Entre Dios y el Diablo

Por: Ricardo Gotta

La pobreza y la fe. El pueblo y el evangelio. ¿Así se cambiará esta realidad lacerante?

Vivir en Argentina, dos países (al menos dos) tan opuestos, resulta abrumador, a veces indigerible. Un mero paneo por las últimas horas lo atestigua.

La peregrinación por «Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo» fue impactante, conmovedora. Reflejo del hambre, la desocupación, la desesperación de uno de esos países. En una de las callecitas atestadas, un parlante cachuzo reproducía a Peteco. Arrancaba con un «Tímidamente los hombres / llevando sombrero en mano / se inclinan mordiendo un ruego / llegando al viejo santuario”. Luego clarifica: “El que debe responder / No ha de ser San Cayetano / ¡Los que deben responder / Están mirando a otro lado!”.

La pobreza y la fe. El pueblo y el evangelio. ¿Así se cambiará esta realidad lacerante? Alguien preguntó por qué existen los entrañables y admirables Curas en Acción por los Pobres, si no es de una lógica abrumadora que toda sotana debería optar por ese propósito, por ese ideal. Que se disculpe la cuota de agnosticismo.

Lo espiritual crece en tanto la política no da respuestas. Pero los rezos no secan las lágrimas. El reclamo es por alivio. También por una conducción –eclesiástica, política, social- que despierte de su letargo, que salga de abajo de la cama, que no se repliegue más y se ponga a la vanguardia de una pelea concreta. Hoy. Cada día que pasa será peor. Vinieron a dejar tierra arrasada –lo más rápido posible -, a entregar todo lo que se pueda imaginar, a dejarnos en pelotas en nombre de la libertad. Y avanzan sobre nuestros derechos más preciados: nos pisotean y se mofan con soberbia diabólica. Los rezos no frenan el oprobio, por caso, de una ministra que no reparte la comida que se pudren en los galpones, que se pasa intimaciones y hambre de los comederos por el forro. Dejan esos comederos a merced de la diabólica ayuda narco. Se lo toman en serio: a Dios rogando y con el mazo dando.

Las estampitas no alcanzan. Quedamos en manos de Dios o a merced del Diablo. Ese mismo día reapareció Christian Federico Von Wernich, capellán policial durante la dictadura, preso en Campo de Mayo, condenado como represor y torturador. Denunció que se busca «instalar una nueva inquisición». Algunos medios le dieron más espacio que al desesperado grito de hambre de la población.

Mientras la UCA, nada menos, confirmaba: pobreza del 55,4 % y la indigencia, otra afrenta, otro récord: 20,3%; 11 puntos más que del cuarto trimestre de 2023: Milei lo hizo. Hay submundos: CABA con el 25,5% y Chaco con el 79,5%. Alguna vez un porteño se quejó amargamente que en su cuadra, 7 de cada 10 vecinos votan a la derecha. Una nimiedad comparado con la amargura del chaqueño que mira a su alrededor.

O a ese balcón de la Rosada. Un pibe que se rompió los huesos en una bici y logró una medalla dorada. Saludando a la nada, junto a un presidente desbordante de avaricia y sicopatía, que se afana el oro y que no cesa con su experiencia satánica.

Un rato después, a una diputada en modo «tonta» (como La Su, así puede decir cualquier barbaridad) no le bastó con ponerse un patito por sobre donde debería tener su cerebro. Fingiendo remordimiento, posó con un ejemplar de Nunca más. Ahora acusa engaño, como antes que «en su agenda» no figura saber quién fue Astiz. Ocurrió antes de que naciera: ¿es o se hace? ¿Qué piensan quienes la votaron sobre la visita a genocidas, una vulgar operación para vindicar el infierno que esos monstruos edificaron en el país? Simula demencia: es cómplice de la campaña que empezó mucho antes del siniestro video de la actual vice, del 24 de marzo, un adelanto del proyecto/indulto que busca volver a ese pasado y darle las calles a las FFAA, siempre siniestras.

Casi de noche, su compañera de bloque, más rubia y tan baladí, si no sobreactuara su rol de torpe provocadora: habló de «visitas humanitarias», igualó la tortura de las parrillas de los chupaderos con la que soportan esos tipejos hoy en la cárcel. Esa prisión que -agregó como si hablara de echarpes- desborda «de violadores y asesinos». No, diputada: son genocidas. Cometieron crímenes de lesa humanidad. Se valieron del aparato del Estado y la impunidad de un gobierno de facto. Por Dios, no es lo mismo. ¿No lo entiende?

No es banalidad peligrosísima, es complicidad. Por acción u omisión, por fingir demencia o ingenuidad, por deliberada complicidad o por flagrante ineptitud, no califican para gozar el beneficio de ser legisladoras. Aunque no sólo ellas resguardan a gentuza que jugó con la muerte y, por caso, siguen sin decir dónde están los desaparecidos y negando a los nietos. Ante eso, ni perdones ni misericordia. No hubo dos demonios, no hubo guerra. No son meros delincuentes, son genocidas. Tras 40 años de democracia, ahora y siempre: fueron 30 mil.

Como ni olvido ni perdón -en otra dimensión-, a ese sicópata que no sólo derrumbó la ilusión de un pueblo en cuatro años de gobierno. Habrá que plantearse de una vez el proceso de selección de candidatos, en una revisión y autocrítica esencial del campo popular, pero fundamentalmente del dedo desdichado de les líderes que los eligen, comprobadas las infaustas consecuencias. El candidato es el proyecto, se proclamó. Acabó en un perverso tan execrable como funcional a la derecha. ¿Terminó siendo o siempre lo fue? No sólo violencia de género (de por sí, el pozo más profundo, espantoso, escandaloso). Habilita la malicia desembozada de esa derecha sin pudor. Otra vez provoca un impredecible daño al campo popular, al peronismo. Alguna vez se dijo que venía a terminar con el kirchnerismo. Tal vez lo logre. Augura más dificultades, como si no las hubiera ya, para reconstrucción que hora a hora se divisa más utópica.

Insondable tristeza, profunda vergüenza. Como lo sucedido en Córdoba, con Susana Beatriz Montoya. Mientras, los medios más afines de un gobierno que niega la política de género, ahora se regodean con hipocresía. Miserables caranchos. Los mismos sinvergüenzas que publican fotos de ojos en compota son los que publicaron dibujos sobre CFK, inventando circunstancias similares.

Cuando en el teclado se plasman estas ácidas reflexiones, aparece la voz de Kicillof. «En la provincia pensamos distinto, hacemos distinto. Tenemos un mandato que defender. Lo veíamos a Milei diciendo ministerios afuera, obra pública afuera. En la provincia, la infraestructura adentro, la salud pública adentro, la educación adentro. La gente adentro».

Uf, al menos un soplo de alivio. Tal vez para que esos dos países sean un poco más vivibles. Y que se pueda resistir y reconstruir. Urge. «

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