Entrevista con Edgardo Bauza: «La Selección no tiene una identidad»

Por: Alejandro Wall / Julián Martínez

A pocos días de su debut en el cargo, el entrenador asegura que los futbolistas argentinos se adaptan a distintas ideas. En una charla a fondo con Tiempo, cuenta que todavía no se verán grandes cambios en el equipo. Y sostiene que una tarea será no recargar toda la responsabilidad en Messi. "Lo noté con un gran compromiso", dice.

Edgardo Bauza nunca había estado en el predio de Ezeiza. Y hasta hace unos días tampoco pensaba estar como está ahora, vestido con la ropa de la Selección Argentina. «Yo pensé –dice– que no iba a tener muchas chances como sí creí tenerlas antes de que asumiera (Gerardo) Martino, cuando me llamaron de AFA para decirme que me tenían en cuenta.» Pero la ronda de entrenadores, esa búsqueda que se pareció tanto a un casting, terminó en Bauza, que a los 58 años se quedó con la llave del equipo que todos desean. «Y ahí se terminó toda la tranquilidad. La cabeza empezó a pensar, no sólo en la responsabilidad, sino también en las decisiones que tenía que empezar a tomar en poco tiempo», cuenta el entrenador en esta entrevista con Tiempo.

–¿Te asusta algo del cargo?

–Asustarme, no. Sé de la responsabilidad que tengo y que voy a dirigir a los mejores jugadores, y eso no me asusta nada. Si hay algo que no podés tener con estos jugadores es miedo. 

–¿Cómo pensás abordar la dificultad del tiempo?

–Hay que planificar bien los tres entrenamientos para tratar de aprovecharlos al máximo. Apuesto a que la jerarquía de los jugadores acorte el tiempo de aprendizaje y de lo que querramos implementar. Vamos a tratar de que el equipo llegue de la mejor manera. No vamos a tener la posibilidad de cambiar mucho.

–En la lista se vio continuidad.

–Sí, y eso tiene que ver con el poco tiempo y porque vamos a jugar eliminatorias. Aposté a la experiencia de jugadores que saben de este tipo de partidos.

–¿Habrá diferencias en el estilo?

–Eso tiene que ver con la tenencia de la pelota. Yo prefiero que mis equipos tengan una tenencia de pelota que te ayude a construir juego, pero si vos tenes gente rápida, como Paulo Dybala, o Messi en tres cuartos de cancha, ahí tenés velocidad. Eso también tiene que ver con la elección de los nombres para jugar. Pero la tenencia de la pelota trataré de que sea algo importante.

–¿La posesión, entonces, va a ser una característica?

–Por los jugadores que tenemos, tiene que ser importante. Porque también es una forma de defender.

–Cuando se discutía acerca de cómo jugaba San Lorenzo, dijiste a Tiempo que si tuvieras a Messi o Higuaín jugarías de otra manera. ¿Te va a modificar la forma de juego?

–El método o los números pueden ser los mismos, pero las posibilidades que te dan estos jugadores tenés que aprovecharlas. Presionar y defender bien arriba implica trabajo, concentración, y un desgaste físico que no lo podés realizar los 90 minutos. Vamos a tener que ponernos de acuerdo en cómo vamos a defender y para eso necesitamos el compromiso de todos. Yo no quiero que Messi lo corra al marcador de punta, lo único que quiero es que venga y achique espacios para que Mascherano pueda robar la pelota más fácil. Si logro ese compromiso de todos, que el equipo sea corto, defensivamente vamos a tener menos problemas. Argentina es un equipo que en los dos últimos años ha mejorado muchísimo defensivamente. 

–¿Qué rescatas de las gestiones de Sabella y Martino?

–Si bien fueron estilos diferentes, yo creo que las mayores diferencias las marcaron los momentos de los jugadores. Las posiciones de Messi, que fueron variando. Los que lo acompañaron en el equipo. Pero la Selección Argentina no tiene una identidad, se la da el entrenador que la dirige. Atrás de Sabella, podemos poner a Maradona y Batista hasta llegar a Menotti. Y cada uno ha tenido su forma y se la ha dado. 

–¿No tener una identidad no es un problema?

–El jugador argentino se adapta a todo. No es como el alemán, que sea quien sea el técnico, la Selección juega de la misma manera. El cambio que podamos producir al principio se va a notar muy poco. Recién cuando tengamos tiempo para trabajar, vamos a marcar diferencias, aunque no van a ser grandes. Porque si bien ya de por sí Argentina tiene que ser protagonista, tiene una generación de jugadores que la convierten en una Selección peligrosa ofensivamente. A lo mejor no jugás con dos puntas, pero jugás con Messi donde quieras. Tenés muchas variantes.

–Uno de los primeros jugadores que confirmaste fue a Gonzalo Higuaín y finalmente no estuvo en la convocatoria. ¿Qué hablaste con él y por qué no va a estar en los primeros partidos?

–Higuaín es un jugador de Selección y en esta convocatoria no está porque está terminando de acomodarse en un nuevo club (Juventus) y poniéndose bien. No está en su mejor momento, pero lo hablamos, lo estoy siguiendo y para mí es un jugador de Selección, y no me cabe ninguna duda de que va a estar y va a seguir dando satisfacciones. Acá los argentinos somos así, yerra dos goles y lo crucifican como que él es el culpable de algo que indudablemente no lo es.

–¿Tuviste que convencerlo a Messi o fue todo más sencillo?

–Se lo dije a él cuando llegué. Yo no fui a convencerlo, simplemente fui a hablar de fútbol. Le agradecí a él y a Mascherano por haberme recibido, y luego hablamos de fútbol durante dos horas. Me contaron lo que según ellos había pasado en la Copa América, les conté lo que me pareció a mí, las ideas a futuro. Al final, les dije que los iba a llamar a todos por teléfono, pero que a ellos no porque estaban adentro. 

