El 4 de octubre de 2006 se sancionó la Ley Nacional de Educación Sexual Integral 26.150 para todas las escuelas del país. Fue un proceso arduo que llevó años de debates y de intentar articular con diversos actores sociales. La necesidad estaba y tenía que ver con un reclamo de los feminismos: informarse sobre la salud sexual y reproductiva. La mirada integral, el desplazamiento del biologicismo y el eje en los derechos fueron un cambio de paradigma en la educación pero también en la sociedad.
Las iglesias y sectores conservadores de la sociedad combatieron con furia la ESI. Un ejemplo es Tucumán donde, el mismo Ministerio de Educación eliminó los programas de ESI y desarticuló los equipos de trabajo. El resultado es que cuando suceden situaciones problemáticas vinculadas a bullyng, entre otras cuestiones no hay quien se ocupe de solucionarlas y mucho menos hay trabajo de prevención. En varias provincias sucede, sin embargo, tras estigmatizarla, vaciarla e intentar borrarla, que la ley ESI es una realidad y está instalada. Quienes la llevan adelante y la pelean día a día son los y las docentes. Tiempo Argentino recolectó algunas de esas experiencias.
Informarse, cuidarse y cuidar
Silvia es docente de FinEs (educación para adultos) en Avellaneda y Lanús. En su experiencia como profesora de Comunicación y cultura el dictado de ESI le resulta más que enriquecedor por los debates y las inquietudes que se comparten. «Creo fundamental la aplicación de esta ley en los espacios educativos, darles las herramientas a los estudiantes para que puedan informarse, cuidarse y cuidar al otro también», afirma.
Pablo es docente de nivel medio en la provincia de Buenos Aires y en su experiencia dice que la demanda por la ESI se nota cuando se advierten determinadas problemáticas en el aula. «Hoy los más chicos están mucho con el tema del racismo incorporado, de la homofobia, y por ahí con los más grandes trabajo más relaciones en la construcción de vínculos sanos», explica.
María Sol Trinchero cuenta que en las aulas aparecen interrogantes, cuestionamientos y situaciones conflictivas o emocionales que muestran la necesidad de trabajar ESI. Ella es docente de adultos y adolescentes en tres instituciones educativas y en las tres se aplica educación sexual integral. “A veces le ponemos nombre, decimos que estamos trabajando con educación sexual integral y a veces se trabajan los contenidos sin nombrarlos. Hay muchas cuestiones relacionadas a las sexualidades aparecen en forma permanente en cualquiera de los tres niveles educativos”, comenta. María Sol tiene una diplomatura superior en educación sexual integral y nota que tanto en el nivel superior como en los profesorados o en las escuelas especiales las experiencias son todas enriquecedoras. “Por ejemplo, cuando hubo situaciones de violencia y de violencia de género, se convocó, por ejemplo, a la referente distrital, hicimos talleres específicos de violencia, de buenas masculinidades con profesores y profesoras, estudiantes, y pusimos agenda el tema. Durante el año se fueron trabajando a nivel institucional.”
Ser docente, dictar ESI
Desde su lugar de docente, Pablo nota que en los cursos más altos hay más demanda de educación sexual Integral. Sin embargo, en cuanto a la docencia, observa que falta transversalidad y demanda la necesidad de que la ESI sea una materia. Dice que la negativa a su aplicación viene de la ignorancia. «Hay mucha gente que piensa que la ESI es algo que, la verdad, no es. Se habló de adoctrinamiento, pero veo que viene de gente alejada de la escuela». Y agrega: «falta que la población entienda bien que es la ESI. Ignoro los motivos por los cuales no se llega al contenido, a qué significa la sexualidad desde la perspectiva de la ESI y todas las cuestiones que se trabajan, que no tienen que ver con lo sexual biológico».
Desde Tucumán, Ximena Rosich, docente de nivel medio, destaca que no hay una política pública que hoy promueva la aplicación de la ESI y que queda en la voluntad de cada docente. Al igual que su colega Pablo observa que la demanda se expresa en situaciones emergentes en las escuelas. «Son problemáticas, interrogantes, necesidades para las cuales la ESI tiene una respuesta. Desde conflictos entre pares a situaciones más graves como el aumento de las cifras de ITS o la vulneración de derechos a personas por su identidad de género».
Resalta que mientras hay docentes que reconocen la importancia de la ESI y se comprometen con su implementación, otros todavía manifiestan dudas, resistencias o dificultades para abordar determinados contenidos. «En algunos casos, esto se relaciona con prejuicios, creencias personales o falta de formación específica». Para ella, la ESI es una herramienta fundamental para construir una escuela más democrática, inclusiva y respetuosa de las diferencias. Y para formar sujetos capaces de reconocer sus derechos, respetar los de los demás, construir vínculos saludables y tomar decisiones responsables. «Como docentes, tenemos el desafío de revisar nuestras propias prácticas y prejuicios, escuchar a los estudiantes y garantizar espacios donde se puedan sentir respetados, cuidados y acompañados», concluye.
