Jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y socios del club cervecero recorrieron el Pozo de Quilmes junto a un grupo de sobrevivientes del Centro Clandestino de Detención durante la dictadura. Una experiencia valiosa y original que aporta a la permanente construcción del Nunca Más.

Sentados en una ronda improvisada, parte del plantel de primera y reserva de Quilmes, su entrenador Facundo Sava y también su presidente, Christian Sterli, escuchan una frase que resume de qué se trata el edifico que están por recorrer. “Este -les dicen- es un lugar donde se establecía quién vivía y quién moría”. Están en el Pozo de Quilmes, uno de los más de 600 Centros Clandestinos de Detención que hubo durante la última dictadura cívico militar en la Argentina. Miriam Arbert y Viviana Buscaglia, quienes coordinan la visita y forman parte del Colectivo Quilmes Memoria, Verdad y Justicia, les explican a los futbolistas, a los dirigentes y a los socios que se acercaron qué fueron los vuelos de la muerte, qué es un delito de lesa humanidad, por qué no prescriben y por qué este 5 de mayo, 40 años después de los hechos, se realizará el juicio por lo que sucedió dentro de este edificio.
La charla dura más de una hora y los jugadores la siguen con respeto, sin distraerse ni manotear sus celulares. Marcos Ledesma, el arquero cervecero, se conmueve ante el relato de Rubén “Polaco” Schell, secuestrado en noviembre del 77 y uno de los sobrevivientes de este centro clandestino, quien les muestra dónde funcionaba la sala de torturas y la celda en la que estuvo en cautiverio. Justo Giani, delantero que ya gritó tres goles en Primera, lo escucha atento y, curioso, le pregunta si los detenidos comían… Son pequeños puentes, diálogos que sirven para unir el pasado con el presente. “La verdad que no tenía mucha idea de lo que me iba a encontrar. Estuvo muy buena la actividad, es muy fuerte escuchar el relato en primera persona de lo que vivieron acá y te deja pensando”, asegura luego Ledesma.
Los vínculos entre el Pozo de Quilmes y el Quilmes Athletic Club no nacen con esta visita. El viejo estadio cervecero de Guido y Sarmiento quedaba sólo a siete cuadras de acá. Los goles se escuchaban, cuentan los sobrevivientes, y eso servía para darle temporalidad al encierro: si había partido, seguramente sería domingo por la tarde. Los días futboleros más felices para los quilmeños se dieron en octubre del 78, cuando Quilmes se consagró campeón del Metropolitano. Aún funcionaba el Pozo y aún duraba la algarabía del triunfo argentino en el Mundial.
“Desde finales del año pasado, cuando asumió la nueva conducción, sentíamos que era importante que el club se posicionara en algunos aspectos sociales y culturales para volver a tender puentes con la comunidad. Creemos que, como ya lo hicieron otros clubes, es importante aportar a la construcción de la memoria y esta actividad fue planteada en ese sentido”, explica Brenda Konfino, vocal del club e integrante de la subcomisión de Derechos Humanos del Cervecero.
La actividad, gestionada en conjunto por la Secretaría de Derechos Humanos del Municipio de Quilmes, el Colectivo Quilmes Memoria, Verdad y Justicia y el club, se dio en el marco del Mes de la Memoria, con la intención de abrir lo que pasó en ese pedazo de la ciudad durante aquellos años. Ya recuperada la democracia, el Pozo de Quilmes continuó funcionando, hasta marzo de 2017, como una comisaría donde se alojaban presos en las mismas celdas que fueron usadas durante la dictadura. Desde entonces se transformó en un sitio de memoria que busca recuperar lo que vivieron los y las 250 secuestrados que fueron detenidos ilegalmente para transmitir la memoria. Para el presidente Christian Sterli, esta visita no se trata de una cuestión ideológica sino de un gesto de humanidad: “Luchar por los derechos humanos. Eso es lo que debemos concientizar quienes vivimos aquellas épocas a los más chicos, por eso creo que es importante que los jugadores se acerquen a este espacio”, afirma.
Para Sava, que es vecino de la Mansión Seré y ya había recorrido ese centro de detención de la zona Oeste, el horror igual impresiona. “Es muy fuerte estar acá, recorrerlo con los propios sobrevivientes. La verdad que la carga que hay se siente en las paredes. Creo que es una buena iniciativa del club y una buena experiencia para los chicos que quisieron venir y que seguramente les quedará el recuerdo, porque son sensaciones difíciles de olvidar”, afirma el ex goleador y entrenador de Racing. De eso se trata. Son marcas, testimonios. Recuerdos que colaboran para construir una memoria colectiva que puede decir Nunca Más.
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