Elizabeth Gómez Alcorta: «Hemos contenido a las mujeres a las que Larreta les da la espalda»

Por: Gimena Fuertes

La ministra de Mujeres, Género y Diversidad habla de la gestión durante la pandemia. Sostiene que el desafío inmediato es la reorganización social de las tareas de cuidado.

La ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, intercala la gestión con la militancia territorial en la Ciudad de Buenos Aires. Desde esa intersección denuncia: “Hemos venido conteniendo a las mujeres a las cuales el gobierno de la Ciudad les ha dado la espalda en plena pandemia porque los Centros Integrales de la Mujer estaban cerrados”. Asegura que su cartera contó con una malla de centros comunitarios que se activó en pandemia y contuvo desde el territorio a las mujeres que, según denuncia, el gobierno porteño “no las mira ni las escucha”.

En diálogo con Tiempo, Gómez Alcorta destaca la inserción laboral trans en el Estado como uno de los primeros saldos a favor de su gestión, a la vez que señala a futuro el desafío del primer ministerio destinado a implementar políticas de género en la Argentina: la distribución social de las tareas de cuidado.

-Esta semana se cumplió  un año del decreto del cupo laboral para la administración nacional para personas travestis, transexuales y transgénero, ¿cuántas lograron insertarse?

-El decreto fue la antesala de la ley que lo amplió a los tres poderes del Estado, ejecutivo, legislativo y judicial. Haber creado el registro de anotación voluntaria para el acceso al empleo público de travestis y trans fue clave porque hasta el día de hoy tenemos inscriptas más de 4900 personas. Es un número enorme que habla de la necesidad de esta política. Avanzamos primero en las capacitaciones en recursos humanos para que quienes ingresen puedan sostener la permanencia en el ámbito laboral. Se llevaron adelante capacitaciones que permitieron también trabajar con todos los ministerios y con aéreas de los organismos descentralizados. Otra cosa que empezó a moverse a partir de este decreto fue el crecimiento de la matrícula en los bachilleratos que trabajan con estudiantes trans y travestis, más allá de que esta terminalidad educativa no es obligatoria, y eso nos alegra mucho. Recibimos perfiles muy diversos, pero el sistema toma en cuenta en particular a aquellos que tienen mayores niveles de vulnerabilidad para que sean los primeros que se incorporen. Son más de 200 las personas trans que incorporamos en un año. Otro dato muy contundente es que este gobierno ha incorporado por lo menos 6000 personas trans al programa a Potenciar Trabajo, que además de brindar un salario social complementario, es un plan de inclusión que posibilita empezar a trabajar, hacer aportes en proyectos productivos, contar con algo de dinero que complemente el resto de la jornada laboral. También pusimos en marcha un programa de acceso a derechos de la población travesti trans.

-¿Cree que el movimiento feminista acompañará con su voto al oficialismo y que eso incluye más respaldo juvenil?

-El movimiento feminista y de la diversidad es muy heterogéneo y es cierto que tiene una parte muy potente vinculada a amplios sectores de la juventud. Se trabaja desde distintos lugares de militancia en pos de la igualdad de derechos de las mujeres, lesbianas, gay, bisexuales, travestis, transexuales. No hay ninguna duda de que es el gobierno nacional el que más ha hecho en tan corto plazo, en una situación tan particular como es estar atravesando una pandemia. En ese contexto, hizo mucho por las mujeres y el colectivo de la diversidad. Pero no puedo afirmar que todos vayan a unirse o acompañar. No me arriesgo a decir tanto porque el feminismo también tiene la particularidad de ser un movimiento muy diverso, con distintos tipos de representación. Hay algo en esta idea de “la vida que queremos” que para mí es mucho más que un eslogan, porque la vida que queremos es obviamente con reactivación económica, con empleo, con vacunas, pero también es una vida donde no haya violencia por motivos de género, en una sociedad que no tolere que una parte de la población tenga una expectativa de vida de 40 años. Y con un gobierno cerca que acompañe, sobre todo a aquellos sectores que más han sido relegados históricamente y que están en mayor desventaja.

-Es militante del Frente de Todos en CABA, ¿cómo construye política en los barrios en un territorio que a veces es esquivo?

-Nosotros caminamos la Ciudad. Estamos visitando cada uno de los barrios, hablando con cada una de las mujeres que han sostenido durante la pandemia las ollas en los comedores. Hemos venido conteniendo a las mujeres a las cuales el gobierno de la Ciudad les ha dado la espalda en plena pandemia, porque los Centros Integrales de la Mujer estaban cerrados porque no los declararon esenciales. Y cuando empezaron a abrir en abril, no abrieron todos. En el momento en que más violencia hubo, la respuesta general del gobierno nacional fue estar atentos y acercarnos, la administración porteña hizo lo contrario. Desde Nación fuimos los primeros desde el 20 de marzo de 2019 en instalar lo línea 144. Nunca dejamos de trabajar en forma presencial porque había urgencias que aparecieron y otras que se profundizaron con la pandemia. También hubo una red enorme en la Ciudad, territorial, de las que estamos cerca, producto de un feminismo que es popular y tiene una carga trasformadora. Son mujeres que sufren múltiples discriminaciones y que la Ciudad no las mira, no las escucha, no las atiende, no las prioriza en sus agendas.  Hay una trama muy importante que tiene esta ciudad, que es la más rica de Argentina, pero también la más desigual.

-¿Cuáles son los desafíos para el feminismo que viene y cómo puede dar respuesta el Estado?

-Tenemos un montón de ejes por profundizar, como las distintas violencias, económica, simbólica, política y laboral. Durante mucho tiempo, nos hemos concentrado en la violencia física, que obviamente está primero por su riesgo de letalidad. Ahora es clave trabajar sobre las políticas de cuidado porque son las que nos van a permitir reorganizar socialmente el tiempo. Eso tiene un impacto directo en las imposibilidades que tenemos de conseguir trabajos mejor pagos o de más horas. Dedicar más tiempo al trabajo para poder ocupar cargos jerárquicos, hacer política, gobernar una provincia o un país, tener una vida académica. Esa falta de autonomía tiene como correlato la violencia. Es necesario pensar políticas de cuidado junto con el abordaje de las violencias, la distribución social del cuidado son las tareas para estos dos años y medio que faltan de gestión. «

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