Maltratos y violaciones son una constante en la disciplina que está en los Juegos Olímpicos desde 1896. Pese a las denuncias públicas después de Río 2016, a Tokio llega sin cambios y con la identidad de siempre.

Carlos Franch –63 años, director del Club Gymnàstic de Betxí, un pueblo de España en la provincia de Castellón– fue condenado en noviembre a 15 años de prisión después de que se confirmara que había abusado de menores de 13 años durante más de 20 años. La primera de las 12 gimnastas que denunciaron a Franch lo hizo de modo anónimo. Como la “Atleta A” en Estados Unidos. “En esos momentos intentas negar todo lo que está pasando para no hacerte daño a ti misma, pero llega un punto en el que te sientes tan hundida que necesitas apagarte: necesitaba apagarme para no sentir lo que sentía –le contó la gimnasta anónima a la periodista Eleonora Giovio en El País–. Lo negué y lo negué hasta que dije: ya, no lo aguanto más. Es que es o suicidarme o plantarle cara”. Ni Franch ni Nassar son “monstruos”, como suele calificarse a los abusadores sexuales. Se mueven, en la mayoría de las ocasiones, con la indiferencia de las propias federaciones y el silencio cómplice de otros adultos.
En 2018, el Comité Olímpico Argentino presentó una denuncia contra el entrenador de gimnasia Alejandro Sagreras a partir del testimonio de ocho víctimas (tres cuando eran menores de edad), exgimnastas de ahora más de 30 años. Sagreras integró el cuerpo técnico del equipo nacional entre 1986 y 2013. La causa no avanzó. Y Sagreras ya no vive en Argentina. El año pasado, en pleno parate por la pandemia, Ayelén Tarabini, una de las mejores gimnastas de la historia argentina, invitada en 2011 por Nassar a rehabilitarse de una lesión a Estados Unidos, anunció su retiro y habló de “malos tratos” del entrenador de la selección, el brasileño Roger Medina. De gritos y gestos. “Muchos entrenadores y padres tienen muy incorporado que vale la pena ‘sacrificarse’ en pos de un objetivo más grande. Ese es el gran problema. Hay cosas que uno toma como normales y no son: el maltrato, la manipulación, el tema de no poder comer, competir con fracturas”, dice Daniela Conde, gimnasta y exentrenadora de la selección, que renunció después de vivir situaciones incómodas en la disciplina.
En 2018, Fernando de Carvalho Lopes, exasistente del equipo de gimnasia de Brasil, fue denunciado por 42 gimnastas, víctimas de abusos morales, físicos y sexuales. En 2019, la histórica gimnasta mexicana Elsa García acusó a sus entrenadores franceses Éric y Cécile Demay de dejarla fuera de una prueba durante el Mundial de Stuttgart después de que sacara a la luz maltratos físicos y psicológicos. En un video, García mostró cómo Éric Demay le arrojaba una pesa a los pies durante un entrenamiento. Gimnastas de Gran Bretaña, Bélgica, Holanda, Australia y Nueva Zelanda contaron también sus experiencias. La británica Catherine Lyons recordó golpes con una vara y encierros en un armario. Lisa Mason contó que la obligaron a entrenar con las manos ensangrentadas, echándoles alcohol encima. “El entrenamiento de gimnasia es un trabajo duro, pero se puede realizar de la manera correcta para generar resultados hermosos, alegres e impresionantes, sin sacrificar el bienestar de los jóvenes ni silenciar sus voces –expresaron las gimnastas británicas–. El éxito se basa en la confianza, la ciencia y la comunicación, no en el control y la obediencia temerosa, incluso a través del dolor”.
Empresarios del sector aseguran que padecen “la tormenta perfecta”. El gobierno les pagó una parte…
La jueza federal Alicia Vence elevó a juicio oral la causa por la conocida "Masacre…
Lo reveló un informe del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA). La picada…
La marcha de los bombos, la vendimia bonaerense, Fiesta de la miel, cerveza, torta frita,…
El documento firmado por el mandatario da prioridad en turnos, cupos o prestaciones de diferentes…