Miembros del Observatorio Lawfare, los autores comparten reflexiones sobre el rol asignado a América Latina y el Caribe en este documento oficial, de enorme relevancia para la región.

En este marco, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional introduce una novedad central: disminuye la importancia asignada a Oriente Medio y deja de colocar a China como la amenaza principal. La mala noticia es que desplaza su foco hacia el Hemisferio Occidental, retomando de manera explícita las premisas de la Doctrina Monroe y del Corolario Roosevelt —“América para los americanos”—, aunque ahora los enemigos no serían únicamente otras potencias competidoras, sino también el narcotráfico (“narcoterrorismo”) y la migración.
La estrategia afirma que Estados Unidos debe reconsiderar su presencia militar en el Hemisferio Occidental. Propone reajustar la presencia militar global para abordar las amenazas urgentes en la región, fortalecer el papel de la Guardia Costera y la Armada para controlar rutas marítimas, detener la migración ilegal y el tráfico de drogas, y concretar despliegues específicos destinados a “asegurar la frontera” y “derrotar a los cárteles”, incluso mediante el uso de la fuerza. También señala la necesidad de establecer o ampliar el acceso militar en lugares estratégicamente importantes del continente.
La nueva ESN destaca que el Hemisferio Occidental alberga numerosos recursos estratégicos a los que Estados Unidos debe garantizar acceso en coordinación con aliados. En ese sentido, el Consejo de Seguridad Nacional iniciará un proceso inmediato para que diversas agencias —incluida la Comunidad de Inteligencia— identifiquen puntos y recursos estratégicos en todo el Hemisferio, con miras a su protección y al “desarrollo conjunto” con los socios regionales.
El documento también impulsa una alianza más estrecha entre el gobierno estadounidense y el sector privado. Las embajadas deberán estar al tanto de las principales oportunidades de negocio en cada país, en especial de los grandes contratos gubernamentales. Asimismo, el gobierno identificará sectores estratégicos para la inversión de empresas estadounidenses en la región y los presentará para su evaluación en todos los programas de financiamiento federal: los Departamentos de Estado, Guerra y Energía; la Administración de Pequeñas Empresas; la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional; el Banco de Exportación e Importación; y la Corporación Reto del Milenio.
Tras los reajustes y recortes en “diplomacia pública” aplicados desde el inicio de la administración, la nueva Estrategia no oculta la securitización de la asistencia: la militarización vuelve a predominar y la asistencia para el desarrollo queda subsumida programáticamente a la asistencia y presencia militar. Paralelamente, promueve alianzas con gobiernos y empresas regionales para construir infraestructura energética, garantizar cadenas de suministro, invertir en el acceso a minerales críticos y fortalecer las redes de comunicaciones cibernéticas existentes y futuras.
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