Las tensiones entre el clan Menem y Santiago Caputo volvieron a aflorar. Sturzenegger cree que el escándalo que involucró a su mujer fue fuego amigo.

Las exigencias con tintes esclavistas que Federico Sturzenegger buscó imprimir desde el momento de la redacción del proyecto no tuvieron lugar para germinar. La negativa de varios aliados que, pese al apoyo, mantuvieron un cierto grado de cordura frente a la «modernización» laboral que el ministro de Desregulación pretendía promulgar llevó al presidente a dar un volantazo y ordenó a su mesa política a trabajar en pos de construir una mayoría que le permitiera avanzar con su cometido.
En tándem, el ministro del Interior, Diego Santilli; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem -custodiado por su tío Eduardo “Lule” Menem-; la titular del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich y, siempre desde las sombras, el asesor presidencial, Santiago Caputo, trazaron una hoja de negociación con cada uno de los gobernadores dispuestos a colaborar.
Aportes del Tesoro Nacional (ATN), habilitaciones para tomar deuda y colocar bonos en mercados extranjeros y traspasos de obras claves ablandaron las conversaciones. El aseguro de mantener los recursos de las obras sociales sindicales, las cuotas solidarias y dejar a los empleadores como agentes de retención del pago de afiliación hicieron lo propio con una CGT, que dejó en claro que no tiene planeado resolver lo que la política decidió no ocuparse. Representación de los trabajadores, ni más ni menos.
Con las cuentas claras para mantener la amistad, el gobierno aprobó en la madrugada del viernes la reforma laboral con 135 bancas dispuestas a trabajar en concordancia. Los honores vinieron de parte de los gobernadores Gustavo Sáenz (Salta); Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca), Claudio Vidal (Santa Cruz), Marcelo Orrego (San Juan) y Hugo Passalacqua (Misiones). Martín Llaryora (Córdoba), quien en las últimas semanas empezó a recibir a cuentagotas remiendas de la deuda previsional que Nación acumula con su provincia desde hace años y Maximiliano Pullaro (Santa Fe), habilitado a tomar deuda hace poco más de un mes, también aportó su grano de arena.
Lo que vino después fue el triunfo del karinismo neonato y la confirmación de que el presidente no está dispuesto a retroceder ni para tomar impulso. Ahora tendrá la titánica tarea de desplomar los índices de desocupados con empleo genuino. En empresas genuinas. Con aportes genuinos. Ya habilitado por la ley, Milei sin dudas podrá cumplir su promesa de hacer grande a la Argentina otra vez. Las excusas ya no tendrán lugar y las consecuencias de sus decisiones serán enteramente suyas. Por fin.
El próximo 1 de marzo, Milei abrirá por la noche las sesiones ordinarias del Congreso. En su discurso, aún sin escribir, el presidente presentará sus planes parlamentarios con los que pretende atravesar su tercer año de gobierno. Para ello, el líder libertario le ordenó a sus ministros que formulen proyectos de ley que le serán presentados este martes en la reunión de gabinete que encabezará en Casa Rosada. Algunas de ellas ya fueron anticipadas a su asesor este viernes, durante la reunión que mantuvo con Sturzenegger y Luis Caputo en su despacho.
Las versiones sobre el retorno de la vieja puja que ambos economistas arrastran desde sus tiempos como funcionarios de Cambiemos resucitaron más fuerte que nunca en la última semana, luego de que el Coloso haya sido blanco de una serie de investigaciones periodísticas. Hay quienes, en absoluto secretismo de su identidad, advierten que el ministro desregulador cree que se trata de fuego amigo y podría estar preparándose para contraatacar. La última vez que lo hizo, Toto quedó afuera del gobierno de Mauricio Macri. Tocará aguardar.
Como se ha visto, los éxitos legislativos no sirvieron para aplacar las tensiones internas de un gobierno que desde hace meses no hace más que posponer deliberadamente una discusión que, a pesar de algunos y para alegría de otros, tendrá sólo un bando ganador. La convivencia formada de la mesa chica que concede los deseos parlamentarios de Milei empieza a mostrar cada vez más rajaduras y es la amenaza más latente de un presidente que, pese a regodearse en su verticalismo, es dependiente del apoyo de su hermana de sangre y su hermano del alma. Ambos juran no odiarse, pero ninguno parece estar dispuesto a bajar las armas. Las contradicciones de los integrantes del Triángulo de Hierro se derraman sobre otras guerras igual de peligrosas.
La puja entre Santiago Caputo y Martín Menem desde hace tiempo está en un nivel de no retorno, pero en los últimos días escaló. El encono está lejos de ser una riña política y ya se mueve en el terreno personal, con una cadencia peligrosamente tensa para un oficialismo loteado. Quienes conocen de cerca el conflicto advierten que Lule, el mayor del clan, desde hace tiempo se corrió del ring. El riojano mayor, a quien más lo asocian con el carisma y la cintura política del expresidente, pareciera más enfocado en sólo cumplir con sus intereses. El menor, en cambio, está decidido a sacarse de encima al asesor.
En los últimos días la falta de elegancia se hizo notar. Las versiones sobre la supuesta salida de Sebastián Amerio del Ministerio de Justicia, amparada por la inevitable huida de Mariano Cúneo Libarona de su silla, volvieron a los teléfonos de varios agentes del mundillo político en los últimos días. El nombre que suena en la mayoría de las versiones es el del senador provincial, Guillermo Montenegro. El ex intendente de Mar del Plata supo hacerse un buen perfil entre los libertarios, aunque desde el círculo del “Gordo” empiezan a admitir un creciente malestar por el manoseo de su nombre en una interna en la que poco tiene que ver.
Pese a las versiones, lo cierto es que lo único claro es que el riojano quiere quedarse con la silla del ministerio que hoy conduce políticamente el asesor. Dentro del gobierno nadie se atreve asegurar que podrá cumplir o no con su deseo. De lo que no se duda es de la escalada vertiginosa de esta interna que se juega en las redes, el Congreso y la Rosada. Sea el resultado que tenga, esta guerra dejará más de un herido. La pregunta que emerge es si el sobreviviente tendrá el valor de enterrar a todos sus muertos. Y no vengarse en el intento. «
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