Es una provincia para descubrir a fondo. Su oferta gastronómica y hotelera forman parte del descanso ideal para vivir la naturaleza pura y salvaje. Un clima amable -máximas de entre 24 a 28 grados- desde julio hasta septiembre invitan a pasar un verano en pleno invierno.

Con sus 400 mil hectáreas distribuidas en una franja de 220 km de largo por 20 de ancho, la reserva Natural Provincial es el tercer humedal más grande del continente después de Mato Grosso (Brasil) y los esteros del Iberá en Corrientes. Se puede acceder en vehículo propio y llegar hasta Las Lomitas donde hay hoteles, restaurantes y estaciones de servicios y luego por Ruta Provincial 28. Es un camino de asfalto hasta el sitio llamado “El Vertedero” cerca del cual funciona la oficina de informes y un área de uso público con mesas y parrillas, sanitarios y wifi.
En el recorrido es posible visitar la comunidad Pilagá, “Campo del Cielo” y conocer la forma de vida, cultura y los trabajos en cestería con fibras naturales que realizan las familias. Además, hay senderos de interpretación de flora y fauna con guías de sitio. La lengua Pilagá es la que se habla y la segunda lengua es el castellano y se recomienda ir con guías de naturaleza y de turismo de la región.
Para conocer a fondo el Bañado La Estrella muchos recomiendan ingresar por la Ruta Provincial 32 desde el acceso de Fortín La Soledad, un paraje a 65 km de Las Lomitas, desde el que se puede conocer la cultura del lugar. Hay alojamiento sencillo para pasar la noche. Las dos excursiones se pueden realizar desde Las Lomitas en el día y son dos experiencias diferentes, porque la naturaleza se combina entre las comunidades y el paisaje con las especies y los bosques sumergidos. Hace pocos años fue elegida como una de las Siete Maravillas Naturales de la Argentina y también fue declarada Área Importante para la Conservación de las Aves (AICA).
Entre las comunidades originarias también la historia de los inmigrantes integran parte de la experiencia. Incluso pioneros que eligieron al territorio formoseño como su lugar en el mundo forman parte de este mundo al natural que ofrece Formosa. “Vinimos buscando otros horizontes y nos quedamos. Nos enamoramos del paisaje, del ritmo, del silencio. Hoy queremos compartir eso con quienes se animen a mirar con otros ojos”, le dice Carlos Spagarino o “Puli”, como le dice todo el mundo, a Tiempo cuando relata su vida desde que tomó la decisión junto con su compañera de Gisela Infantino en la localidad del Gran Buenos Aires de Bernal para llegar hasta este sitio unos 20 años atrás.
“Así nace El Jabirú Excursiones (IG: @eljabirú_avistajes), un proyecto de travesías por el monte y el bañado, donde la observación y la contemplación de la naturaleza marcan el camino”, contó. A este sitio se puede llegar en avión hasta Formosa capital y de ahí 300 km más hasta Las Lomitas, hay transfer y micros. Otra opción es ir directo desde la terminal de Retiro hasta Las Lomitas.
El naturalista dice que a la Reserva Natural Provincial la llaman “bañado pero geográficamente es el desborde de un río, el agua baña los campos y, en este caso, es el río Pilcomayo que baja de Los Andes bolivianos. Al cambiar la pendiente y transcurrir por la llanura se desborda y cambia el cauce y empieza a inundar los campos, pierde el cauce principal que es el límite con la vecina República del Paraguay y la parte de la Argentina, nuestra parte, es el bañado La Estrella”.
Acá es muy común escuchar “jabirú” porque se trata de la cigüeña más grande del continente. Hay tres grandes cigüeñas. El Jabirú es la de mayor tamaño, puede medir entre 120 y 140 centímetros de altura y unos 2,40 o hasta 3 metros de envergadura con las alas abiertas. Es blanca, de cuello y cabeza negros y un collar de plumas rojo fuego muy elegante. Las otras dos cigüeñas grandes que le siguen son la cigüeña Americana que es blanca y negra y la Tuyuyú que es blanca y de cabeza pelada y pico curvo.
“Después del ñandú, es el ave más alta y de envergadura es como ver un cóndor andino con patas largas”, graficó Spagarino. “ Vuelve cada año al mismo nido, con la misma hembra donde criará unos 2 a 4 pichones por temporada”, dice el naturalista y recomienda visitar el bañado de junio a septiembre porque es justo el momento en que las aves vuelven, anidan y en primavera nacerán los pichones. Así, el ambiente se transforma con el agua que se aquieta y devuelve postales donde se confunde cuál es la superficie del agua que forma el bañado y cuál es el cielo. Un juego de espejos que integra un espectáculo silencioso e inolvidable.
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