La calurosa bienvenida de Polonia al amigo americano

Por: Ignacio Ezequiel Hutin

No es casualidad que Donald Trump haya elegido a Varsovia como primera visita a Europa.

No importa si la multitud no puede llegar hasta la Plaza Krasinski y su monumento, parece que a todos les alcanza con ver al presidente estadounidense a través de la pantalla, aplaudirlo, aunque no pueda escuchar y mostrarle, aunque Donald Trump esté a unos 300 metros y doblando una esquina. Antes del inicio del acto suena música country a través de los parlantes y un grupo de hombres y mujeres sostienen una pancarta frente al público: Lets Make Poland Great Again. No son los únicos que juegan con el famoso eslogan de campaña del magnate. A unos pocos pasos cuatro jóvenes, vestidos muy elegantemente pese al calor, exhiben frente a las cámaras la leyenda «Ayúdanos Donald a hacer a Polonia grande una vez más».

Frente a la pantalla y a lo largo de la calle Miodowa se acumulan unas 10 mil personas, casi todas enarbolan insignias con los colores blanco y rojo de Polonia, muchos otros suman el azul de Estados Unidos. Hay carteles, remeras, pins y gorras con la cara de Trump, como si fuera el rockstar de la jornada.

La música country se interrumpe y en la pantalla aparecen el presidente polaco Andrzej Duda, su homólogo estadounidense y las esposas de ambos. Melania Trump es la primera en hablar, cuenta que ha visitado un museo de ciencias en Varsovia y que fue muy interesante. El público aplaude a rabiar la irrelevante intervención. Entonces es el turno de su esposo que agradece a Duda y el público aplaude una vez más; luego agradece al Premio Nobel de la Paz y símbolo del fin del comunismo polaco Lech Walesa. Abucheos, chiflidos. El partido gobernante Ley y Justicia es sumamente nacionalista, conservador, racista y, entre otras cosas, se ha dedicado a atacar a Walesa acusándolo de haber sido un traidor, un agente soviético. Y el público lo cree, especialmente aquellos que son demasiado jóvenes como para recordar qué hizo Walesa en los ’80.

Durante los siguientes 45 minutos Trump les cuenta a los polacos la historia de Polonia a lo largo de los últimos dos siglos, remarcando la lucha contra los nazis y la resistencia contra la presión soviética. Dorota, psicóloga de 33 años, dice que se nota que el presidente ha hecho su tarea porque lo que dice tiene sentido. Pero en seguida es interrumpida por un griterío unánime que solo repite «queremos a Dios». Claro, Ley y Justicia es también tradición, familia y espíritu eclesiástico. En algún momento los clamores divinos son reemplazados por otros que recuerdan «la gloria de nuestros héroes», para finalmente cerrar con el mundano cántico «Donald Trump, Donald Trump» cuando el presidente habla de seguridad y terrorismo.

A pocos pasos de los aplausos, sobre la calle Schillera, un grupo de manifestantes canta ininterrumpidamente Trump, go home. «Bernie Sanders podría haber ganado», grita alguno. Sobre la calle Miolowa, Tomasz, de 40 y con una banderita en cada mano, celebra que haya libertad de expresión y que «a los que no les gusta Trump también puedan estar». Luego comenta algo sobre lo inteligente y fuerte que es el presidente estadounidense y sobre lo orgulloso que se siente por recibirlo en Varsovia. No le importa si todo el florido discurso no incluyó un anuncio sobre liberalización de visas: Polonia es uno de los escasos cinco países miembros de la Unión Europea cuyos ciudadanos necesitan visas para entrar a Estados Unidos.

Luego de hablar sobre historia, seguridad, energía, la OTAN, el importante papel de Polonia («es el corazón de Europa»), de reclamarle a Rusia por su intervención en Siria y de agradecer una vez más a Duda, Trump pide que Dios bendiga a Polonia y a Estados Unidos, y cierra el acto aplaudiéndose a sí mismo. Vuelve a sonar la música cuando ambos presidentes se dan la mano, luego el neoyorquino intenta saludar a la primera dama Agata Kornhauser, pero ella lo esquiva y saluda primero a Melania, dejando a Trump con la mano en el aire. Se escucha un breve pero notorio murmullo de incredulidad, alguna risa entre burlona e incómoda. Pronto eso también pasa y Trump, tan fuerte, tan inteligente, tan hábil, tan sabio y tan amigo de Polonia, escapa en un coche negro y chau, hasta luego. «

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