“¿Qué no se va a poder decir con esta ley?”, preguntó al aire un periodista a la entonces diputada peronista Juliana Marino. “No se va a poder decir que si te masturbás te crecen pelos en las manos”, le respondió ella. “Yo era salvaje en ese momento para responder», cuenta a Tiempo Argentino, riendo la exdiputada, exdiplomática y activa militante por el pueblo cubano y por la libertad a Milagro Sala. Marino fue una de las plumas que redactó uno de los proyectos de Educación Sexual Integral que el 4 de octubre fue aprobado en el Congreso para convertirse en una ley fundamental en la trayectoria de vida escolar.
La respuesta al periodista fue una de las tantas formas en que puso el cuerpo y la voz al proyecto que, recuerda, “fue acompañado por la sociedad pero muy peleado con las iglesias y un importante sector de derecha”.
Marino recuerda que sin los debates previos del feminismo no hubiera sido posible llegar a un proyecto como el de ESI. “En la década del 80 y 90, sobre todo las que veníamos del 70, las compañeras que fueron haciendo la experiencia feminista, nos fuimos encontrando y hubo un desarrollo interesante de toda la gente que éramos de la política feminizándonos. También había experiencias de ONG feministas acercándose a la política. Fuimos muchas de nosotras, haciendo un proceso personal porque una no nace feminista sino que se hace con la experiencia propia.”
En 1984, Marino estaba al frente de la Secretaría de la Mujeres Partido Justicialista porteño y eso la llevaba a mantener contacto con muchas mujeres de diversos sectores. «Todos los días me sorprendían mujeres de adentro del peronismo que estaban a favor del aborto. Esa época fue una gran usina y el feminismo un gran ámbito de pensamientos pero también de intercambio de experiencias distintas de clase, clase media, clase popular. De distintos partidos estuvimos integrando las multisectoriales. Íbamos teniendo una agenda propia porque además crecían los estudios de la mujer. Y en esa construcción de agenda propia sumamos los temas de la salud sexual y reproductiva», explica.
Para cuidar el cuerpo
Quien ayudó a la entonces legisladora ver la falta de salud sexual y reproductiva fue un médico del Hospital Moyano. Allí una mujer ya había tenido tres hijos porque tenía salidas de vez en cuando a su hogar y cada vez que se iba volvía embarazada. «No lograba que el juez le autorizara el DIU porque era abortivo. Cada etapa y cada momento tuvo su objeto de de odio, su enemigo. Primero fue el DIU, después fue la píldora del día después», destaca la exdiputada. Fue ese hecho junto a otros que se enteraba que la llevó a pensar en la necesidad de que en las escuelas se informe sobre le propio cuerpo.
Su trabajo con la ESI comenzó a mediados de los 90 en la Legislatura Porteña donde se aprobó cuando ella ya no estaba. Fue Ana María Suppa quién presentó el proyecto de Ley N° 2110 de la Ciudad de Buenos Aires, que estableció la enseñanza obligatoria de la Educación Sexual Integral (ESI). En 2003, apenas Marino asumió como diputada nacional, comenzó a gestar una alianza con otras diputadas en el Congreso para que la educación sexual integral se posible.
“La forma en que nosotros presentamos el proyecto en la Legislatura había sido excelente, porque ya en el primer artículo decía que ‘todo niño tiene derecho a…’ Que toda persona y todo niño tienen derecho al ejercicio de sus derechos sexuales cambiaba el paradigma. Mantuvimos eso de que toda persona y todo niño tiene derecho al ejercicio de sus derechos sexuales”, cuenta Marino, quien realizó la trayectoria de investigación y redacción con su exasesor, Rafael Freda, activista LGBT.
En ese momento, de cambios políticos en la Argentina, la batalla fue enorme. Marino recuerda a cada una de las colegas feministas con quienes pudieron articular el trabajo en el recinto. Este trabajo fue el resultado de un recorrido histórico de mujeres peronistas y feministas. “Con la Ley de Cupo se fue armando una pequeña masa crítica que se completó con la paridad. La Legislatura fue haciéndose cargo de lo que estaba en la sociedad”.
Sin embargo, destaca Marino, había varios frentes sobre la Educación Sexual Integral. “Decían que nosotras estábamos ideologizando la sexualidad y que estábamos vulnerando la patria potestad. Y además, teníamos a las iglesias y a colegios de religiosos movilizando a las jovencitas y a los jovencitos”.
Fueron dos años de debates encendidos hasta que finalmente se aprobó. “Buscábamos incorporar a través de la ESI una formación armónica, equilibrada, permanente, conocimientos pertinentes, confiables, actualizados, promover actitudes responsables”, sostiene Marino.
“Apuntábamos a la formación. Que vos puedas decidir, que lo hagas con tu mejor decisión moral y tu mejor decisión moral no es con la Iglesia, es con lo que vos pensás. Tener un ámbito donde hablar, pensar sobre todo esto, genera las mejores condiciones para que vos tomes tus decisiones. Y está comprobado. Hay gente que cree que las políticas públicas ‘contagian’ o ‘promueven’. Y está demostrado que ni contagian ni promueven comportamientos”.
Los debates llegaron a las familias quienes sostenían que son los progenitores los únicos autorizados a hablar con los niños de la sexualidad. «No importa si hay montones de familias que no saben nada de la sexualidad ni siquiera por experiencia personal. Nuestra propia experiencia. En algunas mujeres grandes había creencias erradas sobre las formas de no quedar embarazada. Y la mitad de la gente quedaba embarazada con esa idea. Mirá si vos vas a estar capacitado para hablar con las jóvenes.»
Una política necesaria
A pesar de la ofensiva que recibieron en aquel momento, Juliana Marino junto a otras compañeras que nombra y recuerda lograron llegar a texto final de la ley que convocaba a todos los sectores, desde el ministerio, pasando por la familia y los y las alumnas. «Se había incluido en la política pública del ministerio, también estaba incluida la convocatoria a los padres. O la posiblidad de capacitación con padrees, docentes, progenitores, niños. Y no hubo en la política pública, para nada un quiebre con la familia», agreda.
Las ventajas de la ESI están, dice a la luz. Algunos hechos lo confirman: “está dicho y escrito que cuando hay clases de ESI es cuando aparecen las denuncias de abuso, cuando aparece a veces una chiquita que está por ser captada por una red, aparece el grooming, todo eso indica que es una política necesaria”. El vaciamiento a la ley y el ataque por el gobierno actual es un tema a atender. “No se puede permitir que se retroceda ni que se derogue ninguna de esas leyes. Es cierto que se sostienen con políticas públicas, quizá hay que buscar el modo de que los gobiernos las implementen pero hay que cuidar que no se deroguen porque ahí el retroceso es completo”. «
Ana Mendia
4 October 2026 - 10:47
Excelente nota a Juliana Marino! Gracias!