Columna de opinión, por Gimena Fuertes.

Haber salido masivamente a pedir que no nos maten con una consigna tan defensiva como ni una menos, evidencia que los Derechos del Hombre, promulgados en 1789 tras la Revolución Francesa eran posta sólo del hombre.
El feminismo argentino es un movimiento profundo, popular, masivo, histórico y dinámico que salió del clóset hace poco, pero que nació con la democracia. Y si me apurás, te tiro la fecha de cumpleaños: el día de la condena a Carlos Monzón el 3 de julio de 1989.
Pero hasta no hace mucho nos hablábamos entre nosotras solamente. Ojo, fue necesario ese momento. Nos necesitábamos. Nos fortalecimos juntas. Pero éramos un movimiento social, el movimiento de mujeres. No éramos un movimiento político.
Recién ahora estamos siendo más ciudadanas, más dueñas de nuestros derechos, que de igual modo, la mayoría de las veces no se cumplen. Por ejemplo, las mujeres trabajamos más adentro y cobramos menos afuera. No se paga, pero sabemos que nuestro trabajo vale. Y vos, patrón, también lo sabés, por eso nos ninguneas.
Pero este 8 de marzo te paramos el país. Las reivindicaciones son de muchos órdenes, pero la arena en la que peleamos es la política. Discutimos en pie de igualdad con quienes quieran. E interpelamos a otro sujeto histórico típico argentino. Habrá que ver qué hace el tan masculinizado movimiento obrero organizado. Habrá que ver de qué lado están.
Seguí la cobertura especial de Tiempo rumbo al Paro de Mujeres del 8M en: <http://parodemujeres.tiempoar.com.ar/>
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