Gisela Galimi: “Recuperar el cuerpo en el arte es imprescindible”

Por: Marina Cavalletti

En primera persona del presente, la autora bonaerense revisa su propia historia en “Una palabra tuya bastará para sanarnos”. El libro contiene notables instantáneas, datos, recuerdos y preguntas sobre la enfermedad que ella misma atravesó sin saberlo. El silencio para zanjar el estigma y la importancia de nombrar.

Gisela Galimi es poeta, periodista y narradora. A partir de ese tríptico de oficios escribió Una palabra tuya bastará para sanarnos (Alfaguara). Se trata de un relato autobiográfico con distintas capas sobre una dolencia “maldita”: en su adolescencia, padeció lepra. Sin embargo, no lo supo hasta los 21 años, cuando ya curada, sus padres se lo contaron. La omisión amorosa,  probablemente sucedió  para evitar un “infierno grande”, en el “pueblo  chico” de Lobos, donde la autora llegó a la vida.

“A los enfermos medievales, además de otras mutilaciones, con el tiempo la enfermedad les trastocaba la voz. Solo podían hablar bajito. Mi voz está intacta”. Anuncia Galimi en las primeras páginas de un libro que además de contar su propia historia, analiza la potencia del silencio, las corporalidades diversas y las diferentes formas de nombrar la enfermedad.

-Tu libro cruza el ensayo, la autobiografía, la investigación,  la poesía ¿esa hibridación se vincula con tu propio proceso con la enfermedad y sus vaivenes?

-Cuando comencé a escribir el libro, su escritura fue un camino sinuoso. No creo que sea  por la enfermedad, creo que generalmente la escritura lo es. Una junta pedacitos, cambia, gira, decide, escribe, borra, vuela. En algunos momentos gana el autor, en otros, la propia dinámica de la escritura, Comienzan a surgir ideas que se concatenan y, en algunos momentos milagrosos, logran textos mejores de los que habíamos pensando. En otros momentos toca seguir trabajándolos.

Al escribir tomé algunas decisiones. Quería que el libro estuviera en primera persona y en presente, para que el relato no se contara desde el pasado sino desde el hoy, y así mostrar la presencia de la lepra actualmente, pero también para mostrar la fuerza de la palabra que nombra. También decidí que no sea sólo una historia de vida. Entrevistar a otras personas se hizo importante para que el relato fuera completo. Al mismo tiempo, operó en la escritura el azar: el que muchas personas no me contestaran sobre sus dolencias hizo que empezara a contar el proceso de escritura dentro del libro mismo.

El resto es el resultado de mi experiencia anterior. Yo soy periodista y poeta. Creo que en cada oración esa puja está presente como matriz formal de esa hibridación que mencionás.

-Entre las páginas aparecen, además de datos y recuerdos, muchas preguntas,  pero ¿qué te llevó a escribir o para qué cristalizar tu historia? ¿cuál fue tu motivación? 

– Un amigo mío decía que las personas se dividen entre las que tienen las preguntas y las que saben las respuestas. Afortunadamente estoy entre las primeras. Y cuanto más te preguntás, más preguntas aparecen. Este libro se trató un poco de eso, de dar vueltas un tema, preguntarse un poco más, seguir tirando del hilito de la duda. Compartir la duda es un modo de mostrar lo no resuelto de este tema. Pero también lo que nunca podrá saberse. El libro habla mucho de los efectos del silencio en las personas. Y el silencio es una gran pregunta muda. Supongo que escribí para romper el silencio. Para ponerle palabra a lo que las personas, en mi caso la lepra, en otros casos otros temas, que la gente no se anima a nombrar. Y también escribí porque soy escritora. El hecho físico y estético de escribir me da felicidad. Y eso, creo, me llevó a pensar un libro que trata temas complicados desde una estética que apuntaba a la claridad y la belleza. Un libro donde pueda caber todo el amor con que mi familia me cuidó.

