Juan Luppi: «Haber vivido en el ambiente me enseñó a ver la cara oculta del artista»

Por: Nicolás Peralta

El nieto del recordado Federico presenta en “Mucha mierda” una sátira sobre el mundo del teatro a modo de café concert que emociona y hace reír. Se estrena este jueves.

Es una obra que pone el foco en aspectos de la vida teatral que muchas veces no se tienen en cuenta. Luego de varios años velando por el cruce entre humor, teatro físico y comedia musical, Juan Luppi, nieto del gran Federico Luppi, vuelve a los escenarios con una propuesta que retoma el espíritu del celebrado café concert, un género que fue con los años un poco dejado de lado. Es una sátira hilarante y emotiva que rinde homenaje al teatro y a los actores. 

Mucha mierda, que se estrena este jueves, es una reversión de una pieza de Ben Ashenden y Alex Owen. “La leí me pareció divertidísima y una mirada luminosa pero real de lo que muchas veces pasas en este ambiente. Vengo de una familia de actores, me crié en los pasillos del teatro acompañando a mi papá, yendo a ver a mi abuelo a los canales de televisión, y me encontré con una obra que habla del mundo del actor, del mundo del teatro y del mundo del artista. Y me dije: tengo que hacer algo con esto y acá estamos”, contó Luppi. La obra cuenta con la locución de Víctor Hugo Morales y participa también Maximiliano Zago.

Juan Luppi y una obra sobre las ambigüedades del mundo artístico.

-¿Qué es lo que más te gustó de esta obra?

-Bueno, la obra juega con un mecanismo de espejos mostrando las dos caras del actor: la cara luminosa, glamourosa, de noches de estreno con aplausos y trajes caros, y la decadencia, el pasar de moda, el traicionarse a uno mismo para que te aplaudan, copiar una fórmula de felicidad que te vendieron. Habla de algo muy hondo y de una condición humana trágica. Encarnamos dos dúos:  hacemos de dos actores jóvenes que admiran a dos actores viejos, y dos actores viejos que envidian a estos actores jóvenes. Me gusta esta metáfora poética en que sean interpretados por los mismos actores porque podrían ser la misma persona. Pueden ser ellos después de que la vida te pase por encima. Es una paradoja maravillosa, porque pueden ser ellos habiendo conseguido lo que buscan. Es decir, la vida te puede derrotar y te convertís en eso o la vida te puede dar lo que vos creés que querés y te terminás convirtiendo en eso igual. Me gusta que va contra esa idea de que el arte da la felicidad: pero muchas veces el arte es una tortura para el que lo hace. Con pequeños momentos de felicidad. En busca del aplauso, y poder vivir de esto, parece fácil, pero no lo es.

-¿Es apta para todo público?

-Si, así lo promocionamos, porque tiene una manera muy inocente, muy naif, muy divertida, muy un humor sano, que no se burla de nadie, ni dice malas palabras ni mostrando ningún culo, pero está hablando de algo trágico y muy profundo: el paso del tiempo y la fuerza del deseo. Es apta para todo público. A veces tengo un poco de pudor de decir eso, porque la gente piensa que es un infantil. No, no es un infantil. Pero apta para todo público. El hijo de 9 años de un amigo la vio y quedó fascinado. Es muy divertida, pero no es una obra para niños. Tiene mucho humor, pero habla de algo muy hondo y muy complejo. Sin recurrir ni a chistes vulgares, ni a las malas palabras. No es simplista pero tampoco recurre al intelectualismo y el pensamiento difícil. Usa el humor para terminar pensando en  la condición trágica de la edad y en cómo uno se traiciona a sí mismo a veces. Eso me encanta; si no fuese así, es prácticamente imposible llevar adelante un proyecto de teatro independiente.

-¿Cómo fue estar a cargo de la producción, la adaptación, la dirección y actuar?

