Joaquín Furriel: “Necesitamos reírnos para exorcizar lo que nos está tocando vivir”

El actor detalla los motivos por los cuales eligió volver al teatro con "Ella en mi cabeza" luego del gran éxito de "Hamlet". Su debut en la comedia, la pasión por la actuación y los desafíos que la pandemia le impone a la cultura.

Estaba haciendo Hamlet con un éxito determinante, de esos que hacen coincidir el fervor del público, el respeto de los colegas y la unanimidad de la crítica. Hasta que la pandemia impuso un parate obligatorio y multiplicó la incertidumbre y la angustia en todo el mundo. Pasaron casi dos años, entre tanto llegaron las vacunas y por fin el tiempo de la reapertura de los teatros. Todos los manuales de la industria del entretenimiento indicaban que la mejor estrategia sería retomar aquel éxito asegurado. Pero no. Joaquín Furriel sintió la necesidad de hacer algo distinto. Motivado por su búsqueda artística y también como respuesta a los tiempos que corren. El actor se reunió con el productor Pablo Kompel y en el ida y vuelta surgió la idea de hacer Ella en mi cabeza, la reconocida obra escrita por Oscar Martínez. Furriel se comprometió de inmediato con la propuesta y la entendió como un desafío: encarar por primera vez una comedia. Aquel sueño comenzará a hacerse realidad desde este sábado, cuando junto a Juan Leyrado, Florencia Raggi y la dirección de Javier Daulte debuten en el teatro Metropolitan.

“Hace diez años que no estaba en el circuito comercial. Venía con otro perfil, pero me dieron ganas de encontrarme con un público distinto. Ganas de  hacer una comedia. Sobre todo después de lo que se vivió y estamos viviendo en los últimos dos años. Necesitaba un material que nos una a través de la risa y la reflexión. Sentí que era esta obra y no dudé ni un segundo”, cuenta entusiasmado Furriel. “Hamlet se cortó por la pandemia y fue duro porque nunca fui consciente de que esa etapa se había terminado. Pero ahora quería cambiar de aire. Me topé con el texto de Oscar (Martínez), me acordé de que me había gustado mucho cuando vi la obra y al leer el guión me movilizó todavía más. Es una propuesta que divierte, que te hace pasarla bien y que conmueve. Pero al mismo tiempo sentí que como actor podía ponerle el cuerpo, que de alguna manera la obra me convocaba y que hacerla podía ser una muy linda experiencia. Así que le dimos con todo para adelante.”

La obra escrita por Oscar Martínez cuenta la historia de un hombre que proyecta su neurosis e inseguridades en su matrimonio. Se trata de una comedia eficaz, que puede generar múltiples puntos de identificación, pero sobre todo de alivio: todo espectador suele disfrutar cierta gratificación –efímera, aunque nada desdeñable– al ver a alguien ostensiblemente más desequilibrado que el ciudadano promedio. La primera versión se realizó en 2005 con Julio Chávez, Soledad Villamil y Juan Leyrado. Se trata de una de las obras teatrales argentinas más producidas en el extranjero. “Está muy bien escrita, de manera muy inteligente y no perdió ni un milímetro de actualidad”, puntualiza Furriel.

–¿Cómo relacionás la obra con la pandemia?

–Este es un verano particular, parecía que todo se encaminaba y otra ola nos llegó. Pero creo que aprendimos que con protocolos y cuidados podemos convivir con esto. Necesitamos reírnos para exorcizar lo que nos está tocando vivir. La obra es espectacular, pero hacerla en este momento es especial.

–¿Por qué?

–Toda pareja que vivió la cuarentena transitó algo de lo que planteamos en escena. Los espectadores se van a reír y van a recordar que en algún momento vivieron cosas similares. Ella en mi cabeza fue escrita hace 15 años, pero es muy empática con estos tiempos. Nos va a interpelar hoy, de otra manera, diferente a cómo lo hicieron las otras versiones.

–¿Tuviste la oportunidad de hablar con Oscar Martínez?

-Con Oscar tengo vínculo de hace mucho tiempo. Ahora está viviendo en Madrid. Pero vino el mes pasado y un día fuimos a tomar un café. Estuvo buenísimo hablar con él, aunque me dejó claro que la obra está libre. Su trabajo ya lo hizo, y creo que es saludable que un director nuevo trabaje sobre ese texto de la manera que crea conveniente. Así los actores van mostrando otros detalles que surgen y cada uno le pone su impronta.

–¿Pero algo hablaron de la obra?

–Sí, claro. Me contó qué le pasó cuando la escribió y otros detalles. No siempre tenés la posibilidad de hablar con quien escribió el texto que vas a interpretar. Con Oscar tenemos una relación fluida. Nos escribimos seguido, vamos hablando de cómo van las cosas a nivel personal… Pero no me marcó la cancha. Además, conoce a Javier Daulte, que lo dirigió en Amadeus. Más que nada  hablamos de la profesión en general y de la vida. También hablamos mucho de Hamlet, que fue una obra que me había dejado medio vacío, sin saber qué hacer después. Pero por suerte encontré Ella en mi cabeza.

–No estabas para volver a Hamlet ni para otro autor clásico.

–Claro. Venía de hacer una obra de texto que se cortó de golpe. Entonces me di cuenta de que iba a necesitar un tiempo para retomarla o hacer algo similar. Siento como que escalé el Everest. Era algo que me había propuesto y lo logré. Todo eso más allá de lo subjetivo, que si gustó o no al público y a la crítica. Por eso quería algo distinto.

–¿Cómo fue escalar ese Everest?

