Cuando nos parece que ya hemos llegado al colmo en la Argentina sobreviene un nuevo hecho que lo supera.
Y luego otro.
Y otro más.
Cortesanos
Habla un soldado en Iluminados por el fuego: “Hola, mamá, cómo te extraño. No sabés el frío que hace acá. Estoy escribiendo a la luz de un fuego, un fuego que hice en una lata de batata. Anoche, mientras avanzaban los ingleses pensaba: ¿sabés qué me gustaría, mamá? Que el día de mañana me recuerden por lo que fui, un pibe de 18 años. Nosotros, que no teníamos ni idea de lo que era el amor, y menos la guerra. Pero nos ganó el coraje, la insolencia, el amor a lo nuestro. Y nos hicimos gigantes contra los ingleses”.
La historia de Malvinas.
Evitaré adjetivar sobre Ricardo Lorenzetti, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz. Todo lo que se me ocurre es tan descalificador, lleva un enojo tan profundo, que me haría merecedor de cárcel por los exabruptos que siento en el alma. Es que a veces el sentimiento no puede más.
La Corte anuló el fallo de la Cámara Federal de la Plata que había frenado el DNU (aquella espantosa Ley Bases) con el cual Javier Milei derogó la Ley de Tierras Rurales. Y no lo hizo asentada en una razón constitucional, ni por una cuestión de fondo, nada.
Simplemente sus tres integrantes ningunearon al Centro de Excombatientes de Islas Malvinas de La Plata, el CECIM. Argumentaron que no tiene legitimación para impulsar la demanda contra el atropello feroz hecho ley del gobierno. Eso dicen los cortesanos.
Así que arrastrar por el campo de batalla un compañero moribundo mientras el cielo estalla en resplandores de muerte y apocalipsis, aguardar el ataque enemigo detrás de un montículo de hielo y barro con un fusil para cazar liebres no te dan chapa.
¿De dónde sacaron ustedes la patente de jueces de la Nación?
¿Acaso se las dio Mauricio Macri para tener esas ínfulas de engreimiento, esos alardes de arrogancia?
¿Saben quiénes son los del CECIM? Son aquellos hombres de 18, de 20, de 21 años que dejaron la vida en el campo de batalla. O, mejor puntualizar: se la quitaron en la soledad de los recuerdos insoportables.
El CECIM es mil veces, no, esperen, un millón de veces más legítimo que ustedes.
Fue el día de la bandera de los muchachos de la Selección Argentina tras el triunfo contra Inglaterra que se dio una victoria igual a la del Mundial, fue un espaldarazo del pueblo y del Parlamento a los CECIM y a cada soldado de Malvinas.
Es posible que tipos como Astiz, como Menéndez y hasta como Galtieri hubieran sido mejor que ustedes, viles cortesanos, para evaluar la legitimidad y la prerrogativa de la batalla que habita a los héroes de Malvinas.
Son legítimos, ellos vivirán con ese honor hasta que los párpados caigan por última vez bajo el color rosado de la noche perpetua de la guerra.
Y ustedes, cortesanos, caerán con los ojos abiertos a la desmesura de la servidumbre.
Lo triste es Milei
Ahora habla una muchacha, una ciudadana, como tantas: “Yo le quiero decir una sola cosa, presidente, ¿usted no se da cuenta la tristeza que hay en el país, lo mal que la está pasando la gente? Es angustiante, es triste”.
Cuando endeudarse es para comer, cuando las necesidades básicas son de acceso restringido, la tristeza se respira.
Hay números que explican la crisis mejor que cualquier discurso. Casi ocho de cada diez hogares relevados en barrios populares tienen deudas y el 45% se endeudó para comprar comida, no para cambiar el auto, no para viajar. Para comer. El relevamiento del Centro para la Integración Socio-Urbana se hizo durante todo septiembre: 428 hogares en 119 barrios populares de 15 provincias. La deuda promedio alcanza los 2,3 millones de pesos, mientras que el ingreso familiar mediano es de apenas un millón por mes. Y entre quienes están endeudados, el 67% ya está sobreendeudado.
Pero el dato más brutal viene después: el 59% de las familias que pidió plata para comprar alimentos terminó reduciendo el gasto en comida para poder devolver esa deuda. Es decir, primero se pide prestado para llenar la heladera y después se vacía la heladera para pagar lo que se pidió prestado.
El 83% atraviesa algún nivel de inseguridad alimentaria. Siete de cada diez hogares redujeron alguna comida diaria durante el último año. Y el 60% tiene al menos un integrante que va a un comedor o recibe viandas.
Trabajar tampoco garantiza salir de ese circuito. El principal aportante del hogar tiene en promedio 1,4 trabajos. Trabaja más de nueve horas por día y aun así el ingreso no alcanza. Sólo el 15% tiene empleo registrado.
La muchacha del inicio de este segmento le pregunta a Milei si no se da cuenta la tristeza que hay.
Pero él, mientras tanto, apareció sentado en el cuarto de un hotel, con una remera de manga corta por encima de otra con mangas largas, con una luz mortecina que puso bien arriba para que no se le vea la papada… Milei hablaba por Zoom para el coloquio IDEA, ese lugar en el que se juntan los ideólogos de la masacre social que practica el presidente. Y se vio cómo se dedicó a pelearse como un niño con el esforzado mediador que terciaba entre él y los patrones del mal. Había que hacer un esfuerzo para entender que eso era un presidente. Eso es un presidente.
Así vestido, así iluminado, así desquiciado, así atribulado. Milei no se da cuenta de la pena ni de la angustia de nadie, porque tristeza es Milei.
Solo algunas imágenes de la tragedia que nos aflige, solo un par en una actualidad que abruma.
Pero, pese a todo, no hay que dejar la vida en pausa.