José Garriga Zucal es antropólogo, doctor por la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigador del CONICET y académico de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales (Esc-IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Se especializa en el estudio de las violencias, con énfasis en el fútbol y en las fuerzas de seguridad.
En su nueva obra interroga ¿El conurbano es violento? ¿Es salvaje? Y así se sumerge en una de las preguntas más incómodas y urgentes de la Argentina contemporánea: Cómo se construyen, usan y legitiman las violencias en las villas del conurbano bonaerense.
Durante la charla que Garriga Zucal mantuvo con Tiempo contó que el libro tiene varios objetivos, pero el principal puede ser discutir cómo se usa la violencia en los barrios populares: “Ver que están condicionados y relacionados con las formas de intervención del Estado en esos barrios”, apuntó.
Y completó: “Hay que analizar cómo el resto de la sociedad percibe a esos barrios. Lo que me interesa discutir es que todo lo que pasa en los barrios populares no es violencia”.
“Los villeros no son violentos”
Continuó explicando que cuando habla de barrios populares se refiere a las villas. Consideró que siempre es un error reducir y pensar que los villeros son violentos. Por eso, recomendó pensar la relación entre villa y violencia mostrando que puede ser que en algunos casos haya más violencia en las villas que en otros barrios.
También dijo que eso tiene que ver con los procesos de segmentación espacial. Las representaciones territoriales de esos espacios y la lógica de intervenciones estatales en esos espacios, que hace que la violencia sea un recurso más eficaz que otros recursos.
El investigador remarcó. “A mí me gusta interpretar la violencia siempre como un recurso, que se usa o no se usa, según el criterio de legitimidad. La propuesta del libro es entender que el criterio del uso de legitimidad en los barrios y las villas tienen que ver con lógicas de cómo están segmentados estos espacios, cómo se interpreta estos espacios”.
Garriga Zucal aseguró que el primer objetivo es no reducir estos sectores populares a la violencia y que cuando se usa la violencia es el resultado de los condicionamientos sociales. Y que el primer argumento teórico del libro es entender la violencia como un recurso.

Criterios socialmente construidos
Por lo tanto, recomendó: “No pensarla como una característica de la falta de sentido, de razón y lógica, sino entender que todos podemos usar las violencias y que el uso de las violencias en las villas tiene que ver con criterios socialmente construidos”.
Entonces, que algunos vecinos usen -en alguna circunstancia determinada- la violencia tiene que ver con criterios de legitimidad, porque usar la violencia como un recurso permite pensar cuando se usa y cuando no. Sostuvo que lo que dice es tanto para los policías, los vecinos y los transas. Recomienda pensar en cómo estos tres actores usan la violencia en las villas.
“Se trata de entender que el uso de la violencia -aseguró el académico- tiene que ver en cómo la sociedad define a esos espacios, con los criterios de legitimidad de esos espacios. También en cómo es la regulación de estos actores”.
Agregó que una de las cosas más interesantes para él es, recalcar que la violencia se usa más o menos según la intervención de otros actores que en estos barrios son importantes. Por ejemplo, las organizaciones sociales, las iglesias, el trabajo cotidiano de ciertas organizaciones políticas y la intervención del Estado. Cree que así se regulan las conflictividades y eso hace que se use más o menos la violencia.
Distintos tipos de violencias
Garriga Zucal enfatizó: “El uso de la violencia se origina de formas diferentes, tiene que ver con lo que uno aprende en términos de socialización, puede usar la violencia para tres cosas particulares. Para hacerse respetar, para ganar prestigio en determinados espacios, como forma de solucionar problemas, o en algunos casos, por placer”.
Y remarcó. “Me parece que es una dimensión importante entender la violencia vinculada al placer. Si uno entiende estos usos de la violencia, se puede entender que todos usamos la violencia; no solo los pobres”.
El investigador señaló que un punto central es no reducir el uso de la violencia a los más pobres. Porque eso es pura estigmatización. Y aseguró, para que algo mejore, cree que hay que mejorar las formas de intervención del Estado en los barrios, porque muchas veces su forma de intervención, por más bien intencionadas que estén, reproducen las segmentaciones espaciales.

Actores centrales en los barrios
Consideró que hay que fomentar las lógicas de intervención que no son estatales, que siempre existieron, porque son actores centrales en la intervención de los conflictos. Por ejemplo, los punteros barriales, el pastor, el vecino que conoce a todos, esas personas que ante los problemas podían resolver el conflicto sin llegar a utilizar la violencia.
“Pienso que son actores centrales en los barrios y que en los últimos años han perdido un poco el protagonismo y hay que dárselo nuevamente”, recomendó.
Aseguró que los policías, los transas y los vecinos usan la violencia. Pero puntualizó en que los policías legitiman más el uso de la violencia en las villas que en otros barrios. Y explicó que es así porque la legitimidad de la violencia es socialmente construida.
Por ejemplo, “no se trata de la misma manera a un vecino de la villa que a uno del barrio Belgrano. Entonces lo que hacen los policías es llevar a cabo la violencia en determinados lugares y en otros no. Me resulta interesante pensar en cómo la sociedad construye esos espacios donde la violencia es más legítima: hay que intentar cambiar eso”, concluyó Garriga Zucal.