Europa en guerra, a 80 años de la derrota del nazismo

Por: Alberto López Girondo

Esta semana se celebra un nuevo aniversario de la caída de Berlín y no solo no hay acuerdo sobre el día que corresponde recordar, sino que Trump ahora dice que Estados Unidos es el país que más hizo por vencer al Tercer Reich. Los resabios nazis en el mismo escenario.

La última batalla de la Segunda Guerra Mundial en Europa finalizó el 2 de mayo de 1945, cuando las tropas hitleristas rindieron Berlín ante el Ejército Rojo. Dos días antes, el 30 de abril, Adolf Hitler y su sequito más fiel se habían quitado la vida en el búnker en que se habían refugiado cuando el avance de las fuerzas soviéticas sobre el Tercer Reich ya resultaba indetenible. El general Helmuth Weidling depuso sus armas ante el general Vasili Chuikov, pero formalmente no era el personaje que debía capitular en representación de los alemanes. Eso llegaría unos días más tarde, el 8 de mayo. No, perdón, el 9 de mayo. En realidad, según quien la cuente, hay dos fechas para celebrar el fin de la sangrienta contienda que había dejado una cifra estimada en unos 80 millones de muertos y había rediseñado el mundo de modo irreversible. O no tanto, hay que decir a 80 años de aquella carnicería que se desarrolló en los mismos escenarios de la que había terminado en 1918 y en los que hoy día esos mismos protagonistas coquetean con otra conflagración que pocos dudan, podría esta vez sí ser definitiva, pero por la extinción de la humanidad.

Las últimas novedades en torno a este “teatro de operaciones” parecen contradictorias. El presidente de Ucrania finalmente aceptó el apriete de Donald Trump y firmó el acuerdo para la explotación de recursos minerales que serviría para solventar lo que llamaron ambiguamente “Fondo de inversiones para la reconstrucción” del país, devastado en una guerra con Rusia que el mandatario estadounidense ya le había dicho que no podía ganar. Al mismo tiempo que logra poner un pie en el terreno en disputa, el empresario inmobiliario que se aloja en la Casa Blanca avisó que, desde ahora, el 8 de mayo será el Día de la Victoria, en la II-GM y al 11 de noviembre el Día de la Victoria en la I-GM. “Muchos de nuestros aliados y amigos celebran el 8 de mayo como el Día de la Victoria, pero hicimos mucho más que cualquier otro país para lograr un resultado victorioso en la Segunda Guerra Mundial”, escribió en su red social Truth, torciendo groseramente hechos incontrastables, como que la Unión Soviética perdió bastante más de 25 millones de personas, la abrumadora mayoría de ellas civiles. Y que el segundo país que más víctimas sufrió fue China, con una cifra cercana a los 20 millones. Estados Unidos figura bien lejos de estos atroces guarismos, con poco más de 500 mil muertos. Claro, se peleaba en Europa y Asia, no en el continente americano, lo que torna en grotesca la afirmación de Trump. Sobre todo porque esa nación emergió como la economía más poderosa del mundo y tuvo el empuje como para digitar condiciones para ser líder de occidente y llevar a cabo una Guerra Fría contra el mundo socialista que se consolidaba para la misma época.

Digamos a todo esto que Rusia celebrará el Día de la Victoria el 9 de mayo y que el presidente Vladimir Putin invitó a Zelenski a una tregua entre el 7 de mayo y el 11, que el jefe de Estado ucraniano rechazó olímpicamente. No solo eso, dijo a modo de ironía que el gobierno ruso estaba preocupado por si puede celebrar el desfile militar con que acostumbra recordar el fin de lo que en esos lares de llama La Gran Guerra Patria. “Están preocupados y con razón”, amenazó. El vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo que «habrá el desfile, y nosotros lo observaremos con orgullo».

Ahora vayamos a las fechas. Que lo de Trump no es novedoso ni creativo. Los aliados -el Reino Unido, Estados Unidos y la Francia que desde el exilio lideraba el general Charles de Gaulle, no la de Vichy, afiliada a los nazis- esperaron a que el Reich se estrellara frente a la resistencia soviética antes de intervenir contra el régimen hitlerista. Así, el general al mando de las fuerzas aliadas, Dwight Eisenhower se atribuyó la prerrogativa de firmar la rendición alemana con el que fungía como jefe de la Wehrmacht, Alfred Jodl, en la ciudad francesa de Reims. El cese de hostilidades sería el 8 de mayo.

Hete aquí que Josef Stalin protestó que la capitulación debería ser entre oficiales del más alto rango y que la URSS era la que había derrotado a los alemanes y rendido Berlín. Por lo tanto, el mariscal de campo Wilhelm Keitel, jefe a la sazón de Jodl, tuvo que ir a Karlshorst, en los alrededores de Berlín, y estampar su rúbrica ante el mariscal Georgy Zhukov junto a un grupete de representantes aliados. Ya era 9 de mayo en Moscú. El peor baldón para esos jefes militares no había sido tanto aceptar la derrota como tener que hacerlo ante generales de un estado comunista, al que habían querido destruir con fervor desde antes de la Operación Barbarroja, iniciada en junio de 1941.

En Londres, el Día de la Victoria en Europa (VE Day), será recordado el jueves 8 con una parada militar y una exhibición aérea. En Francia el “Huit May” tendrá también su desfile militar y se colocará una ofrenda floral en la Tumba del Soldado Desconocido. En Alemania se homenajeará a los que resistieron al régimen nazi.

Trump, por su parte, espera su desfile militar para el 14 de junio, en ocasión del aniversario del Ejército de Estados Unidos. Según la agencia AP, la fecha coincide con el cumpleaños 79 del presidente. Pero debe ser una casualidad…

Rubios de ayer y de siempre

La Operación Militar Especial que desplegó Rusia desde el 22 de febrero de 2022 tenia como objetivo “desmilitarizar y desnazificar” a Ucrania, según el objetivo manifiesto del presidente Vladimir Putin. Y se basaba en evidencias de que sectores de ultraderecha eran los que venían realizando los ataques contra las poblaciones rusofónas del Donetsk desde 2014, tras el golpe contra Viktor Yanukovich. Y sí, grupos filonazis como los que adscriben a Stepan Bandera, convertido ahora en héroe nacional en Ucrania, están diseñando lo que sería la nacionalidad ucraniana en esta última década.
Al cabo de ocho décadas, el neonazismo se extiende en occidente de manera peligrosa. Y los alemanes, curados de espanto, buscan poner freno a esas expresiones antidemocráticas. Por ejemplo, la agencia de inteligencia interior germana clasificó este viernes al partido Alternativa para Alemania (AfD) -que en febrero se ubicó como la segunda fuerza más votada, con el 20% de los sufragios- como una “organización de extrema derecha” que “atenta contra la dignidad humana”, tras una investigación que consideran exhaustiva.
El secretario de Estado, Marco Rubio, ahora fortalecido internamente en el gobierno de Donald Trump tras el desplazamiento del consejero de Seguridad Nacional Mike Waltz, señaló a Alemania como “una tiranía disfrazada”- «Lo verdaderamente extremista no es la popular AfD, que quedó segunda en las recientes elecciones, sino las mortíferas políticas de inmigración de fronteras abiertas del ‘establishment’ a las que se opone la AfD», declaró Rubio.

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