Gastón Massenzio: del amor, el desamor, la vida y la muerte

Por: Belauza

El cantante, compositor y multiinstrumentista lanzó su sexto disco, un trabajo atravesado por el ritmo de la pandemia y el encierro. “Siento que encuentro más deslumbramiento en la vida real urbana que en la búsqueda de cosas intangibles”, destaca.

“Me encanta la astronomía, pero no creo que sea la única manera de descubrir el universo”, arma Gastón Massenzio una definición poética no buscada de su último disco, que no por casualidad lleva su nombre. No es que se lanzó a descubrir el universo a través de la música, sólo que, en sus palabras, cambió el eje. Que en esa metáfora es como decir que probó cambiarle la trayectoria a algún astro, y ver qué pasaba. “Tiene que ver con un cambio de eje, sentí que tenía que sacar fuera algo que estuviera vinculado con la observación de la vida y de lo urbano, de lo cotidiano y de las pulsiones, que tiene que ver con el amor, el desamor, la vida, la muerte, y decir las cosas desde una voz mucho más clara y contundente.” Vaya si lo hizo.

La modificación de una órbita que cambia otras y resulta en un “encuentro en las pulsiones más primarias como el amor, la vida, la muerte, el dolor, la soledad, la búsqueda existencial, todo ese conglomerado de dudas, sentimientos, emociones”, le hizo sentir que todo está “muy al alcance de la mano”.  “Siento que encuentro más deslumbramiento en la vida real urbana y cotidiana que en búsquedas abstractas de cosas intangibles. Dejé de tener inspiración en cuestiones que tenían que ver con la contemplación de la naturaleza y de lo global, cambié el eje por completo y eso me parece que repercutió mucho en el resultado de las canciones y de las formas en las que están hechas.”

-¿A qué te referís con la visión global?

-Tenía el eje puesto en la naturaleza, la vida, otro enfoque, como si fuera más abstracto, entonces también las letras y la música tenían analogías que iban más de la mano de un tipo de poética. En cambio cuando empiezo a sacar fuera todo esto que siento, lo que pienso, lo que veo, me duele, me gusta de una manera mucho más cruda, sumado también a que cambié el instrumento, empecé a componer todo desde el piano, dio el resultado de todas mis otras influencias, y fue un cambio bastante rotundo.

Por sus otras influencias se refiere Fito Páez, Charly García, Elliot Smith, que se “escuchan” en Gastón Massenzio; y también, aunque menos, Elvis Costello. “Siento que hay necesidad del artista de querer mostrar el mundo a través de pequeñas historias y cotidianidades, y pequeñas vivencias donde también encontrar grandes verdades: si querés pintar el mundo, pintá tu aldea, dice el refrán. Por eso lo del cambio de eje.”

-Al principio de la pandemia tuviste un gran impulso creativo y en “Un año en casa” hablás de la llegada de una Navidad tan distinta. ¿Qué diferencias encontrás entre aquella necesidad de componer, esa Navidad y este presente de segunda ola?

-Siento que algo me estuvo rondando muy fuerte en la cabeza y el motivo por el que empezaron a aparecer estas canción es que se me generó un cuestionamiento muy fuerte de la motivación real, casi existencial, de para qué hacer música, qué quería decir y para qué lo hacía. Al poder parar el engranaje de moverme, empecé a preguntarme cuál es el sentido, y que quería dejar incluso ante tanta oscuridad rondando. Y eso me hizo cambiar lo que sacaba para afuera. Cuando llegó la Navidad sentía la extrañeza de la despersonalización individual, que pensaba que podía ser algo global, que mucha gente podía estar pasando por lo mismo: quién era uno ante un mundo que se detenía, y que al detenerse hace que uno deje de moverse, que es parte de nuestra esencia: qué empezaba a desmoronarse ante esa falta de movimiento. Y sentía que la familia, los vínculos reales y sinceros son bastantes inquebrantables, y los otros, lo que no lo son tantos, enseguida se derrumban ante situaciones así. Y ahí está Un año en casa. Si eso tendría que contrastarlo con el día de hoy, siento que siguen muy presentes esas motivaciones, que no son presa de una coyuntura sino que en lo personal se me refuerzan de acá a futuro.

Dulce pero no meloso, introspectivo pero no melancólico, tierno pero no llorón son algunas de las varias definiciones que le caben a este tan lindo disco de Massenzio, de belleza no deslumbrante pero muy acogedora -y tan necesaria por estos días-, en la que está orgulloso de haber estado en todos los instrumentos tanto como que lo hayan acompañado Lucy Patané y Fernando Samalea, y le haya hecho la portada Nora Lezano: “Durante el proceso de gestación del disco sentí que estaba mostrándome desnudo, mostrando quién era yo internamente, qué pienso de cada cosa, a sentir que estoy hablando de lo que siento más sinceramente. Siempre busco la sinceridad, pero en este caso, como estoy hablando de mi vida, mi realidad, mi historia, de lo que soñaba y veía para adelante en lo personal y lo colectivo, empecé a sentirme realmente como en un estado de desnudez. Hubo noches anteriores a la finalización del disco en las que me despertaba apesadumbrado: sentía que iba a salir algo que me iba a mostrar desnudo y expuesto. Y me puso muy contento que al escucharlo las respuestas a eso fueran tan positivas.”

Gastón Massenzio

Gastón Massenzio: Letra y música; voces, piano, teclados, guitarras y ovni drum. Disponible en  Spotify y YouTube.

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