En Perú, el país de la democracia distópica, volvió la izquierda

Por: Boyanovsky Bazán

El Parlamento derrocó a José Jerí, rodeado de escándalos, a cuatro meses de asumir. En el revoleo, eligieron a José María Balcázar, de Perú Libre, el partido del destituido Pedro Castillo, en 2021. Habrá elecciones el 12 de abril. La chance del progresismo en un sistema institucional con una inestabilidad que asusta.

Con la elección de un nuevo presidente encargado del Perú, el noveno en diez años de inestabilidad política continuada, se produce un hecho inesperado que sacude el tablero político y puede condicionar las inminentes elecciones: Perú Libre, el partido de izquierda con el que fue electo en 2021 el destituido Pedro Castillo, regresó al poder. Tras la censura contra José Jeri, el Parlamento eligió el miércoles al congresista de esa bancada, el abogado y exjuez octogenario José María Balcázar, por 64 votos frente a los 46 obtenidos por Maricarmen Alva, presentada por la bancada derechista Acción Popular, pese a que los medios la mostraban como la gran favorita.

La designación fue cuestionada por el espacio de extrema derecha Fuerza Popular, que dirige Keiko Fujimori, que aunque ostenta el bloque mayoritario, no reúne la cantidad suficiente como para formar una mayoría gravitante sin alianzas con otros espacios, lo que esta vez no ocurrió. «La izquierda radical vuelva a gobernar», lamentó Keiko. La preocupación de la derecha se justifica por la cercanía de las elecciones -12 de abril- que deberán poner fin a una serie de interinatos producidos a partir del golpe institucional contra Pedro Castillo, en diciembre de 2022, encarcelado bajo la acusación de ser él quien intentó un golpe de Estado.

El corto plazo que le toca gobernar a Balcázar (hasta el 28 de julio) abre la expectativa de que una gestión tranquila previa a los comicios permita reconciliar a parte de los sectores políticos y al electorado y dar al partido una buena imagen que permita lograr algo impensado hace apenas unos años: que Perú Libre vuelva a ganar las elecciones, o a llegar en buenas condiciones de pasar una primera vuelta electoral.

Así lo vio el secretario general del partido, Vladimir Cerrón, quien es candidato presidencial y aunque se encuentra prófugo por un pedido de prisión preventiva debido a una condena en primera instancia que lo ubica en un supuesto caso de corrupción hace diez años, tiene participación activa en redes y medios. «Hemos recuperado el gobierno de manera simbólica por uno que nunca debió haberse interrumpido por un golpe de Estado», celebró en notas periodísticas.

También publicó en X que “la lección que deja el retorno de Perú Libre, aún sea simbólico, a pocos meses de terminar el período de gobierno, reivindica en alguna medida la voluntad popular violentada, echando por los suelos a los golpistas de Estado, quienes terminan disciplinados por la correlación de fuerzas”. Y finalmente anticipó: “La doble derrota de Fuerza Popular y Renovación Popular son el preámbulo de lo que ocurrirá el 12 de abril de 2026”.

Los pasos del nuevo presidente son ahora cruciales y más allá de coincidir o no con la visión de Cerrón, es claro que cada movimiento deberá tener precisión quirúrgica si se dispone a capitalizar esta oportunidad única. Pero lo que ocurra en los próximos días no estará solo supeditado a la habilidad política del mandatario, sino que se ponen en juego varios factores que lo complejizan. En primer lugar, empiezan a aflorar causas pasadas como la que lo acusa de presunta apropiación de fondos por el que fuera expulsado del Colegio de Abogados de Lambayeque y que la Fiscalía abrió en 2023.

