositora. Rouvier incluso fue más allá y aseguró, valiéndose en información propia, que la ex presidenta “va por su reivindicación”. En el inicio de su intervención, Rouvier había hecho una descripción breve del contexto mundial y regional. “Las condiciones internacionales y nacionales son contrarias a un triunfo del populismo en la Argentina”, advirtió en ese punto.

“El polo de Cristina está ejerciendo una suerte de irradiación o imán. Con su paraguas del 31% de intención de voto atrae a otros sectores del panperonismo. Es una atracción por conveniencia, pero así es la política”, siguió Rouvier. Y agregó: “Cristina tiene voluntad de poder. Tiene un perfil más ideológico que los otros precandidatos del peronismo. Aparte, ningún candidato que pongamos en el lugar de Cristina tiene los votos que obtiene ella. De hecho, (Agustín) Rossi y (Felipe) Solá están eclipsados porque todo el mundo está hablando de Cristina, no de ellos. Pero el problema del kirchnerismo es el otro, el que no es kirchnerista. Porque la segunda vuelta se gana con el otro. Podríamos decir que el debate primordial de la campaña será cuadernos versus recesión. Pero veamos que se trata de un problema abstracto frente a un problema concreto”.

 Director de la consultora Dicen, Moreno se encargó de aportar números. Estimó que la imagen positiva de Cristina se ubica hoy entre 43% y 44%. “Bastante por encima de la de Macri”, subrayó. Aunque también acotó que un “47%” de los argentinos “nunca votaría a Cristina”, bajo ninguna circunstancia, en una hipotética segunda vuelta. Esa respuesta ratifica la vigencia del antikirchnerismo como factor motivacional del voto. Y al mismo tiempo constituye el principal escollo para el balotaje. En materia de intención de voto, Moreno señaló que sus estudios le otorgan a CFK 34%, a Mauricio Macri 26% y a Sergio Massa 10%. Claro, es la foto estática de este presente.

“A nosotros nos parece interesante el proceso que se está viviendo entre el grupo de los ni-ni, que no son ni kirchneristas ni macristas. Dentro de esa franja detectamos un subgrupo: los opositores pragmáticos. En ese sector percibimos una tendencia a la resignificación del kirchnerismo, una suerte de ‘recalculando’ del GPS. Allí está creciendo el discurso de ‘nosotros antes estábamos mejor, vivíamos mejor’”, describió Moreno.

Otra de las variables que se abordó en la mesa debate fue la incidencia de la elección en la provincia de Buenos Aires en el resultado nacional. En ese sentido, Romá aseguró que la opinión del electorado bonaerense sobre Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal varió mucho desde la aprobación de la Reforma Previsional, en diciembre de 2017. Para Romá, la votación del nuevo régimen jubilatorio se convirtió en una bisagra. Un episodio que terminó siendo traumático. “En la provincia se están viviendo algunas tendencias que son importantes”, arrancó el consultor.  

“Lo que estamos viendo son distintos alineamientos, distintos procesos de configuración y reconfiguración de fuerzas. Es un movimiento en el electorado. Lo que se perciben son tensiones de las fuerzas con la intención de ampliar los distintos polos. En esa línea se inscribe la ruptura de Felipe Solá con el Frente Renovador y la reconciliación de Cristina con el sector sindical que encabeza (Hugo) Moyano. O la incorporación de sectores del progresismo, con la figura de Juan Grabois. Yo lo que veo es que las elecciones se van a terminar definiendo por muy poco”, vaticinó Romá.

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