La idea de que el mejor destino que puede tener la Argentina es transformarse en una neocolonia o protectorado nunca pierde vigencia en la derecha local y en sus representantes permanentes, como Federico Sturzenegger. Esta es siempre la diferencia central entre las derechas periféricas y las de los países como Italia, Alemania, Francia o Estados Unidos, donde la cuestión nacional forma parte del ideario de los conservadores. Puede resultar cansador repetirlo, pero hay que hacerlo: la derecha argentina no propone hacer lo que se hace en esos países que dice admirar; en realidad hace todo lo contrario.

La reforma de la ley de tierras que impulsa el presidente Javier Milei pretende quitar el límite del 15% a la cantidad de tierra que puede estar en manos de extranjeros. Ese tope lo estableció la norma que Cristina Fernández impulsó en diciembre de 2011, a los pocos días de asumir se segundo mandato. Además de quitar los topes, la reforma busca eliminar otras restricciones. Hoy los extranjeros no pueden comprar en zonas de frontera y un mismo titular no puede adquirir más del 30% dentro del 15% autorizado.   

Sturzenegger, para variar, es el autor intelectual de la reforma. Desde 1987 hasta 1995 hizo su doctorado y dio clases en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), luego haber hecho la licenciatura de Economía en la Universidad Nacional de La Plata. Como se dijo al inicio de esta nota, la gran incógnita que surge sobre estas personas es: por qué no copian al EE UU que tanto admiran.

En Estados Unidos hay una legislación muy restrictiva para la compra de tierra por parte de extranjeros. El razonamiento que está detrás de la limitación es el mismo que utilizan los gringos para diversos asuntos públicos: la seguridad nacional. El Comité de Inversiones Extranjeras (CIFUS son las siglas en inglés) tiene la última palabra y la facultad de revisar, bloquear o forzar la venta obligatoria de campos en manos de extranjeros si considera que pueden afectar la seguridad nacional. Algunos ejemplos: terrenos cercanos a instalaciones militares, a zonas de frontera, reservorios de recursos estratégicos como petróleo, minerales, agua.

Además, los estados (provincias) cuentan con sus propias leyes. En Misuri, en el corazón agrícola de Estados Unidos, los extranjeros sólo pueden comprar hasta el 1% de la tierra cultivable. La producción alimentaria se considera estratégica y parte de la seguridad nacional. Misuri es un estado donde suele ganar la derecha. Su actual gobernador, Mike Kehoe, es del Partido Republicano. Quizás habría que decirle a Sturzenegger que vaya a asesorarlo para que lo ilumine.

¿Alguien cree que en EE UU van a permitir que un chino compre terrenos donde haya recursos estratégicos?

En la película de Spike Lee que cuenta la vida de Malcolm X, luchador por los derechos civiles de los afroamericanos, hay una escena en la que el protagonista, Malcolm, cuenta la diferencia que había en la subjetividad de los esclavos de campo y los de casa. El esclavo de campo estaba sometido a trabajar a destajo en los sembradíos, bajo el sol en el verano y la nieve en el invierno. Recibía castigos físicos y dormía en una barraca de madera. El esclavo de casa, en cambio, se dedicaba a las tareas domésticas. De esa forma evitaba la exposición a las inclemencias del clima y descansaba en la casa del amo. Ese esclavo-dice Malcolm en la película-creía que esto era lo mejor que existía y estaba siempre agradecido con el amo. Por eso las rebeliones contra la esclavitud surgieron de los esclavos de campo y no de los de casa.

La derecha local razona como los esclavos de casa. El sistema financiero, la embajada de EE UU, les da cobijo. Los hace trabajar en sus bancos o dar seminarios en sus universidades. Sturzenegger, al igual que Milei, los Caputo y el resto del gabinete, creen que el mejor destino para el pueblo argentino es ser un esclavo de casa, que el amo le acaricie la cabeza y le dé unas palmaditas a cambio de quedarse con el país entero. «