Estela: «Señores jueces, ¡nunca más!»

Por: Martín Piqué

Centenares de miles de personas se manifiestaron en contra del fallo de la Corte Suprema que habilitó la aplicación del 2x1 a condenados por delitos de lesa humanidad

La histórica movilización en defensa de la política de Estado de Memoria, Verdad y Justicia y contra la aplicación del beneficio de la ley penal más benigna a los represores condenados, el llamado ‘2×1’, desbordó este miércoles todo el centro de la ciudad de Buenos Aires. La concentración, cuyo número los organizadores estimaron en “medio millón de personas”, contagió emoción desde la Plaza de Mayo hasta el rincón más alejado del palco. Fue un mensaje de cientos de miles de personas que reafirmaron una identidad, lanzaron al aire un fuerte desagravio a las Madres y a las víctimas, y emitieron una dura advertencia hacia quienes, en el futuro, intenten recurrir a resquicios legales para promover la liberación de genocidas. El momento más emotivo se produjo cuando Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, exhortó a la multitud a levantar bien alto los pañuelos blancos y gritar, en una voz conmovida que desafió el frío de una noche helada: “¡30 mil compañeros detenidos-desaparecidos, presentes, ahora y siempre!”.

En el acto se concretó, además, otra innovación para las convocatorias de los organismos de derechos humanos. Por primera vez en años, dada la gravedad de lo que esta vez estaba en juego, los dos sectores del muy rico y diverso movimiento que pelea contra la impunidad y por el avance de los juicios de lesa humanidad coincidieron en el mismo escenario. Así, sobre el escenario estuvieron las Abuelas y las Madres (LF), Familiares e HIJOS, uno de los polos del movimiento por los DDHH en la Argentina, pero también lo hicieron los integrantes del Espacio Memoria, Verdad y Justicia, integrado por organismos cercanos a los partidos de izquierda y hasta diciembre de 2015 muy críticos del kirchnerismo.

En el escenario, montado sobre la Plaza de Mayo y de espaldas a la Pirámide (en refacción) y la Casa Rosada, se podía ver un gran cartel con una consigna central. Era una frase que parafraseaba el final del recordado alegato del fiscal Julio César Strassera en el juicio a los Comandantes, durante el alfonsinismo: “Señores jueces, Nunca Más. Ni un solo genocida suelto”. Las Madres –Almeida, Lita Boitano y Nora Cortiñas- fueron las principales oradoras desde el micrófono. Por supuesto, también se pronunció Estela Carlotto, en representación de las Abuelas. Carlotto, Boitano y Almeida leyeron un documento que había sido redactado especialmente para la jornada, Cortiñas incorporó algunos párrafos improvisados en el momento.

Enfundadas en sus pañuelos blancos, todas ellas coincidieron en un repudio al “vergonzoso” fallo de la Corte Suprema de Justicia, firmado por Elena Highton de Nolasco, Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti, que permitió el beneficio de ‘2×1’ para los delitos de lesa humanidad. Las Madres habían pedido a las organizaciones –políticas, sindicales, sociales, juveniles- que no ingresaran al perímetro de la Plaza de Mayo hasta las 18: eso permitió que las primeras cuadras del paseo histórico de la CABA, entre el Cabildo, la Catedral y el Banco Hipotecario, sobre Hipólito Yrigoyen, fueran ocupadas anticipadamente por parejas que iban de la mano, familias de treintañeros con sus hijos en brazos o en carritos de bebé. Era una muestra de la llamada “gente suelta”. Otra novedad fue el uso generalizado del pañuelo blanco, hasta este miércoles un símbolo icónico reservado a las Madres. Los manifestantes que se acercaron hasta la Plaza de Mayo llevaban pañuelos improvisados atados en el cuello, al modo de los boys scouts o de los niños de jardín de infantes de Cuba, los ‘pioneros’.

Ese paisaje poco habitual, que alguna periodista de TV definió como “la Plaza de las centenares de miles de pañuelos”, fue festejado por la propia Almeida desde el micrófono. “Institucionalmente, las Madres dijimos ‘¿por qué no?’ (A que todos los participantes de la movilización cargaran con su propio pañuelo, NdR). El pañuelo es el símbolo de los 30 mil desaparecidos. Es una lucha que no se afloja. Seguiremos adelante. Son 30 mil pañuelos”, subrayó.

“En esta jornada histórica, el pueblo y los organismos reunidos en esta histórica plaza, decimos bien fuerte ‘nunca más’. Nunca más, a la impunidad, a la tortura, a los violadores y apropiadores de niños. Nunca más a los privilegios para criminales de lesa humanidad. Nunca más a los genocidas sueltos, al terrorismo de Estado, al silencio. No queremos convivir con los asesinos más sangrientos de la historia argentina. Ni que nuestros hijos ni futuras generaciones deban hacerlo. Nuestro pueblo no merece ser condenado al olvido”, planteó con voz firme la referente de Madres Línea Fundadora.

