La debacle de la Metro: ¿fin de ciclo, desmanejos empresariales o un modelo de radio en crisis?

Por: Agustín Espada

Fue una de las FM con más rating y mejor facturación. La partida de Matías Martin, Andy Kusnetzoff y Sebastián Wainraich, sus tres máximas figuras, expresa mucho más que un cambio de aire.

El final de tres ciclos históricos en Metro 95.1 funciona como un resumen de buena parte de los problemas que afectan a la radiofonía argentina, en particular a la porteña. El alejamiento de Matías Martin, Andy Kusnetzoff y Sebastián Wainraich marca el fin de una relación entre emisora y conductores que parecían hechos a medida.

Basta de Todo, Perros de la Calle y Metro y Medio fueron tres programas que hicieron a la marca de FM Metro y se sostuvieron al aire por casi 20 años. En la actualidad de la radio porteña, son pocos los programas que cuentan con tanta estabilidad. Respondieron a un código cultural que representó valores y aspiraciones de buena parte de la juventud porteña (más palermitana) después de la crisis de 2001. Con verdaderos shows radiofónicos hablados y alternando música pop internacional con algunos hits de rock nacional, estos programas llevaron al máximo la expresión de la charla entre amigos donde el oyente se sumaba como uno más. Juegos, sorteos, anécdotas y mucha vida personal (de conductores y oyentes) al aire. Entretenimiento radiofónico.

El fin de ciclo, sin embargo, puede llegar a tiempo. A estos tres programas en particular les costó adaptarse al nuevo código cultural y no terminó de acompañar el envejecimiento de sus oyentes o conquistar a una audiencia renovada. En los últimos años, los números bajaron de manera sensible especialmente para Martin y Kusnetzoff. Metro pasó de discutir el segundo y tercer puesto entre las emisoras de FM más escuchadas a debatir el quinto o sexto. Puede que este reinicio permita barajar y dar de nuevo a conductores y emisora. Redefinir el público objetivo, renovar programas y generar nuevas marcas.

La pregunta central, pese a todo, queda en el aire: ¿por qué se van estos históricos programas de la Metro a una nueva emisora? Metro es propiedad de la familia Moneta desde 2010. Sólo años de desmanejos y malas administraciones pude llevar a una de las radios que más y mejor factura en Buenos Aires a deber cientos de millones de pesos. Entre esos acreedores están los históricos conductores. Los rumores de venta a Marcelo Figoli (dueño de Rock & Pop, Rivadavia, Splendid, Colonia, FM Uno) solo acrecentaron el malestar interno. Las deudas y la posible venta al empresario que decidió, en 2018, levantar toda la programación de Blue 100.7 –emisora hermana de Metro y también propiedad de los Moneta– sólo aceleraron procesos. Entre Martín Kweller (Kuarzo) y Andy Kusnetzoff –más algún financista– tomaron la decisión de armar una nueva radio y cobijar a los descontentos.

La paradoja de Metro es la de buena parte del mercado radiofónico porteño. Gestiones desinteresadas por el producto artístico, pésimas administraciones económicas, disparidad entre los ingresos al interior de los equipos de producción, intervención de la política en la compra-venta de licencias, carencias al momento de leer cambios en el código socio-cultural y endogamia entre mercado publicitario y gerentes. No es un problema de “la Metro” sino de la radiofonía en general. Así lo muestra la sucesiva erosión de su audiencia.

En el futuro aparecen numerosos interrogantes. Uno de ellos es la posibilidad de éxito que tienen los conductores en su nueva emisora. ¿Podrán adaptarse y renovar la propuesta en un proyecto “propio”? Lo mismo vale para Metro, ¿podrá imponer la “marca-emisora” con una nueva programación que rescate una propuesta artística? ¿O sucederá lo mismo que cuando se desarmó la Rock & Pop donde ninguna de las partes pudo recuperar el protagonismo de antaño? Otra pregunta surge en materia de estilos radiofónicos: ¿hay futuro para el entretenimiento radiofónico charlado? ¿O la radio quedará sujeta a la dicotomía música o noticias (con su diversas variantes editoriales?

El alejamiento de los conductores más reconocidos de Metro –también se va María O’Donnell, entre otros– es, entonces, un signo de época y no un final o un corte. Es una (otra) oportunidad que puede tener la radiofonía porteña para renovarse y reconquistar al tiempo que repensar qué necesitan, buscan y quieren las audiencias y cómo sorprenderlas o mostrarles algo diferente. O no. «

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