Entre una foto y una película de terror

Por: Jorge Muracciole

Esta elección se convierte además de trascendente en paradigmática sobre lo que vendrá en gran parte del sub continente, ya que más allá de quien gane muestra al gigante latinoamericano partido en dos bloques.

En plena pandemia, los analistas tanto socialdemócratas como liberales de todo el mundo pensaban que el negacionismo de Bolsonaro le generarían un duro costo político. La primera vuelta electoral demostró lo contrario. El 2 de octubre, más de 51 millones se inclinaron por el militar ultra-derechista, contradiciendo las encuestas. y quedando a sólo 5 puntos de Lula. Un dato a tener en cuenta es que esa diferencia no se fue ampliando en las cuatro semanas que pasaron desde entonces.

La pregunta para todos los que apostamos a transformar esta Latinoamérica profundamente desigual es por el estado de situación generado por la maquinaria capitalista contemporánea de producción, comunicación y consolidación subjetiva que imprime esta dinámica en extremo individualista, cuasi fóbica a lo social que genera transformaciones no deseadas en la subjetividad del común. En una suerte de extrañamiento genérico, la alienación contemporánea genera una subjetividad lábil y fóbica a lo social. Basada más en el consumismo que en una identidad ligada a lo laboral, en una exacerbación extrema de la competencia. Con el paradigma del éxito opuesto a la mediocridad de los supuestos perdedores, que son excluidos del trabajo formal, de una vivienda digna, educación de excelencia y servicios básicos. En síntesis, se los excluye de todo derecho ciudadano que según la particular mirada de las élites y sus votantes, por “rigurosa meritocracia”, no son merecedores.

Paradójicamente, como resultado de la desigualdad estructural y la sumatoria de crisis recurrentes, más que la insubordinación ante injusticias y la exclusión, prácticas consumistas y de insatisfacción de mercado construyen una mezcla de atomización disolvente, cuyo resultado no es otro que una guerra de todos contra todos. Las elites y sus aliados son los que definen en esta concepción de necro-poder quien es digno de vivir o de mal morir.

Brasil, un país dividido entre la moderación de izquierda progresista y el neofacismo, verá como resultado de las elecciones una foto que, de no mediar formas de construcción solidarias e igualitarias, podrá transformarse en una película de terror. «

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