Foto: Gentileza Ana Iramain

-El entramado que proponés es polifónico. No solo se hace presente tu voz y tu historia, sino la de internos del Sommer, religiosos, terapeutas, tu entorno de afectos, otros enfermos del Caribe, Brasil, la posibilidad de Calcuta ¿cómo seleccionaste los testimonios y el recorte de cada uno en el libro? ¿el trayecto de una dolencia está más ligado a lo individual o a lo colectivo?

-Este libro lo escribí entre dos realidades: mi firme decisión de contar la historia y el silencio en que la lepra está inscripta. Callada como se calla al cuerpo que duele, y especialmente al que contagia. Como hoy toda la sociedad esconde lo que no es perfecto. Por eso los casos no sé si los elegí, francamente son los que fueron apareciendo. Un profesor amigo, algunas personas que viven en el Sommer, un colombiano que llegó por azar y una persona que conocí por internet. En el medio quedó mucha gente que prefirió no hablar. Sin embargo, de alguna forma mágica cada uno de los que dijeron sí vinieron a aportar su verdad y se construyó una verdad compartida, polifónica, más robusta. Y también menos solitaria.

Mi hijo Marcos dice que cuando tomás el camino correcto todo el universo confabula para que lo que tenés que hacer se cumpla. Este libro fue un poco así. En su momento cada persona vino a acompañar el proceso y se me hizo importante incorporarlo, como una crónica de la propia escritura.

Y, claro, creo que eso hizo al texto más poderoso, porque los textos polifónicos tienen esa posibilidad de ver los matices del alma humana.

-«El cuerpo, ajeno o propio, se siente antes de pensarse», afirmás en un fragmento en este sentido ¿cuánto hay de emocionalidad y de racionalidad en tu literatura? 

-No sé si puedo separar racionalidad y emocionalidad. Muchas veces, especialmente a la hora de escribir. Siento lo que pienso y pienso lo que siento. Son una misma cosa. Muchos años de terapia también te hacen reflexionar sobre los sentimientos como una forma de conocerlos. Podría decirte entonces que escribo con el cuerpo. ¿Viste ese momento en que el cuerpo cambia frente al teclado? Bueno ahí pensar y sentir son la misma cosa, se produce sin filtro, sólo sucede y es verdadero.

Antes de eso la investigué mucho y después corregí mucho, ambos productos de la razón y de la intuición.

-En esa misma línea, en la era del home office y las redes sociales, también decís «ignoramos el cuerpo porque es materia digna de morirse» ¿entonces, qué rol tiene la corporalidad o por qué es importante poner el cuerpo en el arte?

-Durante la pandemia me obsesioné con pensar qué pasaba con el cuerpo virtualizado. Leí a autores como Bifo (Franco Berardi)  y (Alessandro) Baricco, Tomé un curso de teatro virtual y miré por mi ventana cómo el árbol que está frente a mi balcón sabía la manera de seguir cambiando, mientras nosotros nos quedábamos quietos.

Entre las lecturas y la realidad descubrí cuánto nos deshumaniza hoy en día la virtualización. Vamos perdiendo empatía, ese don de mirar los gestos del otro y saber cómo se sienten y comenzamos a creer que todos son felices, vía su relato en las redes. Si fuéramos un árbol seríamos siempre un árbol que se muestra florido.

El cuerpo como espacio de decadencia se convierte en una imagen íntima y ocultable. Y las personas nos volvemos cada vez menos resistentes al fracaso porque creemos que solo a nosotros nos pasa. 

Entonces creo que recuperar el cuerpo en el arte es imprescindible porque esa es una de las grandes problemáticas que estamos atravesando. Recordar la humanidad es volver a pensar en nuestra debilidad y eso nos hace más fuertes.

-Hay varias constantes en la obra que se relacionan con el silencio, el ocultamiento por vergüenza o para evitar el estigma, también los modos de nombrar a la lepra y a otras enfermedades, cierta función de la palabra. Dado que atravesamos una época de redefiniciones de muchos términos, e incluso de las corporalidades ¿cómo elegís nombrarte hoy?

