Esta semana se generó el debate en el mundo periodístico a partir del lanzamiento de un supuesto “noticiero” (El Primer Feca) hecho íntegramente por IA, con hologramas en lugar de humanos presentando noticias.
El contenido producido por Santiago Siri tiene numerosos errores visibles, como mostrar personas con seis dedos, promover estereotipos básicos -señor grande que habla de economía y chica joven de modernidad-, pero eso no es lo más importante.
Lógicamente una preocupación para nuestro sindicato es la potencial eliminación masiva de puestos de trabajo a partir de la introducción de IA. Otro es quién se apropia del valor del trabajo periodístico que produce las noticias, porque en última instancia la IA se vale de noticias generadas por periodistas de carne y hueso. Poli Sabatés, secretaria de asuntos profesionales de SiPreBA, entrevistó a Siri en el canal Se Viene, el mismo día del lanzamiento de este «experimento”, como él lo denominó, y planteó que debería existir un impuesto a las grandes plataformas y otro a las empresas de IA, que se valen del trabajo periodístico para generar ganancias.
ADEPA, la entidad que agrupa a las empresas de medios, recurrentemente plantea la preocupación del crecimiento exponencial de la IA en detrimento del “valor periodístico”, sin contemplar la dimensión laboral ni que ese valor lo producen trabajadores y trabajadoras de prensa.
Pero tampoco esto es lo único: hay un problema ético y práctico, que excede a quienes trabajamos en el oficio y que impacta de lleno en el derecho a la información de toda la sociedad: ¿quién produce la información que circula? ¿quién chequea esa información? El punto cero es conocimiento y trabajo humano, pero que luego está totalmente condicionado y es seleccionado de manera tendenciosa según la empresa de software que ordena luego esa información. Y este proceso no está transparentado ante la sociedad. Las empresas de IA producen líneas de opinión y pensamiento totalmente sesgadas y las presentan como verdades absolutas. De esta manera, manipulan la opinión de toda la sociedad.
El crecimiento de la utilización de IA en el periodismo en los últimos años es exponencial: según la encuesta de SiPreBA del 8,4% en 2023 al 56% en 2026. Recientemente elaboramos un informe específico del sector “últimas noticias” de los portales, uno de los más afectados por la incorporación de IA, que arroja que en el mismo tiempo de trabajo y por el mismo salario se duplican los contenidos producidos.
Entre otras iniciativas, en nuestro proyecto de Estatuto del Periodista Profesional incorporamos un capítulo sobre IA donde planteamos que debe ser complemento y no reemplazo del trabajo humano, que debe reconocerse la autoría y supervisión humana, respetarse los estilos periodísticos, voces e imágenes y su propiedad intelectual -que además deba pagarse-, y que los empleadores tienen que garantizar capacitación.
Este es un debate profesional, porque la IA modifica la forma de ejercer el periodismo. Es un debate gremial, porque altera las condiciones laborales y atenta contra los puestos de trabajo. Pero, sobre todo, es un debate político. Ese debate, a nivel global, se inscribe en la contraposición que subyace de la lectura del manifiesto de Palantir, la empresa de Peter Thiel, que propone una carrera de productividad por la productividad misma, sin ninguna preocupación por sus efectos sociales y, por otro lado, la encíclica del Papa León XIV, que pondera el avance tecnológico en función del bien común y no como un fin en sí mismo. En nuestro país, el ministro Sturzenegger acaba de declarar que su único objetivo es que no exista regulación sobre IA.
Este debate político es urgente y hay que intervenir de todas las formas posibles. Exige respuestas profesionales y gremiales, pero sobre todo políticas, a partir de concebir la dimensión social de la irrupción de la IA en toda la sociedad.