La compañía española festejó su aniversario en el CCK con Hernán Lombardi. La empresa se desentendió del vaciamiento de la línea de bandera argentina.

Esa expectativa redundó en la llegada de una importante cantidad de medios al edificio del ex Correo Central, ávidos de alguna definición de las autoridades de la empresa española sobre la intervención que dejó a la línea aérea de bandera en un estado calamitoso que, luego, la también española Marsans se encargaría de empeorar en poco tiempo.
La empresa tomó nota del interés puntual y en los pasillos del CCK se las arregló para advertir que las preguntas sobre el desastre de la privatización obtendrían como toda respuesta «un silencio incómodo». Así fue. Los ejecutivos españoles se limitaron a dar cuenta de sus planes para aumentar la frecuencia de sus vuelos al país y a destacar el perfil del gobierno de Cambiemos en relación a los negocios. Sobre Aerolíneas Argentinas nada.
Un vocero que secundaba al presidente de la empresa lanzó apenas: «Cuando surgió la colaboración (sic) de Iberia con Aerolíneas, nosotros estábamos en el colegio, no teníamos nada que ver con ninguna de las empresas y no vamos a hablar sobre ese tema pese a que ha habido unos artículos (periodísticos) estos días. Podéis preguntarlo y lo único que obtendréis será un silencio incómodo que no lleva a ningún lado», advirtió.
El que sí le puso la cara a la pregunta sobre la motivación de auspiciar un homenaje a la empresa que gestionó a la firma nacional en los noventa fue el secretario de Medios Públicos y encargado del CCK, Hernán Lombardi, aunque para minimizar las críticas: «Yo no sentí ningún tipo de cuestionamiento.
La discusión de los 70 años de Iberia en el país es una posición de sectores absolutamente marginales», expresó. En ese marco, señaló que «en nuestra relación hemos tenido vicisitudes pero queremos una Argentina abierta al mundo, que está lleno de posibilidades» y elogió el plan de negocios de los ibéricos porque representa «más conexión» y «más turismo, que cuando crece genera mano de obra».
Tiempo le preguntó sobre el futuro de la aviación local y de Aerolíneas Argentinas, que por estas horas se enfrentan al desafío la llegada de operadores extranjeros con el posible ingreso de las líneas de bajo costo en el mediano plazo. Lombardi respondió que «la aviación argentina no va hacia los cielos abiertos sino hacia el fortalecimiento de Aerolíneas Argentinas pero al mismo tiempo a conseguir más vuelos, más destinos, más frecuencia». En ese sentido, llamó a «salir de los falsos dilemas de los cielos abiertos o no abiertos» y defendió la estrategia de «ser drásticos para tener a la Argentina mejor conectada entre sí y con el mundo».
En el acto no hubo anuncios de inversiones concretas sino un aumento de los servicios que la empresa reforzará con dos vuelos diarios entre Madrid y Buenos Aires a partir de octubre. Ante una consulta de este medio sobre la demora de las inversiones en general, Gallego propuso una respuesta particular: «Nosotros sí que estamos viendo una evolución positiva del tráfico de pasajeros y creemos que eso tiene que ver con la nueva Argentina que se está configurando. Creemos que este país se va a desarrollar y nosotros con él».
A su turno, el director de Iberia para América Latina, Frédéric Martínez, aportó que «estamos acompañando este nuevo movimiento económico». Aunque durante el acto, la empresa hizo hincapié en la cuestión de los costos y en la incidencia del empleo en la rentabilidad, Martínez le bajó el tono a una pregunta de este portal sobre el avance de la modalidad operativa low cost: «El negocio en el que nosotros estamos asentados acá es el de ser operativos entre América y Europa, no vemos la posibilidad de avanzar hacia ese horizonte».
Antes del acto, la vicepresidenta Gabriela Michetti amadrinó un avión de pasajeros de Iberia en el aeropuerto internacional de Ezeiza en compañía de Gallego, y otras autoridades, directivos de la empresa y agentes de viajes.
En el acto se recordó que la empresa fue la primera en volar entre Europa y América Latina en 1946, tras la Segunda Guerra Mundial. El 22 de septiembre de 1946 un cuatrimotor Douglas DC-4 de Iberia despegó del aeropuerto de Madrid-Barajas rumbo a Buenos Aires. Tras 36 horas de viaje y paradas en Villa Cisneros (Sahara Occidental) y las ciudades brasileñas de Natal y Río de Janeiro, el avión aterrizó en el aeropuerto bonaerense de Morón.
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