Doble efecto de la mayoría absoluta de la derecha: el gobierno con amplios poderes y una grave crisis en la izquierda.

La realidad le da motivos para celebrar. En la segundo vuelta electoral de Grecia, de la semana pasada, su partido obtuvo el 40,5% de los votos, lo que no sólo confirmó los sondeos, sin que, fundamentalmente, le garantiza a su sector el control total de Parlamento con 158 de los 300 escaños del Parlamento griego.
La contracara no sólo política, sino en los hechos y los sufragios es el escaso 17,8% que obtuvo la oposición de izquierda que concentraba el partido Syriza, que sólo le otorga poco más de una cuarentena de bancas. Hasta las últimas horas, el sector era liderado por el exjefe de Gobierno Alexis Tsipras, pero, ante la estrepitosa debacle electoral, renunció a su cargo.
Ya antes de las elecciones, ante los sondeos que adelantaban la derrota de la izquierda, Tsipras había evaluado que sería es «un acontecimiento negativo para la sociedad y la democracia». Pero, luego, ante la contundencia de la realidad, renunció a la presidencia del partido que mantuvo durante 15 años: “Es hora de abrir un nuevo ciclo en Syriza”. También advirtió: «Syriza ha cerrado un gran ciclo histórico del que debemos enorgullecernos, y abrir colectivamente un nuevo ciclo, difícil, sin precedentes, pero aún más prometedor. Debemos tomar decisiones difíciles y valientes, reencontrarnos con nuestros valores de la colectividad, el altruismo y la responsabilidad social”.
El poder íntegro
El vencedor aseguró en las últimas horas: «Los ciudadanos nos han dado un fuerte mandato para avanzar más rápido en el camino de los grandes cambios (…) Se cierra definitivamente un ciclo traumático de mentiras y toxicidad que frenaba a Grecia». Prometió un país «más próspero y justo» en función de las reformas que piensa emprender, todas claramente neoliberales, ahora con la libertad de tener un parlamento que le aceptará todas sus propuestas. Lo dice como si empezara de cero, sin contemplar que es el próximo sábado 8 cumplirá cuatro años como primer ministro, un mandato completo. Que incluso, debió afrontar escándalos, como escuchas telefónicas a opositores y a periodistas.
Pero, ahora tiene el poder casi absoluto. Todos los análisis apuntan a una paradoja muy común en estos tiempos: los griegos votaron con el bolsillo aun cuando se haya ratificado en las urnas un innegable retroceso democrático.
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