–¿Cómo lo encontraste a Messi?

–Le noté un gran compromiso con la Selección. Sabe todo y tiene muy claro todo lo que le pasó. Lo bueno y lo malo. Vamos a tratar de que él no sea el centro de todo, y que no todo gire alrededor de él, sino que lo ayudemos entre todos; que el equipo lo ayude para que él sea tan desequilibrante como es, pero que no sea Messi el que tenga que solucionar todos los problemas. Fue una charla que me dejó muy contento.

–¿Cómo imaginás esa forma de cuidar a Messi?

–Eso se lo tiene que dar el equipo. En la semifinal con Estados Unidos tuvo mucha gente alrededor, y en la final contra Chile eso no pasó. La idea es que tenga opciones que hagan que el equipo rival no pueda centrar en Messi la marca para que lo asfixie o lo ahogue. 

–¿Tenés un esquema definido?

–No. Definido, definido, no. Lo que quiero es que el equipo pueda manejar dos o tres opciones, como lo ha hecho con Martino que ha jugado 4-3-3, ha jugado 4-3-1, también con dos líneas de cuatro. Obviamente depende de quién juegue y el poco tiempo de trabajo que tenemos para enfrentar a Uruguay no me da muchas posibilidades. Pero sí tengo claro que Argentina tiene que ser protagonista y que tiene que buscar el partido.

–¿Eso significa que será un equipo ofensivo?

–Ahhh, ¿y qué es un equipo ofensivo?

–Un equipo que apueste al ataque y a tener la pelota.

–Obviamente, que apueste al ataque. Pero también hay que defender. Es la gran discusión que he tenido siempre. El fútbol tiene dos facetas. Hay que atacar y defender. Para atacar tengo muy claro las posibilidades y variantes. Después, hay que organizar cómo defender, porque es parte del partido. Yo creo que eso se puede hacer sin perder el protagonismo que Argentina tiene por calidad de jugadores adelante.

La admiración por Mandela y el ejemplo del básquet

–El hijo de un empleado de una fábrica de pelotas se convierte en jugador, sale subcampeón del mundo y ahora le toca dirigir la Selección. ¿Tu historia parece un cuento?

–Uhhh, cuando la empecé a recorrer esa vida, jamás lo imaginé. Nací atrás de una pelota de fútbol y fue gran parte de mi vida, pero jamás lo hice pensando en llegar a Primera, poder jugar en una Selección y mucho menos dirigirla. Esto me llega en un muy buen momento de mi vida.

–¿Le falta un capítulo?

–Totalmente. El más difícil, porque vas a dirigir la Selección, primera en el ranking mundial y con una generación de jugadores excelente. Indudablemente es la más difícil.

–¿Mirás otros deportes?

–Sí, en la medida en que puedo veo tenis, boxeo. Ahora por ahí no tenemos tantos boxeadores a nivel internacional pero es un deporte que me gusta verlo. El tenis, como lo juego de vez en cuando, también lo veo. Vi también los Juegos Olímpicos.

–¿Qué podrías tomar de otros deportes para tu trabajo?

–Del básquet me emocionó mucho que tipos tan consagrados como Manu Ginóbili o Andrés Nocioni puedan haberse despedido y hayan podido disfrutar de todo lo que dieron. No sé de qué manera, pero ellos tendrían que transmitir todo eso a los deportistas, incluso más allá del básquet. El regreso de Del Potro al nivel que volvió y con todo lo que le costó es otro ejemplo. Como creo que este grupo de jugadores que tenemos en la Selección de fútbol también tiene mucho para transmitir y me da pena que no hayan podido consagrarse campeones, porque han luchado mucho. A veces cuando escucho lo de fracaso, digo: “¿Cómo pueden decir fracaso al salir tres veces subcampeones?”. Qué jodidos que somos los argentinos, que jodidos que no podamos reconocer a una selección que ha llegado a la final y, por no ganarla, parecería que tirás todo abajo. Por eso, tenemos que trabajar para tratar de jugar otra final.

–Te debe costar no pensar en otra cosa que no sea la Selección. ¿Con qué tratás de despejar la mente?

–Ahora no puedo. La verdad, no puedo.

–¿Dejaste de leer?

–Sí, ahora no tengo ni tiempo de leer, porque llego a la noche y estoy agotado, y me levanto temprano. El otro día un primo con el que fuimos a comer me decía que pare un poco y que disfrute. Estoy seguro de que el día que tenga los jugadores acá voy a estar mucho más tranquilo.

–Sos admirador de Nelson Mandela, ¿qué te enseñó su historia?

–Más allá de su pensamiento, si hay algo con lo que me identifico es con la tranquilidad que ha tenido para tomar decisiones, y la claridad en sus pensamientos. Porque en los momentos más difíciles de su vida jamás dejó de pensar en lo que quería y tenía que hacer. Jamás. No hubo nada ni nadie que lo haya podido sacar de lo que tenía que hacer. En ese sentido yo me siento identificado con él.

–Tuviste a Menotti y Bilardo como entrenadores y esa discusión cruzó al fútbol argentino por mucho tiempo. ¿Qué pensás de esa antinomia?

–(Ríe) Los argentinos somos así. Los dos salieron campeones del mundo, eso te da la pauta de que nadie tiene la verdad en el fútbol. Hubiese sido lindo tener una discusión futbolera entre los dos, nos hubiese enriquecido mucho. Los dos me enseñaron mucho, pero se encargaron de dividir sus ideas. Hemos perdido la posibilidad de debatirlo.

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