El nuevo campeón del mundo ratificó un estilo de juego vistoso, de respeto por la pelota, de posesión y de orden. No brilló como cuando se consagró en la Eurocopa, pero le ganó a los últimos dos ganadores de Mundiales. Y ese es un dato contundente.

España es un merecidísimo campeón. Sometió al equipo a la Argentina, el equipo que, para derrumbarlo, había que cortarle el fútbol y también el corazón. La Furia lo hizo. «Hemos ganado todo porque todos juntos somos más fuertes, que no le quepa duda a nadie», aseveró con emoción a flor de piel el entrenador español, Luis de la Fuente, segundos después de la consagración, mientras sus jugadores aún estaban en el escenario levantando la Copa del Mundo bien obtenida.
La Roja fue creciendo partido y partido durante el Mundial. Incluso aunque no haya brillado del mismo modo en que lo hizo como cuando obtuvo la Eurocopa, sino en un solo partido: la semifinal contra Francia. Incluso cuando le creó 20 situaciones de gol a la blanquiceleste, y sólo soportó una. “Esto fue una final del mundo. Aunque el rival juegue con 10 tienes, muchas veces es necesario sufrir”, explicó De la Fuente con la voz quebrada.
El conjunto español superó a los dos últimos campeones del mundo y eso la califica altísimo. A la selección que logró el título hace ocho años, la doblegó con su estilo y con contundencia: a Francia la eliminó en semifinales con una superioridad contundente. A la selección que se consagró hace cuatro años, en cambio, tuvo la esencial virtud de no dejarla desarrollar ninguna de sus condiciones elogiables, el juego de sus medios, la alimentación a su más grande crack y le contuvo el corazón, la garra: la Argentina de esta Copa, la que suplantaba fútbol y estado físico con su tradicional plus de garra, en la final estuvo maniatada por el rival vencedor durante 110 minutos.
El inevitable triunfo de España lo demoró el arquero argentino. «Las grandes intervenciones de ‘Dibu’ hicieron que el partido no se definiera antes», calificó el conductor español.
¿España quedará en la historia de los grandes equipos? Probablemente sí por la obstinada defensa de una idea de juego lucido, por su identidad muy marcada, por tener como cerebro a un jugador como Rodri, un conductor sagaz como Dani Olmo, un zaguero joven y seguro como Cubarsí, dos laterales que van sin cesar y juegan como Porro y Cucurella. Un equipo que minimiza a sus rivales, que no tiene punch, y por eso no golea la mayoría de los partidos. Y que ilusionó con que Lamine Yamal fuera la gran estrella del torneo, pero no lo fue.
España fue el mejor de la Copa, sin dudas. Y doblegó a los rivales de más potencial. El tiempo dirá si eso alcanza para marcar un hito. De la Fuente lo dijo: “Tengo mucho orgullo por esta generación de futbolistas. Han ido creciendo con esta idea y haciéndola mejor. Y tienen mucho más para dar”.
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