Almeida también cuestionó en duros términos al máximo tribunal, sobre todo a Rosenkrantz, Highton y Rosatti, a quienes responsabilizó por el fallo “que abrió la puerta a la impunidad”. Sus palabras fueron acompañadas por un sonoro abucheo del público. “Les recordamos que el ‘2×1’ sólo rigió entre el 94 y el 2001. Nació como una necesidad para descomprimir la situación de las cárceles y era para personas sin sentencia”, puntualizó.
Cortiñas, al momento de tomar el micrófono, mencionó a algunos represores por su nombre y apellido. Los identificó por los delitos que cometió cada uno de ellos. También nombró a Miguel Etchecolatz: lo responsabilizó por la doble desaparición de Jorge Julio López. La también dirigente de la Línea Fundadora pidió justicia por los “niños y niñas a quienes les robaron la identidad”, recordó las decenas de miles que fueron arrojadas vivas al mar. Luego dedicó unas palabras a “los torturados, asesinados y enterrados en tumbas desconocidas”. “Los delitos de lesa humanidad no son comunes, no prescriben, no son amnistiables. La CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, NdR) niega beneficios para esos crímenes atroces, tal como señalaron (Juan Carlos) Maqueda y (Ricardo) Lorenzetti (los jueces de la Corte que emitieron el voto de minoría en el fallo controvertido del ‘2×1’, NdR)”, enumeró Cortiñas. “Los genocidas siguen sin confesar los destinos de nuestros hijos”, completó.

Después llegó el turno de la presidenta de Abuelas. Con un mensaje dirigido, de modo individual, a cada asistente a la concentración, Carlotto exhortó a “cada uno, desde su espacio” para que “realice acciones pertinentes para dar vuelta ese fallo”. Enseguida agregó: “Los organismos no estamos solos como en otras épocas. Contamos con el apoyo de referentes de la cultura, del deporte, del arte, de distintos signos políticos y partidarios y, fundamentalmente, del pueblo, que hoy es más sabio, más comprometido y más fuerte”, remarcó. “Tenemos que enfrentar a un pasado siniestro, que quiere consolidarse como presente y futuro”, arengó.

En línea con lo que se había redactado en el documento de consenso, Carlotto advirtió que la dictadura «no es un hecho de un pasado lejano”. “Haremos oír nuestra voz en todo el mundo. Sabemos que la democracia se construye entre todos, todos los días. Señores jueces, ¡Nunca más! ¡Levantemos los pañuelos!”, prometió y obtuvo una gigantesca respuesta del público, que llenó de pañuelos blancos la noche de Buenos Aires.

Acompañamiento plural y diverso

La concentración a la que habían convocado las Madres y las Abuelas, a la que luego se sumó el espacio de Memoria, Verdad y Justicia, tuvo el apoyo de un heterogéneo y plural arco político, social y cultural. En la zona del palco, a ambos lados del escenario y también sobre la plataforma, se pudo ver a gremialistas de la CGT y la CTA, como Omar Plaini, Juan Carlos Schmid y Julio Piumato; a los secretarios generales Hugo Yasky y Pablo Micheli; a diputados nacionales del Frente para la Victoria (FpV), de Libres del Sur, de la Frente de la Izquierda y los Trabadores. También hubo presencia de actores, periodistas, abogados ligados a los DDHH. Se observó asimismo la participación de algunos ex jueces, como Carlos Rozanski, y de miembros del ministerio público fiscal.

«Esta respuesta popular tiene que ver con la destrucción de lo que la Argentina había construido en los últimos años, y en lo que había construido en toda la región», advirtió Schmid al jerarquizar y valorar los resultados de las políticas de Derechos Humanos alcanzadas en la última década. “Solo la lucha política y la movilización pueden revertir decisiones como las de la Corte. Esto está demostrado en esta marcha, para que no se vuelva a repetir el perdón a los genocidas», aseguró Yasky. “Con el fallo de la Corte Suprema de Justicia, la Argentina retrocede 30 años», señaló Micheli, de la CTA Autónoma. Al lado de Yasky caminaban la titular de CTERA y líder del gremio docente de Santa Fe, Amsafé, Sonia Alesso, y el titular de Suteba, Roberto Baradel.

Junto a las Madres y las Abuelas, como suele suceder en estos actos, se encontraron además un número significativo de hijos de desaparecidos, la mayoría nietos apropiados que recuperaron su identidad en los últimos años. Por allí se lo pudo ver a Manuel Gonçalves, hermano del bajista de Los Pericos; a Tatiana Sfiligoy, la primer joven en recuperar su identidad, hoy una mujer de alrededor de 40 años; entre muchos otros. Los conductores del acto fueron, también, hijos de desaparecidos: eran Carlos Pisoni y Amy Rice Cabrera, miembros de la agrupación del mismo nombre. En el palco se pudo ver también al ex diputado Jorge Rivas, de Unidad Socialista para la Victoria; al periodista Horacio Verbitsky; a la diputadas Liliana Mazure y Carolina Gaillard (FpV), Victoria Donda (LdS), a los periodistas y conductores de radio Bernarda Llorente y Claudio Villarruel. La lista de las personalidades presentes se completaba con el abogado Juan Grabois, dirigente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP); el presidente del Club San Lorenzo Matías Lammens; el ex secretario de Deportes Claudio Morresi, hermano de un desaparecido; el dirigente del Parlasur Daniel Filmus; el ex embajador en Bolivia Ariel Basteiro, dirigente del socialismo en Ituzaingó, y el dirigente social Juan Carr, de la ONG Red Solidaria.

El acto concluyó en un clima de alegría y con un cantito de estrofa casi futbolero que se popularizó para esta ocasión. “Teke/ teke/ toka/ toka/ la memoria no se toca/ los milicos a la cárcel/ 2×1 las pelotas”, coreó la multitud. Luego siguió la desconcentración, que se inició en orden mientras desde los parlantes sonaba “La Memoria”, de León Gieco. El músico tenía previsto cantar ese tema desde el escenario pero la dimensión del acto y la cantidad de gente le impidieron llegar hasta la zona del palco. Igualmente, para cumplir con su palabra, Gieco difundió un video desde las redes sociales: en las imágenes se lo veía cantar aquella canción, dedicada a Carlotto y a las Madres, desde las cocheras subterráneas del Congreso.

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