Ganar la calle, volver a la lucha

Por: Juan Carrá

Dicen que lo primero que piensa un hombre cuando pierde su libertad es en recuperarla. Más cuando el deseo de ganar la calle no tiene que ver con una empresa personal, sino con un proyecto colectivo, de poder. La Unidad Penal 15 de Río Gallegos era una de las cárceles más seguras de la Argentina. Corría marzo de 1957 y la autodenominada “Revolución Libertadora” que se había propuesto desperonizar el país eligió esas mazmorras para concentrar a los opositores políticos más importantes. No faltaría mucho para que se pusiera en marcha una de las fugas más espectaculares de la historia.

El delegado de Perón, John William Cooke; el dirigente de la Alianza Libertadora Nacionalista, Guillermo Patricio Kelly; el diputado electo en 1952, Pedro José Gomis; José Espejo, dirigente histórico de la CGT; el empresario peronista y amigo personal de Perón, Jorge Antonio; y el futuro presidente, Héctor José Cámpora eran los actores. El penal, el escenario. La acción: una serie de complicidades con los carceleros, el apoyo militante desde afuera y un viaje a campo traviesa hasta la frontera con Chile, que terminó en asilo político.

“Seis jerarcas del régimen depuesto han logrado escapar de la cárcel de Río Gallegos”, tituló la prensa. Y la noticia fue considerada una victoria para el pueblo. Las huelgas del ’56 habían sido una gran muestra para el régimen de que no le sería fácil torcer el brazo del partido mayoritario. A pesar del terror que quisieron instaurar con los fusilamientos de José León Suárez, en las calles se reclamaba por la vuelta de Perón y en contra del plan económico.

 La Libertadora no tardó en pedir la extradición. No pudo conseguirla. Guillermo Patricio Kelly tuvo un proceso más largo, que terminó con una nueva fuga. El resto fueron liberados. Desde que Cooke llegó a Santiago, se encontró con su esposa y apenas pudo reavivó su correspondencia con Perón. En la carta se mostraba feliz por haber concretado la fuga, pero sobre todo por estar una vez más a disposición para lo que estaba por venir.

A Cámpora la experiencia de esa fuga lo marcaría para siempre. Algunos dicen que desde entonces se ganó el respeto del General y que por eso en 1971 lo nombró delegado y posteriormente candidato a la presidencia por el Frejuli. «

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