–Fue un gran esfuerzo e implicó hacer realidad un deseo profundo. Desde que soñé con ser actor quise hacer Hamlet. No sé, no soy inglés, pero la sentía como algo que tenía que hacer: había algo que me atraía profundamente. Soy un pibito que vino de José Mármol, pero bueno, la genialidad shakesperiana conmueve a todos. O a casi todos. Pero llegó el tan temido momento del “¿y ahora qué hago?”. Leí muchas obras, pero no lograba conectarme con ellas. Hasta que apareció Ella en mi cabeza. Si no encontrás algo que te emocione, nada tiene sentido.

–¿Cómo te adaptás a las distintas historias que te tocan? ¿Tenés un método?

–El armado del personaje tiene que ver con lo que querés contar y el género es muy importante. El jardín de bronce, por ejemplo, es un policial, entonces tenés que buscar las herramientas que te llevan a ese lugar. Pero soy un actor que se entrega a lo que la dirección le pide. La clave es estar permeable para poder interpretar de la mejor manera. Está claro que no es lo mismo jugar de 2, de 5 o de 9, haciendo una analogía futbolera. Si como delantero estas todo el tiempo preocupado por marcar, le errás. Lo bueno es poder adaptarte a la posición que te toque.

–¿Eso ayuda a no repetirse o no caer en la zona de confort?

–Es una de las maneras. Siempre hay que buscar lo que te hace sentir vivo. Si te repetís o hacés un papel parecido a otro, que sea porque lo sentís, porque le encontraste otras maneras, aunque los cambios sean sutiles. Lo importante es que vos los veas.

–¿Cómo te diste cuenta que querías ser actor?

–Hacía mucho quilombo en el colegio. Había un taller de psicopedagogos, me llamaron y les sugirieron a mis padres que me anotaran en talleres artísticos porque estaba poniendo la creatividad en los lugares equivocados. Tenía 12 años. Me anoté en todos los talleres que se te ocurra, en el de teatro me quedé fascinado y no paré hasta el día de hoy. Actuar te permite jugar, ser muchas personas… Soy muy perseverante. Me focalizo mucho en el trabajo, casi como un antropólogo de la actuación: me fascina el trabajo de campo, investigar…

–¿Cómo ves el rol de la cultura en una realidad tan compleja?

–Vivimos una época bastante estúpida en la que todos opinamos de todo y estamos pendientes de asuntos  que no son tan nutritivos para esta mejor. Por suerte nuestro país tiene una clase media muy involucrada con las cuestiones culturales, a pesar de las dictaduras, el neoliberalismo y todas las cosas que hicieron lo imposible para destruir la identidad cultural que tenemos. Siento que dentro de la región seguimos siendo uno de los países poderosos en la materia. La riqueza cultural en todo el territorio cuenta con una diversidad muy interesante. Hay una intensidad y unas ganas de hacer cosas que permite tener opciones para todos los gustos. Como actor, estoy muy feliz de que me haya tocado vivir en un país como el nuestro. Pero debemos reconocer que somos un país con muchas dificultades y carencias, y que eso dificulta que los que nos dirigen puedan pensar la cultura como una política de estado. Además, son pocos los que realmente saben gestionar cultura. Pero bueno, siempre apuesto que las cosas mejoren, aunque sé que no va a ser de un día para otro. Mientras hay que tratar de dar siempre lo mejor.


Ella en mi cabeza

Nueva versión de la obra escrita por Oscar Martínez. Dirección: Javier Daulte. Protagonizada por Joaquín Furriel, Juan Leyrado y Florencia Raggi. Desde el 22 de enero, de jueves a domingo en el Metropolitan Sura, Av. Corrientes 1343.


Miedos y angustias

Furriel venía de protagonizar El jardín de bronce (HBO Max) y ser parte de El reino (Netflix), dos grandes producciones audiovisuales. Pero sentía la necesidad de volver a las tablas: “La motivación y la felicidad que siento tiene de varios orígenes. Se armó un equipo muy interesante. Volver a trabajar con Javier Daulte como director es algo genial. Es muy estimulante y todo el tiempo está proponiéndote cosas. Ayudó mucho también tener a Juan Leyrado, al cual le tengo mucho respeto y admiración. Juan participó en todas las versiones de la obra haciendo el papel más difícil: el de terapeuta. Además, contamos con Florencia Raggi, que me gusta mucho como actriz. Trabajamos con mucha entrega. Mi personaje, Adrián, es un manual viviente de contradicciones, miedos, angustias y celos: es el peor paciente que un terapeuta puede tener. Pero justamente eso es el motor de la comedia y la llave para un puente muy divertido con el público”, destaca el actor.


Villanos incómodos y desafíos permanentes

En abril se empieza a rodar la segunda temporada de El reino, la ficción más vista de la Argentina durante 2021. Se trata de la historia de un controvertido pastor que por una circunstancia casi fortuita se convierte en presidente de la nación. Furriel explica que participar de este thriller escrito por Claudia Piñeiro y dirigido por Marcelo Piñeyro fue un trabajo desafiante. “Me gustó mucho trabajar con Marcelo –confiesa el actor–. Es un director que fue muy claro con lo que necesitaba de mi personaje y me fue pidiendo detalles que me sirvieron mucho. Es un villano incómodo de hacer. Cuando lo leía me generaba rechazo, pero lo hice porque era un trabajo desafiante. Hay que superar esa incomodidad que te genera lo que te toca interpretar.”
La segunda temporada también lo tiene muy entusiasmado: “No se puede decir mucho, pero está bueno cómo plantea aquello de los poderes que no se ven, y el poder de la fe auténtica y la disfrazada. Es una producción que muestra el talento local y sin dudas es algo distinto.”

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