Una mirada a la “fiesta” anual de la Sociedad Rural Argentina, con los pies en el interior productivo y Arturo Jauretche en el horizonte.

Algo parecido pasa acá en Tandil con Faro Verde. El grupo que encabeza José María Larocca creció rápidamente hasta convertirse en uno de los principales actores agroinmobiliarios de la región, incorporando recientemente unas 24.000 hectáreas que pertenecían al Grupo Bermejo de Marcos Pereda Born, actual vicepresidente y candidato a presidir la Sociedad Rural Argentina. Además, desarrolla negocios inmobiliarios, hoteleros, turísticos y agropecuarios, mientras su fundación financia proyectos de salud, educación y acciones solidarias como donaciones al hospital público y un centro oncológico.
La ayuda existe y aunque merece ser reconocida, también vale preguntarse si una sociedad debe quedarse solamente con la sábana donada o con la foto de la inauguración, sin debatir cómo se construye el enorme poder económico que permite esas acciones. Esa pregunta no apunta contra la solidaridad; apunta a comprender el cuadro completo, entendiendo qué hay detrás de tanta bondad. ¿Buscan limpiar la imagen social? ¿Lavar culpas, si las hay?
Arturo Jauretche lo explicó en El medio pelo en la sociedad argentina. Hay sectores populares que terminan admirando a quienes concentran el poder porque aspiran, aunque sea simbólicamente, a pertenecer a ese universo. Palermo ofrece esa fantasía durante un día; una fundación empresaria puede producir un efecto parecido cuando logra que toda discusión sobre el poder quede tapada por el agradecimiento.
Siempre recuerdo que, durante mi infancia, en el pueblo donde crecí existía una expresión terrible, «el negro de atrás de la vía». Nadie la cuestionaba. Parecía natural. Mi papá era dueño de un campo y colaboraba con la cooperadora de la escuela. A mí me saludaban distinto, me trataban distinto. No era porque yo fuera mejor. Era porque representaba una familia con campo y prestigio. Mientras tanto, ese chico «de atrás de la vía» cargaba con un prejuicio que nunca había elegido.
Con los años entendí que Argentina muchas veces se cree un país sin racismo, pero convive con un clasismo oculto. Admiramos al poderoso, aunque nunca vayamos a ocupar su mesa. Defendemos intereses que no son los nuestros porque confundimos cercanía simbólica con pertenencia real.
Por eso Palermo sigue llenándose de visitantes y en Tandil muchos celebran cada donación de Faro Verde sin hacerse ninguna otra pregunta. No está mal agradecer un gesto solidario. Lo peligroso es cuando la gratitud reemplaza al pensamiento crítico. Porque las sábanas se gastan, las luces se queman y las exposiciones terminan. El poder, en cambio, llega para quedarse mucho tiempo más.
* Ingeniero agrónomo y productor agropecuario (zona Tandil).
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