“Los prejuicios están dados desde que concebir a la educación sexual integral únicamente desde lo que es la genitalidad o las relaciones sexuales, y no contemplar juntamente el factor integral en todos los aspectos sociales, culturales, políticos, emocionales, afectivos, que atraviesan las sexualidades. Se confundió a las familias, pensában que en el nivel inicial se iba a trabajar sobre relaciones sexuales o genitalidad, que en realidad se trabaja también», agrega María Sol Trinchera.
Vilma Humana es docente feminista en Tilcara, Jujuy. Entre sus colegas nota una resistencia en trabajar de forma transversal los contenidos. También nota que existe una demanda de los estudiantes. “Aunque ellos asocian la ESI a los métodos anticonceptivos. De a poco se va entendiendo su carácter integral«, afirma, y agrega, “como docente de Lengua y Literatura encuentra varias herramientas para el abordaje, actualmente trabaja Crónica de una Muerte Anunciada y cuentos de Abelardo Castillo leídos con perspectiva de género. Reconoce que la resistencia a la ESI tiene un sesgo machista. Para ella, «educar ESI es un posicionamiento político que me hace soñar con una sociedad más justa y más humana. Me da esperanza».
Con lxs niños sí
Ale Almirón es docente del segundo nivel inicial en una escuela de CABA. Allí el trabajo con ESI ya está aceptado y aceitado. «Trabajamos mucho en los grados más pequeños todo lo que tenga que ver con la convivencia, a ponerse en el lugar del otro, expresar las emociones. Estamos en un contexto social, político e cultural donde prima el individualismo y esto se permea en la escuela. Ese es uno de los ejes más importantes», comenta.
Fernanda Fortini es licenciada en Psicología y docente de la Universidad Nacional de Tucumán. Además, tiene una diplomatura en ESI y trabaja en una escuela para chicos con discapacidad. Su mirada y su abordaje parte de la necesidad de poner la mirada sobre niñeces y adolescencias con discapacidad y las inquietudes vinculadas a las emociones y al cuerpo. “Muchas de las personas adultas de hoy, nuestros propios padres o abuelos no han recibido educación sexual integral por eso también resulta tan difícil para las familias abordar ciertas temáticas, acompañar ciertas situaciones porque se encuentran sin recursos. Han construido cada uno sus propios mitos y creencias en relación a la sexualidad”, afirma.
Desde Misiones, Luisa Steinhorst, profesora de Educación Inicial Rural en El Soberbio, detalla los momentos que vive en las aulas con sus alumnos y alumnas. Cada tema abre una reflexión, dice.
Para ella, «la ESI es una herramienta para enseñar a cuidar y a respetar. Tenemos que defenderla porque este último tiempo pareciera estar en peligro. Dentro de las aulas tenemos que afianzar más todavía en esto de pensar qué docente queremos ser frente a estas situaciones, qué respuesta queremos dar frente a estas inquietudes. En el nivel inicial esto empieza con cosas muy sencillas, en poder decir cómo me siento, en aprender a poner un límite, en respetar el límite del otro, en cuidar mi cuerpo, en reconocer que todos somos diferentes y que eso está buenísimo. Saber que existen otras familias distintas. Para mí trabajar la ESI es también poder decir ‘tenés derecho a ser cuidado y a ser respetado'».
«Sigue siendo una de las mayores rispideces entre los y las docentes, porque si bien somos muchos los que tenemos convicción, compromiso y ganas de abordar una educación sexual integral en nuestras escuelas, también hay otros docentes que todavía se sienten inseguros o dicen no tener las herramientas para hacerlo. Tiene que ver con una revisión constante de nuestra práctica y de nuestros prejuicios porque si bien la ESI en el nivel inicial está presente todo el tiempo nuestro trabajo cotidiano, el desafío es poder reconocerla, poder planificarla con intencionalidad, poder profundizarla. Y también revisarse uno mismo en cuanto a estos prejuicios y en cuanto a lo que uno quiere defender como como actor dentro de una escuela y dentro de una sociedad», expresa Luisa.
El docente consultado y también las profesoras recuerdan su adolescencia y afirman que les hubiera «encantado» acceder a una educación sexual integral durante su vida escolar, para contar con un espacio donde se puedan hablar de determinados temas con información clara.
Los docentes demandan transversalidad y material específico por regiones o necesidades, pero destacan la necesidad de sostener ESI. La histórica resistencia se funda la desinformación y los prejuicios. Lo cierto es que se sumaron contenidos a lo largo de los 20 años que sin el compromiso de los y las docentes no se hubieran podido sostener. «
Una ley para los antiderechos
Salta, Tucumán, Corrientes y Misiones son las provincias que luego de negarse durante años a la aplicación de ESI, implementaron la Ley de Educación Emocional. Se trata de un enfoque totalmente retrógrado y biologicista que contrasta con el corazón de la ESI: la educación con un abordaje a partir de los derechos, las relaciones de poder, los estereotipos de género, la prevención del abuso y la diversidad desde un marco legal y normativo. La histórica negativa política en estas provincias llama la atención cuando se compara con las estadísticas. Son las que tienen tasas más altas de abuso sexual infantil, violencia contra las mujeres y violencia contra las diversidades sexuales.
Otro punto que deja de lado la educación emocional es el desplazamiento del rol humano en la educación.