Los apagones masivos de fin de año y mitad de enero fueron causados por la salida de servicio de dos de las principales unidades de toda el Área Metropolitana, la de Bosques y la de Morón.

El 16 de enero fue el turno de Edenor, la otra empresa con concesión en la zona norte del Área Metropolitana. En su caso, se trató de 800 mil usuarios afectados en el momento de mayor impacto.
En ambos episodios, el problema que originó el corte del servicio fue la salida de servicio de una subestación. En el caso de Edesur, una ubicada en Bosques, localidad cercana a Berazategui; en el de Edenor, una en Morón, en pleno oeste del conurbano.
Las fallas en ambas subestaciones puso la lupa sobre el estado de funcionamiento de estas piezas clave del entramado eléctrico de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.
El sistema de distribución eléctrica del AMBA atraviesa un estado de fragilidad estructural que se manifiesta especialmente durante los picos de demanda por calor. Según informes del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) los eventos recientes muestran que varias subestaciones operan al límite de su capacidad o presentan fallas críticas por falta de mantenimiento y de inversiones.
La fragilidad que sufren las subestaciones eléctricas es clave por la función que cumplen: establecer los niveles de tensión adecuados para producir, convertir, regular y distribuir la energía eléctrica. Además, las subestaciones de Bosques y Morón son de las más importantes de todo el sistema eléctrico del AMBA, por su potencia instalada y cantidad de usuarios que atienden. Edenor tiene 85 subestaciones y Edesur, 72.
Según informes de la asociación Defensa de usuarios y consumidores (Deuco), cuando una subestación eléctrica opera por encima de su capacidad de diseño —o no tiene margen de maniobra ante un pico de demanda— se desencadena una serie de fallos técnicos que escalan rápidamente de un inconveniente barrial a un problema de seguridad pública.
La sobrecarga de las subestaciones puede tener consecuencias como “disparos por sobrecarga”, donde los interruptores automáticos “saltan” para cortar el paso de la energía en la zona. Si la carga no se alivia, el sistema puede intentar derivarla a subestaciones vecinas, las cuales, al estar también al límite, fallan sucesivamente, creando un efecto dominó o apagón masivo. Si se contempla el hecho de que las subestaciones son las que sostienen hospitales, estaciones de bombeo de agua y telecomunicaciones, la situación se vuelve mucho mas compleja.
Los cortes de luz masivos o apagones como los ocurridos en enero no son un hecho aislado; tampoco tienen por causa central a las altas temperaturas. Al contrario, el hecho de que verano tras verano millones de usuarios sufran esta precariedad responde a la desinversión que llevan a cabo las concesionarias.
Según Deuco, hay tres factores principales que llevan a la situación actual: un desbalance entre inversión y tarifa, debido a que, aunque entre enero 2024 y enero 2026 hubo aumentos tarifarios fuertes, las empresas argumentan que la actualización del VAD (Valor Agregado de Distribución, la parte de la factura que va a los bolsillos de las distribuidoras) aún no compensa los años de bajos ingresos y por ende de desinversión en redes de media y baja tensión. Por otro lado, hay una alarmante falta de redundancia, es decir, si una subestación falla (como en Bosques y Morón), no hay suficientes vías alternativas para absorber esa carga sin que el sistema se “desenganche” para protegerse. Por último, el aumento del consumo en sucesivos veranos dejó en evidencia que la infraestructura actual no fue actualizada para responder al uso masivo y simultáneo de aires acondicionados.
Como consecuencia de la falla que afectó a más de un millón de usuarios en Bosques, el ENRE realizó la supervisión física de las tareas de reparación y recambio de los interruptores dañados, al tiempo que reclamó que se acelere la obra que une la subestación Mitre, que debería funcionar como respaldo de la de Bosques.
Pero esta solución se encuentra en empantanada debido a que el sistema opera “sin margen”, con cables y transformadores al 100% de su capacidad. En esas condiciones, las obras apuntan a convertirse en parches para evitar cortes programados, lo que genera un círculo vicioso de soluciones parciales hasta que baje la temperatura en otoño.
Entre 2024 y 2026 tanto Edenor como Edesur lanzaron planes de “contingencia y previsión” para superar la demanda del verano, pero como estos planes se insertan en la política del “día a día”, no reemplazan la inversión y las obras de fondo necesarias para mejorar el funcionamiento del servicio eléctrico.
Sin una presión concreta del Estado y el ENRE sobre las concesionarias solo habrá parches momentáneos y no soluciones reales para los millones de usuarios del AMBA. «
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