Desde la escarpada costa del suroeste inglés, Ilfracombe contempla el mar con la parsimonia de esos pueblos que parecen haberlo vivido todo. Sin embargo, detrás de esa postal late una historia que cobró una fuerza impensada en los últimos meses: la de Edward Banfield, un ingeniero que en el siglo XIX zarpó hacia la Argentina y terminó prestándole su apellido al Club Atlético Banfield, en el partido de Lomas de Zamora.

La reciente presentación en inglés del libro Banfield: ni un día aburrido en 130 años en el museo local abrió una ventana tan inesperada como fascinante en esta costa. En esta charla, el intendente de Ilfracombe, Mark Fay, reconstruye ese descubrimiento, repasa la metamorfosis de su ciudad desde sus años dorados como puerto comercial hasta su presente turístico, y reflexiona sobre cómo una vieja historia familiar hoy tiende puentes hacia el fútbol argentino.

¿Qué sienten al descubrir este lazo con Banfield? ¿Cómo era la vida en Ilfracombe cuando él se fue y cómo es ahora?

-La verdad es que nos tomó a todos por sorpresa. Fue un hallazgo reciente, pero acá se recibió con muchísima curiosidad y entusiasmo. En el siglo XIX, Ilfracombe era un lugar completamente diferente: un puerto súper activo, con barcos yendo y viniendo todo el tiempo. La vida pasaba por el comercio marítimo y la mirada de la gente estaba siempre puesta en el horizonte.

Para alguien como Edward Banfield, armar las valijas e irse a la Argentina era un salto enorme, pero tenía todo el sentido del mundo en esa época. El planeta se expandía, el ferrocarril transformaba países enteros y los profesionales jóvenes de pueblos como el nuestro veían una oportunidad de oro para hacer historia y dejar su huella en grandes obras lejos de casa. Hoy, claro, el ritmo es otro. Dejamos de ser ese puerto frenético para transformarnos en un destino turístico, más enfocado en la hotelería y en disfrutar de nuestros paisajes costeros. El puerto sigue ahí, pero ahora es para la pesca artesanal, paseos en lancha y barcos recreativos. Si tuviera que resumirlo, cambió nuestra economía, pero el alma marítima sigue intacta.

¿Ese espíritu inquieto y emprendedor sigue vivo en Ilfracombe?

-¡Sin ninguna duda! Lo ves todos los días en los vecinos: gente que se mueve, organiza actividades, junta fondos para la comunidad, entrena a los chicos de forma voluntaria o impulsa proyectos simplemente por amor al arte, sin esperar ningún reconocimiento. Por eso, cuando presentamos el libro sobre la historia del club y de Edward en nuestro museo, la respuesta fue espectacular; el lugar se llenó. A Ilfracombe nadie le regaló nada, siempre tuvimos que ganarnos el pan a base de esfuerzo. Mucho de lo que tenemos nace de la iniciativa local, de buscarle la vuelta a los problemas y salir adelante. Ese mismo impulso que llevó a Banfield a cruzar el océano sigue vivo, solo que hoy se vuelca en metas más cercanas: mejorar las oportunidades de nuestros jóvenes, fortalecer las instituciones y darnos una mano entre todos. Ese espíritu de «ni un día aburrido» se respira en los clubes, en los voluntarios y en cada rincón.

¿Cómo impacta allá saber que en Argentina se cante el nombre de un ingeniero de Ilfracombe en una cancha?

-Muchos acá recién caen en la cuenta de lo que esto significa, y eso lo hace todavía más fascinante. Nos genera un orgullo muy lindo, discreto como somos por aquí. Ahora bien, esta es una historia que no podemos dejar perder. Cuanto más hablemos de este vínculo entre Edward, el condado de Devon y el Club Atlético Banfield, más fuerte va a ser el puente que construyamos entre las dos comunidades. Al final, nos une el origen, el deporte y una identidad compartida. ¡Ahora acá somos hinchas de Banfield!

“En Ilfracombe ahora somos hinchas de Banfield”

¿Qué lectura hace de que el fútbol sea el encargado de mantener vivo ese legado? ¿Qué equipos se siguen en Ilfracombe?

-El fútbol tiene una magia única para cuidar la memoria. Que un club mantenga vivo el nombre de un ingeniero del siglo XIX te demuestra el poder emocional que tiene este deporte. Un nombre puede quedar guardado en un archivo y juntar polvo, pero el fútbol lo hace vivir en las camisetas, en los cantos de la gente y en el boca a boca cotidiano. En cuanto a lo local, el equipo profesional más cercano es el Exeter City, aunque nos queda a cierta distancia. Por eso la gente acá se reparte mucho: se sigue de cerca la liga local, pero también hay hinchas del Liverpool, del Manchester United… hay de todo. De hecho, uno de los chicos que trabaja acá en la municipalidad es fanático enfermo del Aston Villa y nos habla todo el tiempo del Dibu Martínez y de Emiliano Buendía.

