
El alto nivel de abstracción del concepto de Antonio Gramsci requiere ser aterrizado para analizar procesos en la realidad histórico-concreta de países de menor desarrollo relativo en la periferia latinoamericana.
En Ecuador y Guatemala los medios no coercitivos de hegemonía tienen que estar acompañados del apoyo de las fuerzas coercitivas militares, policiales, y de las relaciones internacionales con los Estados Unidos, en el caso ecuatoriano, y con Estados Unidos y México, en el caso guatemalteco.
Las elecciones recientes del Ecuador han confirmado la victoria de Daniel Noboa, quien se declara ideológicamente centrista e intenta que no lo identifiquen como parte de la secta de Javier Milei y Nayib Bukele, auto asumidos como miembros de la extrema derecha internacional.
Noboa sorprendió con la altísima votación en la segunda vuelta en la que alcanzó más de un millón de votos de diferencia frente a la representante del correato. Los medios nacionales e internacionales, en un craso error de desconocimiento de la realidad ecuatoriana, consideran al correismo de izquierda progresista.
La autocracia, la corrupción, el clericalismo antilaico, la oposición al reconocimiento de las diversidades, para citar sólo algunos, no son rasgos de la izquierda progresista en ninguna parte del mundo. Y fueron varias de las características del ejercicio gubernamental de Rafael Correa como presidente. Y las dejó plasmadas en instituciones de control emanadas corporativamente y en una estructura jurídico constitucional que el avance del país exige reformar.
Correa, Luisa González y algunos voceros, han tratado de montar una obra digna del teatro del absurdo para venderle al pueblo ecuatoriano y a la opinión pública internacional la idea de un megafraude recurriendo a versiones dignas de un comic, como la existencia de una tinta milagrosa que pasaba los votos de González a Noboa.
Viviendo en una psicopática realidad paralela se niegan a aceptar que el pueblo ecuatoriano rechaza mayoritariamente al correismo por prepotente, corrupto, que prefiere la dolarización y no la emisión de los “ecuadólares” que le parecían chapucería barata de voceros de la conceptualmente incoherente campaña de González.
Los ecuatorianos presenciaron y escucharon un debate en el cual Noboa exhibía los modestos logros de su año de presidente provisional, ideas y proyectos de futuro ambiciosos, prudentes, viables y Gonzáles sólo respondía con una catarata de insultos y fallidos intentos de ocultar los actos de autoritarismo de su mentor y jefe.
Negar, como aún se pretende, la legitimidad del aplastante triunfo de Noboa es tan ridículo como sería que Noboa quisiera negar que su orden de invadir la embajada de México en Quito fue el intercambio de una necesidad política de gobierno por un acto fallido en la política internacional de un Estado.
Más allá de lo relatado, en Ecuador un sistema con hegemonía clara puede construirse en el cuatrienio de Noboa que oficialmente se inaugura el 24 de mayo del 2025.
En Guatemala, Bernardo Arévalo ganó una cuota importante del poder del Estado al conseguir la presidencia de la república. Se trata de un país donde el Pacto de Corruptos que nuclea a sectores políticos, empresariales, militares, del crimen organizado, ha ejercido su hegemonía, con algunas pocas temporales grietas, durante siete décadas. Es así desde el derrocamiento de Jacobo Árbenz y el aplastamiento de la Revolución de Octubre que iniciara en 1945 Juan José Arévalo, padre del actual presidente.
La debilidad que condiciona el escaso apoyo parlamentario, mediático, empresarial, permite que el presidente gobierne acorralado por un Ministerio Público, cuyos personeros principales son parte activa del Pacto de Corruptos, que dedican sus actividades primordiales a perseguir a autoridades del ejecutivo, a líderes comunitarios indígenas que apoyan al gobierno de Arévalo, amenazando diariamente la estabilidad democrática del país.
El duelo diario entre el presidente y la fiscal Consuelo Porras sintetiza la situación de la gobernabilidad democrática en el país de Miguel Ángel Asturias.
El gran escritor premio nobel de literatura, en su novela “El señor presidente”, relata como el poder ejercido desde las alcantarillas de la historia como hace hoy la fiscal pervierte al Estado, desprecia a la sociedad y genera violencia.
Mas el mismo genial Asturias en su libro de cuentos “Weekend en Guatemala” imagina al pueblo guatemalteco derrotando al Pacto de Corruptos y bailando victorioso su Torotumbo.
Con la alegoría de Asturias hecha realidad en Guatemala se podrá construir una nueva hegemonía, debilitando al Pacto de Corruptos, afianzando una alianza nacional para estabilizar las instituciones, profundizar las dimensiones sociales de la democracia, ensanchar la cooperación con México en la ejecución de ambiciosos proyectos concretos de mutuo beneficio binacional.
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