Foto: Nicolás G. Recoaro

También se recordaron estos días algunos dichos polémicos sobre relaciones sexuales entre menores. Pero más allá de eso, el principal escollo que deberá enfrentar es superar la “rompiente” parlamentaria. Según dispone la Constitución peruana, el presidente debe someter su gabinete a aprobación del Congreso. Si este no lo hace, debe insistir con otro, y luego con otro, lo que implica una paralización del gobierno. En resumen, si hay rechazos permanentes, el presidente puede pedir la disolución del Congreso y frente a eso,  la institución puede considerar que el mandatario actuó ilegítimamente y proponer su destitución.

Es básicamente el principal problema político que atraviesa el Perú en las últimas décadas. Por el momento, Balcázar afirmó que hablará con todos los ministros que vienen de la gestión disuelta, quienes presentaron formalmente la renuncia, e intentará ratificar el Gabinete con algunos reemplazos inevitables. Estas reuniones serán posiblemente a partir de este lunes. También dijo que hablará con Cerrón porque su intención es “dialogar con todos los actores”, aunque dijo que aún no lo hizo e intentó despegarse de la cuestión judicial dejando el caso en manos de la justicia.

Lo mismo hizo con el pedido de indulto de Pedro Castillo. Balcázar evidenció intentar transitar una senda institucionalista con gestos como los mencionados y su despegue del partido Perú Libre, con el que ingresó al Congreso en 2021 pero luego se separó, para regresar un tiempo después, tras disolverse una nueva bancada que había formado. En ese sentido, se llamó “independiente”.

Su primera reunión oficial en el Palacio de Gobierno fue con el presidente del Banco Central de Reserva del Perú, Julio Velarde. El encuentro es significativo teniendo en cuenta que el Central es una institución autónoma, prácticamente la dueña de las políticas monetarias, cuyo titular perdura hace 20 años en el cargo mientras ve pasar a un presidente tras otro. Balcázar sabe además que la estabilidad económica que atraviesa el país es uno de los pilares del sostenimiento de su gestión.

Las cartas se jugarán ahora a nivel parlamentario. Si bien los bloques de derecha y extrema derecha suman en su conjunto una mayoría considerable, la izquierda y el progresismo, aunque fragmentados, constituyen un interbloque numeroso. Además, algunas fuerzas de derecha, como Alianza para el Progreso, apoyaron la candidatura de Balcázar, lo que podría redundar en un apoyo a la conformación del Gabinete.

Foto: Juan Carlos Cisneros / AFP
Castillo ve un indulto en el camino

El expresidente peruano Pedro Castillo, condenado a más de once años de cárcel acusado por intento fallido de golpe de Estado de diciembre de 2022, solicitó el indulto al nuevo presidente interino, José María Balcázar, un día después de que este haya asumido en el gobierno tras la moción de censura contra José Jerí.

Sin embargo, el nuevo presidente negó esa posibilidad. “No está en la agenda”, dijo cauto a los medios. Agregó que Castillo “tiene un proceso en curso” y que “no se trata de que yo lo quiera indultar. Tiene un proceso que está siguiendo con la Corte Suprema”.

El exmandatario (2021-2022) presentó la petición en un escrito en el que afirma ser víctima de una “persecución política” y cuestiona el delito por el que fue condenado en noviembre del pasado año -conspiración para rebelión-, alegando que no “se materializó un golpe exitoso”.

“Soy víctima de un proceso judicial que, a mi criterio y el de vastos sectores de la población, constituye una persecución política (…) Mi intención nunca fue atentar contra el pueblo, sino, en un contexto de asfixia política, convocar a una reflexión nacional”, recoge la carta enviada al nuevo presidente a través del abogado de Castillo, Walter Ayala.

Castillo apeló al “principio de humanidad” y a la presunta posición de Balcázar favorable a su liberación: “Cumplir su palabra de indultarme no solo sería un acto de justicia conmigo, sino un gesto poderoso que reivindicaría la confianza en la clase política”. “Los peruanos están cansados de promesas incumplidas. Usted tiene la oportunidad histórica de demostrar que, a diferencia de otros, cumple los acuerdos”, demandó.

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