-Es una experiencia abrumadora. Megalómana, te diría, pero a mi pesar. De alguna manera, intenté ir por todo, con pasión. Había tenido experiencias de dirigir cosas un poco menos ambiciosas y por eso busqué a Maximiliano, que nos conocimos hace muchos años, hemos hecho películas juntos, hemos hecho teatro, yo lo he dirigido. Es un actor que conozco mucho. Entonces puedo confiar y eso me da seguridad. Me apoye mucho en nuestra asistente de dirección y producción, Lala Mendivil, que con su inteligencia y su mirada aportó mucho en el proyecto. Si bien es un montón dirigir, actuar, producir, pensar en cómo va a ser el vestuario y de qué color va a ir la luz, es algo que va fluyendo. También hay algo en lo que todos esos roles se retroalimentan. Un poco todo tiene que ver con todo. La personalidad de un personaje tiene que ver con la ropa que usa y el estilo de la obra tiene que ver con los chistes que se ponen o se sacan. Entonces ocurre como una sinergia donde todo termina siendo un poco más fácil que la suma de las partes. Hay algo que tiene que ver con la concepción general de la obra y que se refleja en todo, y no te das cuenta.

Juan Luppi y Maximiliano Zago protagonizan «Mucha mierda».

-¿Te sirvió ser tercera generación de actores?

-Más allá de mi historia personal anecdótica, haber vivido en el ambiente siento que me enseñó a ver lo que no se ve en el mundo del espectáculo, algo que no se muestra, que es la cara oculta del artista, la cara oculta de la fama, la cara oculta del glamour. Entre los actores hay un dicho que dice: «Hoy nos comemos el pollo y mañana las plumas». Y es así la mayoría de las veces: cuántas viejas glorias de teatro y del cine que terminan viviendo en la Casa del Teatro. Te puedo dar un ejemplo. Mi abuelo Federico fue un pilar de la historia del cine y el teatro, del método Stanislavski y ejemplo de resistencia en la dictadura y terminó vilipendiado y calumniado por los medios por pronunciarse políticamente. Pero, bueno, hay miles de ejemplos. Gente que se le pasa el cuarto de hora y quedan hechos muñecos rotos. O quien se traiciona a sí mismo y termina convirtiendo su vida en un vivo de Instagram. O quienes quieren luchar contra el tiempo a base de cirugías plásticas. El éxito a veces genera un desequilibrio, porque es relativo. Estar vigente tiene un precio que uno lo paga o con el cuerpo o con el espíritu. Y esta obra me interpeló porque habla de eso.

-¿Cómo ves tu camino hacia adelante?

-Me gusta planificar pero nunca se sabe. Tengo mis sueños, mis ambiciones, claro. De una forma romántica te puedo decir que quiero tener la posibilidad de poder seguir contando historias y divertirme. Es muy placentero porque uno en este trabajo se divierte al mismo tiempo que se conoce a sí mismo y que aprende. Parece ideal pero no es fácil. Quiero seguir descubriendo personajes y contando historias básicamente. Ese es el sueño de mi vida. Por otro lado, hay algo más mundano que es tener continuidad laboral. Que siga habiendo teatros, que siga habiendo cine nacional, que se siga produciendo de una manera o de otra para plataformas o para televisión. Más allá de que a veces muchos dicen que es un país de mierda, es un privilegio poder luchar por mantener la industria

-¿Cómo ves el panorama actual de la industria?

-La están haciendo mierda. Es verdad. No la están valorando y la van destruyendo de a poco. Sí, eso es cierto, pero tenemos una sociedad que consume, que valora lo que los artistas intentamos hacer. Tenemos una clase media medianamente culta que consume y disfruta de esto, que va al teatro, y eso no lo podemos perder. Hay sociedades que realmente no las tienen. Entonces tenemos que intentar no perderla también, porque es un sueño no solo mantenerla, sino que crezca, por supuesto. No hay que bajar nunca los brazos.

Mucha mierda, de Federico Luppi

Una comedia musical de Ben Ashenden y Alex Owen, con música original de Ale Dolina y versión y dirección de Juan Luppi. Protagonizada por Juan Luppi y Maximiliano Zago. A las 20:30 en el Teatro El Tinglado, Mario Bravo 948.

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