Nahuel De Lima, periodista de Tiempo, esperó 12 horas en Plaza de Mayo para ingresar a la Casa Rosada. “La emoción y la tristeza me invadieron. Le dije: Gracias maestro, hasta siempre”.

Desde la madrugada, la Plaza ya estaba desbordada. Desde la tardecita comenzaron a acercarse los fieles desde todas partes del país para darle el último adiós. Banderas, fotos, velas, flores, camisetas adornaban la fachada de Balcarce 50.
Pasadas unas horas, la cantidad de gente ya era incontable y en la madrugada la fila ya llegaba hasta la Avenida 9 de Julio. Incluso se armó revuelo y hubo tensión cerca de las 4 de la mañana: volaron botellazos y piedrazos desde la cola.
Cuando dieron el permiso para entrar, agradecí al cielo y, entre lágrimas, me dispuse a entrar por el cordón que armaban las vallas hasta la puerta de la Casa Rosada.
Las puertas de la Casa de Gobierno se abrieron pasadas las 6 y, como estaba primero en la fila, fui la primera persona en ingresar a despedirlo. Cuando entré, la emoción y la tristeza me invadieron: solo pude decirle “Gracias maestro, hasta siempre”, ante la atenta mirada de sus familiares, quienes me devolvieron el cariño con un aplauso.
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