Garrahan: otro ladrillo en la pared

Por: Demián Verduga

Milei dice que no hay plata para nada, excepto para los especuladores y para la SIDE.

Un pequeño pelotón camina por el pasillo que lleva al escenario del auditorio. Están vestidos con ropa militar de estilo prusiano: pantalones anchos a la altura de los muslos, la parte de la pantorrilla metida dentro de las botas. Llevan puesto un brazalete con el símbolo de dos martillos cruzados en forma de X. Mientras marchan hacia el escenario, el golpe de los tacos de las botas contra el piso de cemento marca un ritmo parejo, constante.

En el auditorio la escenografía evoca el estilo de los actos de los nazis en la Alemania del siglo pasado. El símbolo de los martillos que forman la X se ve en banderas de fondo negro repartidas por todo el lugar, simulando la cruz esvástica. Las mujeres de mediana edad esperan ansiosas la aparición del líder con sus hijitos en brazos y los hombres miran atentos hacia el escenario, mientras un soldado se pasea entre la gente llevando de la correa un pastor alemán que olfatea, como buscando algo prohibido.

Es parte de la escena de la canción «In the flesh» de la película Pink Floyd The Wall, estrenada en 1978.

Sigue: el protagonista, Pink, con su uniforme prusiano negro, su brazalete, y la cabeza rapada, sube al escenario y comienza hablar-con un tono estridente. “¿Así que querían venir al show?”. “Ahora veremos de qué lado están”. El público responde con aplausos fervorosos. “¿Hay algún marica está noche?”. Al fondo del auditorio un grupo señala a un joven rubio y varios soldados se meten entre el público para sacarlo. “Llévenlo a la pared”, dice Pink, desde el escenario.

Luego, mirando a la audiencia, dice: “Ese parece judío. ¡Llévenlo a la pared!”. Los soldados prusianos corren, se meten a los empujones y lo sacan.

Después vendrá uno pecoso, otro con aspecto de adicto, otro de piel oscura, hasta que Pink gritará desde el escenario: “¡Si fuera por mí, los fusilaría a todos!”. Y el público responderá con una explosión de júbilo.

La escena magistral de la película dirigida por Alan Parker muestra lo imparable del círculo del odio. Podría ser una representación de la Argentina gobernada por Javier Milei. Primero fue el feminismo, luego los jubilados, después los comedores populares, los trabajadores del Estado, los enfermos de cáncer, ahora los niños que se atienden en uno de los mejores hospitales de América Latina, el Garrahan. El círculo del odio mileísta crece, se expande, es como un incendio en una pradera seca. Es el combustible principal del presidente y sus súbditos. Estimular el odio contra cualquiera que se ponga enfrente o contra las próximas víctimas que están en la mira de la motosierra.

Pero hay otro aspecto que es importante señalar. En las críticas al presidente suele cometerse un error conceptual. Suele decirse que la crueldad se hace en alguna medida en nombre del equilibrio fiscal. Y hay ahí una confusión.

Es mentira que el gobierno nacional equilibra las cuentas. Va a dejar un descalabro macroeconómico como todos los gobiernos que han sometido a la Argentina a la lógica del endeudamiento, que siguiendo las comparaciones con el cine funciona como la Matrix que chupa la energía del cerebro humano, que en este caso es la capacidad de producción del pueblo argentino.

Cuando no quede nada, se irán dejando tierra arrasada. No es déficit cero. Es quitarles a los niños con cáncer, los jubilados, los estudiantes, los emprendedores que tienen empresas medianas y mandarlos a todos contra la pared, como diría Pink, para direccionar esos recursos a los especuladores financieros.

Milei dice que no hay plata para nada, excepto para pagar la deuda y aumentar los fondos reservados de la SIDE para espiar y perseguir adversarios, para alimentar a los pastores alemanes que buscan sospechosos, para inflar la maquinaria del odio que montaron en las redes y poder continuar con el saqueo. «

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