-Mi nieta, que tiene dos años, dice que ella es una Tatú (su sobrenombre). No se llama a sí misma nena o nene, o grande o pequeña. Yo soy una Tatú dice. Me encantaría que ésa fuera la definición. Somos cada uno nosotros mismos. Ni más ni menos. Con nuestras pequeñas realidades. Vistos de cerca y para nuestros afectos, muy importantes. Vistos a escala del universo,  totalmente intrascendentes. Entonces si me preguntás cómo elijo nombrarme es como Gisela. Soy una Gisela que ha pasado por muchas cosas y esas cosas han conformado un ser único. Pequeño, pero único. Y eso es parte del misterio.

-¿Y cómo te relacionás con el silencio?

-Me llevo mal, en general es demasiado polisémico para mi gusto. Detrás se ocultan muchas interpretaciones. Pero como te digo esto,  te digo que con los años sólo hablo cuando siento que vale la pena decir algo a alguien con quien se pueda establecer un diálogo verdadero. Hablar necesita un marco de confianza mutua que a veces es difícil de compartir.

Las personas con lepra en la antigüedad eran aisladas, como sucedió con la reciente crisis sanitaria con quienes tenían Covid ¿la pandemia modificó en algo la salida o el contenido de este libro?

¡Claro! En principio iba a salir antes de la pandemia, pero se atrasó su salida por todos los problemas del Covid. Pero aproveché para ponerle un corolario y relacionar el encierro de la lepra con el Covid. Está justito al final del libro y los que lo lean los podrán ver.

Compartir

Entradas recientes

«Como agua para chocolate» estrena su temporada final

La temporada definitiva de la adaptación del clásico latinoamericano retoma el pulso del realismo mágico…

4 horas hace

Por qué el Congreso no debería aprobar el Acuerdo Mercosur–UE

El acuerdo Mercosur - UE plantea más riesgos que oportunidades para la Argentina.

5 horas hace

Luis Cervera Novo: del circuito del horror al abrazo del barrio, en el juicio Pomar–Orletti

Comenzó el debate oral contra ex agentes de inteligencia ante el Tribunal Oral en lo…

5 horas hace

Con los números a favor: cooperativas, formalización y trabajo digno

El empleo privado registrado lleva 12 años estancado, mientras crecen formas precarias de inserción. Ante…

6 horas hace

Legisladores de LLA acusaron a Kicillof de violento, por la comparación con la dictadura

Pese a ser liberales, les molestó que el gobernador bonaerense comparara la reforma laboral con…

6 horas hace

Ofelia Fernández y Gelatina impulsan una campaña solidaria para los brigadistas de la Patagonia

La comunidad del canal digital respondió con transferencias directas para ayudar a quienes luchan contra…

8 horas hace

Denuncia penal contra Caputo por «manipulación» del INDEC y violación del secreto estadístico

Los legisladores Julia Strada, Germán Martínez y Paula Penacca encabezaron la presentación judicial contra el…

8 horas hace

Una topadora contra los lugares comunes: el nuevo libro sobre Susan Sontag

La puerta de entrada de Melina Alexia Varnavoglou a la obra de Susan fue, aparentemente,…

9 horas hace

Los ambientes periglaciares y una protección que en lugar de achicarse debería ampliarse

Lo que intentamos proteger no es solo al glaciar, al hielo blanco y azul, brillante,…

10 horas hace

Ley de Glaciares: artículo por artículo, los fundamentos legales, científicos y ambientales para rechazar la reforma

La modificación propuesta por el Gobierno nacional es ilegal e inconstitucional. Reduce la protección de…

10 horas hace

Ante la falta de respuesta del Gobierno, reclaman que se declare por ley la Emergencia Nacional en Salud Sexual

Lo exige el Frente Nacional por la Salud de las Personas con VIH, Hepatitis y…

10 horas hace

Rosalía lanzó “Sauvignon Blanc”, el nuevo video de Lux que sorprende por su minimalismo extremo

El clip, dirigido por Noah Dillon, apuesta por una puesta en escena austera y cargada…

10 horas hace