¿Cree que este lazo puede crecer a futuro? ¿Qué mensaje le mandaría a la gente en Buenos Aires?

-Nos encantaría que esto pase de las palabras a los hechos. La idea es profundizar esta relación y armar intercambios culturales lindos aprovechando esta historia compartida. Ojalá en algún momento podamos recibir a visitantes de Banfield y de Buenos Aires acá, mostrarles nuestras calles, caminar por la costa y, por qué no, organizar un partido amistoso. Algo sencillo, genuino, que baje la historia a la tierra y la vuelva un encuentro entre personas. A los hinchas y vecinos de Banfield les digo que las puertas de Ilfracombe están abiertas de par en par. Tenemos una historia en común y vale la pena que la conozcamos y la disfrutemos de los dos lados del océano.

Estamos justo en los días del Mundial 2026. ¿Cómo se vive el torneo en el condado de Devon?

-No soy ningún experto en fútbol, así que me apoyo en los que saben acá en la municipalidad y me dicen que Inglaterra llega con un gran plantel y buenas chances. Ahora, si a los nuestros no se les da, todos coinciden en que Argentina vuelve a estar entre las candidatas más fuertes. Con este lazo que nos une a través de Banfield, vamos a seguir con atención lo que pase con la selección argentina y con jugadores como Tagliafico, donde este puente histórico vuelve a aparecer. Si esta locura linda logra acercar a Ilfracombe y a Banfield a través de la pelota, el recuerdo y la gente, entonces todo esto habrá tenido sentido.

“El libro exporta fútbol argentino”

El doctor Federico Winer integra el College de la Universidad de Loughborough en Londres; cuando en la facultad se enteraron de que escribía un libro por el aniversario de Banfield, le insistieron para que se pusiera en contacto con Ilfracombe. Desde la biblioteca le tendieron un puente y ahí mismo empezó a rodar esta historia.

“Siempre quise que el libro fuera más allá de los clásicos manuales llenos de datos fríos y resultados de partidos”, cuenta Federico sobre Banfield: ni un día aburrido en 130 años. “Por eso elegí la forma de la fábula para narrar el devenir de la ciudad y de la institución. Pero además, desde el primer momento trabajé codo a codo con la editorial SFT para tener ediciones en inglés y en francés. Quería llegar a lugares donde antes no se había estado. Te lo digo por experiencia propia: cuando querés regalarle algo de tu ciudad a un extranjero que no lee español, se te complica muchísimo”.

Federico aclara que, aunque el nombre del club esté en la portada, el espíritu del texto es universal. “El libro es una fábula que le calza justo a cualquier rincón del fútbol argentino. Me parece que podemos ser mucho más creativos y hacer un gran trabajo para conquistar otros mercados, para invitar a la gente de afuera a que venga a vernos y a entender cómo vivimos la cancha en Banfield, en Lanús, en Arroyito, en el ascenso. Es único”.

“La historia de Edward es fascinante”, repasa Winer. “Como ingeniero civil trabajó en Canadá, en Alemania, y en Argentina su rol fue clave para la expansión del Ferrocarril Sud, luego línea Roca que estructuró toda la zona. Sus tres hijas nacieron en Buenos Aires y las bautizaron en la Catedral, aunque él siempre vivió en Banfield Oeste, en una de esas casonas de estilo victoriano que les daban a los ejecutivos de la época. Después se enfermó y falleció joven en Londres. Hoy descansa en Devon junto a su esposa y su hija menor, que murió antes de cumplir los tres años. Como las otras dos hijas no tuvieron descendencia, la línea familiar directa del tipo que le dio el nombre a la ciudad —y por rebote al club— se terminó con él”.

Para el final, el autor comparte un detalle sobre los orígenes del nombre que no deja de ser curioso: “La toponimia viene originalmente de Bean-Field, es decir, el campo de los que cultivaban porotos. El libro ahonda en eso para después recorrer 130 años de historia, con sus buenas y sus malas”. Y antes de terminar la charla desde Inglaterra, concluye con una reflexión muy futbolera: “Al fin y al cabo, las derrotas también te curten y te forjan el alma, ¿no?”.

“En Ilfracombe ahora somos hinchas de Banfield”
El libro de Banfield, escrito por Federico Winer, se editó en español, francés e inglés. Se comercializa mediante Amazon y la editorial SFT de Estonia.