Omnívora Editora reedita el libro clásico del historiador y sociólogo británico Daniel James. Obra ejemplar sobre el peronismo, las mujeres militantes y la historia oral.

Su vida y obra es narrada en primera persona en Doña María. Historia de vida, memoria e identidad política, del historiador y sociólogo británico Daniel James. El libro es un clásico de clásicos de la historia oral, y en el presente es rescatado, a 20 años de su publicación original, por la luminosa casa editora Omnívora. Oportuna reedición, que permite acercarnos una vez más a las experiencias y el sentir de las mayorías populares en la historia argentina. Lectura obligatoria para el desorientado peronismo en estos años de crueldad “libertaria».
María hace memoria sobre el 17 de octubre frente al grabador de James allá a finales de los años ochenta, poco antes de morir en 1989, entre el crac hiperinflacionario y la génesis del PJ neoliberal entreguista: “Fue la toma de la Bastilla argentina, yo no la vi la Revolución Francesa, pero para mí fue la toma de la Bastilla argentina. La gente sentía alegría, la gente no se golpeaba, no se insultaba: ‘La vamos a ganar, va a venir Peroncito’”. Dueña de una oratoria ejemplar, les habló a los descamisados en La Plata y en Plaza de Mayo. Doña María, que antes de ser mujer tuvo que ir a trabajar en los mataderos de Berisso, donde la carne y la sangre eran propiedad del patrón.
Libro de Historial, fresco de época, crónica combativa, manual de supervivencia. El trabajo de James también reflexiona sobre el potencial de la historia oral para repensar los procesos políticos, el rol de las mujeres, la cultura popular de la Argentina en el corto y agitado siglo XX. La historia de una vida, de la eterna María Roldán, o de miles.
“Entré al frigorífico en 1944, en la picada. Cortaba carne y le sacaba el nervio y ponía la carne limpia ahí y el nervio en otro tacho, había que hacer cien kilos de carne limpia por hora. Esa era una sección muy grande, mil doscientas mujeres. Era un pueblo, era una cuadra, usted miraba así, todo blanco de gente trabajando, hermoso, era un espectáculo. Las ganas de llevar un peso a la casa y el hambre y la necesidad le obligan a aprender en dos días. Era trabajo duro. Al comienzo del día ya estaba la carne ahí, ya estaba el que pesaba con la balanza ahí, ya estaba el apuntador que apuntaba los kilos. Había un límite, que había que llegar a por lo menos noventa, cien kilos por hora. Y si no llegaba la acusaban. Una vez le dijo un jefe a una chica: ‘Usted es una inútil’, y yo, que era delegada, le dije: ‘Cuide la boca, señor, acá no hay ninguna inútil, la chica no puede hacer más de lo que hace, pero cada día va a trabajar más, cada día va a rendir más, pero no la insulte, no la ofenda, es una mujer’”.
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