Lo define como su proyecto más personal y, sin embargo, no surgió de él. Como el más íntimo y expuesto y, sin embargo, no le compete en exclusividad. En el año en el que festeja medio siglo de vida, con tres décadas de trayectoria y 70 espectáculos estrenados, José María Muscari estrena Lucio y yo, la obra en la que habla del vínculo padre-hijo, acaso el vínculo más profundo que haya podido concebir y el que más cambios le ha producido. “Siento que el teatro es mi lugar, mi medio y mi lenguaje. Es lo que sé hacer. Yo no soy ni un escritor de libros, ni un creador de series, ni un hacedor de películas”, explica Muscari sobre la elección casi de perogrullo del formato para contar parte de su relación con Lucio, su hijo adoptivo. “La bitácora de nuestro encuentro como familia la empecé a escribir y a recopilar en mi computadora el primer año que Lucio llegó a mi vida. Un día le compartí y le leí algunas cosas, y él me dijo: ‘Viejo, ¿por qué no hacés una obra de teatro? Vos hacés obras de teatro con todo’”.

Sí, así: Viejo. Así lo llama. En un tipo ávido por hablarle al mundo de sus emociones, deseos y reflexiones, la pregunta fue un disparador hacia una forma desconocida: una biopic. No de exhibición personal, sino de encontrar la distancia estética adecuada para que la vivencia individual se propusiera como valor universal. “Creo que es fundamental que otras personas nos interpreten, porque eso nos da una distancia con el material que es súper atractiva; lo saca de la cosa ‘yoica’ de nuestra vida o nuestra experiencia”, señala. “Tanto Esteban Pérez (Muscari) como Máximo Meyer (Lucio) ponen algo personal en esa construcción. Aceptaron el desafío de que no se trata de una imitación, sino de una encarnación emocional. En ningún momento les pido que nos copien; lo que se parece es la historia, las circunstancias y las emociones. Siento, muy humildemente, que es de las obras más hermosas que me tocó crear”.

José María Muscari: las razones para llevar su historia al teatro y transformar una experiencia íntima en una obra

A diferencia de otros de sus trabajos, el proceso de escritura contó con una revisión constante por parte de Lucio, quien, según el propio Muscari, dotó de una “autenticidad” al texto que solo no cree que podría haber conseguido. “Yo tenía ganas de que no apareciera nada en la obra que él no quisiera, que lo incomodara o que sintiera que fue de otra manera. Ahí apareció su aporte, no como dramaturgo, sino como una especie de veedor o de aliado. Me decía: ‘No, vos no lo decís tan así, viejo, ¿por qué no ponés tal canción que escuchamos juntos?’. Apareció una veta creativa de él que estuvo buenísima”. Que no se limitó a la música compartida, sino también al tono de quien hará de Lucio en el escenario. “La obra tiene mucha ironía y humor. Cuando Lucio llegó manejaba un lenguaje muy picante; es un adolescente que venía de vivir en hogares con varones. Y no era el lenguaje más estilizado. Yo le había puesto unas puteadas y él me dijo: ‘No, viejo, yo no digo esas puteadas, ¿por qué no ponés las que decía de verdad?’. Así que hizo como una dramaturgia de la puteada”.

El vínculo que trata la obra podía ser tomado desde diversos ángulos, pero Muscari decidió privilegiar uno sobre el resto, que para él es el más relevante en el mundo de hoy. “Yo creo que la obra es una gran biopic sobre lo vincular, sobre un padre y un hijo. La circunstancia de la adopción es fundante, pero el gran tema es el vínculo con los hijos adolescentes. Me permitiría decirte que la adopción es bastante secundaria”. Porque, como sostiene desde que adoptó a Lucio y reitera aquí sin que medie pregunta: “Que Lucio finalmente tenga una familia, sea yo o sea quien fuera, es lo más importante. Porque lo que importa no es mi deseo o el de cualquier adulto que esté en el sistema de adopción. La adopción está para resolver las infancias que no han tenido familia y que tienen la opción de poder tenerla”.

José María Muscari: las razones para llevar su historia al teatro y transformar una experiencia íntima en una obra

Por eso, a la hora de la dramaturgia, se guió más por la devolución de sus seguidores en redes sociales. “Subo mucho material del vínculo con mi hijo y es impresionante la repercusión de la gente preguntando cómo se logra tener ese vínculo cercano. Hay algo de la cercanía que logramos construir que les resulta a los padres como una bitácora. La obra se nutre de eso: ¿cómo lográs ser compinche en el mejor sentido de la palabra y que tu hijo pueda acudir a vos?”.

Y no duda en enfatizar que, claro, la personalidad de Lucio y la de él son factores relevantes, pero más decisivo es el “trabajo constante”. “No quiero ser muy romántico, pero sinceramente no tuve grandes conflictos con mi hijo. Siento que tengo un hijo muy mágico y bien plantado. Pero el vínculo requiere de un trabajo diario, continuo. Soy una persona que todo el tiempo le pone compromiso, pecho y garra a la vinculación”. Y apunta sobre uno de los temas en las relaciones filiales de siempre, pero que tal vez hoy se destacan más: “Los límites son amor. No creo que a ningún padre le guste encarar el tema de los límites, pero hay que hacerlo. Lucio es el único adolescente adoptado en sus círculos sociales, lo cual me da una pauta clara de que los grandes problemas de comunicación o vocacionales no tienen que ver con la adopción. Tienen que ver con la etapa de la vida”.

José María Muscari: las razones para llevar su historia al teatro y transformar una experiencia íntima en una obra

Dice que no le llegaron, pero no por eso niega que puedan existir críticas a la exposición de la intimidad familiar. “La ley básica de cualquier artista es que trabaja con lo íntimo”, sostiene. “Si quieren ver qué pienso del sexo, tienen que ir a ver Sex; si quieren ver qué pienso sobre la tercera edad, tienen que ir a ver Irreverentes; si quieren ver qué pienso sobre mi familia, tienen que ir a ver mi experiencia de Family Club. Hice una obra que era una performance almorzando con mi familia, imaginate que no le voy a pedir permiso a alguien que escriba por internet para ver si estoy o no en el derecho de contar lo que me pasa con mi propia paternidad”. Y, sin provocar, remata: “Me encanta que, siendo un creador asociado a lo vanguardista, a lo kitsch o a lo bizarro, esté por estrenar una obra de corte tan confesional, emocional y biográfica. Para el público va a ser la posibilidad de encontrarse con colores nuevos. Lucio y yo no se parece a nada”.

Lucio y yo – José María Muscari

Autoría y dirección: José María Muscari. Actúan: Esteban Pérez; Máximo Meyer. Estreno 7 de agosto. Viernes y sábados a las 21:30 en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543, (CABA).