El presidente Javier Milei participó esta semana del foro Vientos de Cambio. Ante un auditorio de la extrema derecha liberal, la emprendió nuevamente contra periodistas y economistas no alineados a quienes tildó de “deshonestos” por subestimar las supuestas virtudes de su modelo.
Milei aseguró que “dejan la mitad del mercado laboral afuera”, y afirmó: “Los salarios registrados del sector privado están empatados con la inflación pero los del sector informal están literalmente volando, le han ganado a la inflación en más del 60%”.
El Informe de Salarios del INDEC indica que, entre junio de 2026 y el mismo mes del año anterior, los haberes del sector no registrado crecieron en términos reales un 19,4 por ciento. Si se tomara desde noviembre de 2023, según el mismo informe, la suba escala al 84 por ciento.
El dato contrasta con los ingresos de los asalariados registrados que, incluyendo a los trabajadores del sector público y según el mismo Índice, desde noviembre 2023 acumulan un retroceso del 8,2 por ciento.
El sector informal representa el 37,9% de la fuerza laboral asalariada. Si el indicador oficial expresara la realidad se trataría de un sector especialmente privilegiado por la política económicas.
Sin embargo, según el último informe de Mercado de Trabajo del INDEC del primer trimestre de 2026, el sector informal percibió un salario promedio de $ 731.150 mientras el registrado obtuvo uno de $ 1.375.143, un 88% superior. El salario informal promedio representaba apenas el 51% de la canasta de pobreza.
Lo que no aportó Milei son los motivos por los cuales, a contramano del sentido común y de toda la teoría económica, considera que se habría producido este fenómeno «aéreo». Para los especialistas, se trata de un espejismo estadístico.
Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, advirtió a Tiempo que “por un criterio de prudencia elemental es preferible no usar el Índice de Salarios. No solo de los no registrados sino también de los registrados”. Es que, explicó, “hay registros administrativos y otros que se basan en encuestas. El sector informal surge en base a encuestas que no son fuentes confiables. El Índice de Salarios tiene tres componentes (registrado privado, público y no registrado) que vienen de tres fuentes distintas. Los registrados privados surgen de una encuesta a empleadores, el sector público de las direcciones de estadísticas provinciales y del Estado nacional, y para el privado no registrado se toma la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que es lo que la gente declara”.
Campos destaca que “los datos del Índice de Salarios dan algo rarísimo. El privado registrado muestra una curva parecida al SIPA, para el sector público hay una curva que es coherente con otras fuentes como las paritarias. El no registrado muestra una curva que es un delirio inexplicable. Pero para este segmento no hay otras fuentes con las cuales comparar. Lo que sí se puede hacer es analizar la evolución del sector formal en la EPH que, si bien no se publica, se puede extraer de los microdatos y también da un crecimiento enorme. Entre el primer trimestre 2023 y el de 2026 da para el sector privado no registrado un aumento real del 33% por EPH y el formal (privado y público) da una suba del 8,8% cuando el Índice del Salario da una caída del 10 por ciento. Esa diferencia de casi 20 puntos con otras fuentes indica un problema en el relevamiento de EPH que también se manifiesta en el informal pero que no se puede contrastar”.
Matías Maito, director del CETyD de la Universidad de San Martín (UNSAM), señaló que “lo que debería llamar la atención es que ninguna consultora, centro de estudios, especialista o investigador que tenga una mirada rigurosa del mundo del trabajo está usando ese dato”.
Observó que “es evidente que no tiene ninguna relación con todo el resto de los indicadores laborales y sociales que marcan un deterioro de los niveles de consumo, de los salarios y de los ingresos. Tampoco tiene relación con la historia. Por definición, los salarios informales van por detrás de los de los formales. Es un sector con empleos más precarios, de menor calificación y donde no hay sindicatos para pelear colectivamente los salarios. Está habiendo ruido en la recolección. Estamos comparando los ingresos con un momento de alta inflación donde aparecen siempre distorsiones”.
Pero, además, destacó que “si se actualizara el IPC, los salarios estarían un poquito más abajo que en noviembre de 2023, y en el salario disponible -que es lo que queda después de pagar los gastos fijos- hay una caída mucho más marcada. Cada vez más trabajadores pierden ingresos porque pasan de puestos de mayor calidad e ingresos a puestos más precarios con menores ingresos. La situación de los salarios está muy distante de la idea de que están volando”.
Para Campos “pueden estar pasando varias cosas. En contextos de menor inflación el mecanismo de encuestas tiende a reducir la subdeclaración. Se podría decir que está habiendo un incremento de los pagos en gris y que esos no se captan por SIPA pero sí por EPH, pero ninguna de las dos explica esos 20 puntos de diferencia para los registrados».
Por eso, concluyó, “mientras no se pueda explicar el problema de la EPH y la falta de coherencia con los datos registrados, que sí se pueden comparar, es mejor no usar la EPH para medir salarios”.
Desde la consultora C-P, Federico Pastrana, señaló que “pasan varias cosas al mismo tiempo. El Índice de salarios del INDEC mezcla fuentes. El dato de EPH es de seis meses atrás y lo publican como si fuera del último mes. Cuando mezclamos un periodo de inflación muy alta con uno de inflación más baja lo único que se está reflejando es ese rezago. Eso afectó y afecta mucho la publicación del INDEC y a los salarios promedio. Es un problema grave que tiene el Índice de salarios. Por eso, en la consultora tomamos solo el salario de los registrados”.
Con todo, explicó que “la EPH no está diseñada para periodos de alta inflación. En 2023 y 2024 con mucha inflación la gente tendía a subestimar mucho los ingresos y por lo tanto a sobreestimar la pobreza. La fuente de información es defectuosa porque la persona no sabe muy bien cuánto cobró ni siquiera dos semanas atrás. Hoy lo que declaran es más cercano a lo que verdaderamente cobran. Si haces variaciones entre los dos periodos te da una variación demasiado grande que no tiene mucho sentido porque no tiene coherencia con el resto de los datos”.
Pero, profundizó Pastrana, “cuando uno hace la comparación luego de la inflación alta y analiza el periodo 2025, las variaciones que se muestran también son muy grandes. Entonces hay otro problema y es la forma de captación de ingresos”.
Así, “las variaciones porcentuales a veces no terminan de explicar cuál es la realidad del mercado de trabajo. Cuando las personas pierden un empleo registrado y consiguen uno no registrado, el ingreso cae”.
Desde el GEDyMS del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Eduardo Chávez Molina, José Rodríguez de la Fuente y Mariana Sosa explican que “los salarios que traccionan la suba de los informales son bajísimos. Un informal gana la mitad que uno formal”.
El Grupo señala que si se pone el foco en las cuatro ramas que emplean cerca del 40/45% del total de ocupados, se ve que los asalariados informales ganan entre $ 680.000 y $ 825.000 por mes, con lo que cubren apenas entre 49 y 59% de la Canasta Básica Total, y equivale a entre 51 y 60% de lo que gana un asalariado formal en la misma rama.
Para el GEDyMS, “esto ocurre en un marco de recomposición laboral regresiva caracterizada por la destrucción de puestos asalariados formales y el crecimiento del cuentapropismo de baja calificación. Esta reconversión configura una crisis de ingresos para la mayoría de los trabajadores”.
Cuando un gobierno se da manija con datos que, es obvio, no reflejan la realidad, no solo es incapaz de transformarla sino que ha perdido el rumbo.