El reconocido comediante regresa al stand up de la mano de "23 Hours to Kill", el flamante espectáculo en el que propone un reencuentro con el humor corrosivo y mordaz que transformó en una marca registrada. Disponible en Netflix.

El ya legendario humorista, quien no hacia un acto desde 1998, aceitó la maquinaria y sacó lo nuevo de la mano de su productor de siempre: George Shapiro. El especial fue grabado en el Teatro Beacon de Nueva York, donde da su punto de vista de todo y de nada. En “23 Hours to kill” todo es muy Seinfeld. Inclusive la parodia a las cintas de James Bond con la que se promocionó y con la que comienza el especial tiene su sello: Jerry se lanza de un helicóptero al Rio Hudson para llegar al teatro a tiempo. Un escarnio al tráfico de la gran manzana pero también una leve ridiculización de sí mismo. Combinación clásica. Pero lo verdaderamente importante es lo que pasa frente al micrófono.
Los ítems son múltiples. Incluye, por ejemplo, la práctica constante de la queja, las amistades molestas y los misterios de la costumbre de hacer planes para salir y la posterior necesidad de volver lo antes posible (el show es previo al covid19, pero aplica por añoranza o anhelo). Como resume el propio Seinfeld: a nadie le gusta nada, entonces hagamos algo para tener algo que decir. “Podría estar en cualquier lugar del mundo ahora, eso es un hecho, lo saben. ¿Si ustedes fueran yo estarían aquí?”, ironiza para arrancar a despotricar contra la vida que apesta, aunque sabe que la suya un poco menos que las de la mayoría.
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